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miércoles, 14 de diciembre de 2011

El caso del yerno del rey... ¿la punta de chanchullos reales?


A todas horas dándonos con la matraca del yerno del monarca: Urdangarín, Urdangarín, Urdangarín... Empero, ¿a quién le importa este personaje? A nadie. Cuando alguien habla o escribe de este vasco se está refiriendo, sin duda, a la Casa Real, a la Monarquía.  Y cuando se habla o se escribe de su suegro, Juan Carlos I, las ideas están apuntando a la Casa Real, a la Monarquía. Porque, vamos a ver, ¿a quién le importa la persona como tal de Juan Carlos de Borbón educado por el odiado dictador F. Franco y puesto por él de rey? ¿A quién le importa ese Borbón que vino a España, traído por el dictador, con una mano adelante y otra atrás, es decir sin un duro, y ahora ha amasado una fortuna limpiamente u oscuramente? A nadie del pueblo le importa nada. Pero si están preocupados los poderes fácticos y los políticos que han construido este tinglado monárquico de las autonomías, donde ellos y la banca y las grandes empresas y la Iglesia Católica y el Ejército... hacen y deshacen a su antojo. Les quita el sueño... no porque Juan Carlos I sea, según un artículo reciente de Martinez Inglés,  'de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes', que puede que lo sea, si bien al común de los mortales nos ha llegado transformado, quizás por la propaganda interesada, en un cachondo, simpaticón, mujeriego, campechano, bebedor... y esas facetas, incluso, ante un sector del pueblo, lo hace popular.

-Es un macho. Todo un hombre. Con muchos cojones -dicen queriendo vivir opíparamente como el tal monarca.

No. Esto no les preocupa lo mas mínimo mientras la máquina del Estado funciones bien aceitada.

Ahora bien, en este momento de crisis, con tantos parados, pequeñas empresas y pequeños comercios cerrándose, que venga ahora un urdangarín cualquiera, yerno del Jefe del Estado, del Rey, y se le descubran presuntamente cobros de millones de euros, enriqueciéndose, así, sin dar palo al agua, por ser quien es, usando su pertenencia a esa Casa Real para sus negocios privados, no debe de verse, ante la gente, con buenos ojos. 

Gente que se hace preguntas: ¿cómo es que la Casa Real no se ha enterado de esos chanchullos? Parece increible. Porque esa real casa cuenta con instrumentos, con herramientas, con agentes mas que suficientes, para indagar en la vida y milagros de todos sus miembros. Entonces, ¿por qué lo ha consentido? ¿no es el Rey, Jefe del Estado, Jefe de los Ejércitos, responsable de la Casa Real? Y si lo sabía; ¿por qué no le paró los pies, o lo denunció? ¿Tiene esa Casa (con mayúscula) algo mayúsculo que esconder? Las preguntas se van sucediendo, las dudas se amontonan: ¿Por qué, si el Rey era pobre (suponemos que relativamente, claro, por un respeto a los pobres de verdad), se ha hecho tan rico? ¿De dónde le han venido las riquezas?...

Nadie se se hace rico trabajando honradamente! -sentencia el clamor popular.

Que el pensamiento del pueblo se les vaya de las manos, a esas fuerzas económicas, eclesiásticas o militares, cuando al fondo aparece una alternativa de luminosa esperanza llamada República, no pueden consentirlo. Y para mas inri les hace temblar porque la República, en España,  siempre ha sido cosa del pueblo. Ya lo dice, además, la etimología de la palabra: república: cosa del pueblo. 

Hay sin embargo, lo reconocemos, dentro del mismo pueblo ciertos personajes que preguntan ensuciando el porvenir republicano:

-¿Qué república? Porque hay repúblicas y repúblicas y monarquías y monarquías.

Es pregunta legítima. Aunque, aquí y ahora, es una manera de echarle una  mano a la monarquía, heredera del franquismo; de darle oxígeno a un estado monárquico que hace aguas por la parte que mejor parecía que tenía taponada las grietas: el Monarca, la Casa Real, el Juancarlismo. Ya conocemos esos argumentos en los que nos hablan de las monarquías escandinavas. Y sabemos quienes son esos bufones, esos desorientadores dentro del pueblo español, y de su curriculum, primero revolucionario y luego auspiciadores de vejestorias monarquías. No hace falta decir nombres. Y para esos razonamientos tenemos aquella frase del gran Bergamín (D. José):

-Hacerse el sueco (Monarquía, Suecia) es hacerse el sordo.

Y esos poderes fácticos (con unos cuantos políticos) se hicieron los suecos poniéndonos una monarquía, con un monarca educado por un dictador fascista, escamoteándole de paso al pueblo el referendun monarquía / república con otra consulta engañosa, un  rey que es, según la Constitución Monárquica, jefe de estado y jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire, ¡ahí na, y nos dicen que es solo pura fachada!; un rey, al principio, nada querido por proceder de donde venía pero que lavándole la cara durante años han querido popularizarlo transformándolo en un borrachín, simpaticón, campechano, bonachón... 

-Y ahora nos llega un gilipollas, un yerno demasiado ambicioso, vasco para mas señas -maldice uno.

-Puede que sea un separatista. De casta le viene al gallo siendo su padre del PNV -dice uno.

-Hasta un submarino de ETA -señala el de mas allá.

-Todo podría ser -añade un cuarto.

-Le diremos a Su Majestad que lo estudie -determinó el primero.

-Cualquier cosa antes de que se abra la veda; y jueces, prensa, radio y televisión indaguen en la Casa Real desestabilizando nuestra querida corona. 

Y es que se dan cuenta que de seguir así las cosas ya no se podrá sostener que los miembros de esa real casa sean intangibles, intocables ante la miseria reinante: el paro, los deshaucios, el desasosiego, las estrecheces... No es de recibo.

El pueblo, decíamos, se ha puesto a hacerse preguntas y no para: ¿No será el Caso Urdangarín la punta del iceberg?... ¿No se haría la Casa Real ignorante a sabiendas?... ¿Por qué tantos meses sin dercir nada?... ¿Por qué ahora aparta al yerno de los actos oficiales?... Y sobre todo, ¿por qué en estos momentos dicen en la Casa Real que quieren ser transparentes con sus cuentas?... ¿Por qué antes eran opacas?... Y si quieren ser claros como el agua, ¿por qué no hacen públicas sus cuentas desde el origen?... ¿Tienen algo que ocultar?... Preguntas y mas preguntas.

El Caso Urdangarín está haciendo tambalear, sin duda, el prestigio de esta Monarquía. Una Monarquía heredada del franquismo. Una Monarquía, como Estado, que permite a un partido, el PP, tener mayoría absoluta con solo el 30 % del electorado. Una Monarquía que ha aglutinado a franquistas y partidos de la oposición en su marco antipopular. Una Monarquía de la clase burguesa, donde utiliza las instituciones para enriquecerse y empobrecer al pueblo. Una Monarquía que despilfarra el dinero en aventuras militares por varios paíse del mundo con tal de tener contento al Ejército, mientras hunde a millones de trabajadores en el paro.

El que los trabajadores se hagan preguntas, despierten, y deriven su pensamiento hacia senderos difíciles de controlar les preocupa a los poderes fácticos. Eso les tiene en un sinvivir. Y es que el pueblo posee, es verdad, en el horizonte del amanecer a la República. Eso si les preocupa. Por eso, como un solo hombre, están apoyando al monarca pensando en la Monarquía. Los urdangarines y juancarlos les importan un bledo. 

¿Urdangarines y juancarlos? No les importan al pueblo. Ni a esos poderes. Se buscan otros. A rey muerto, rey puesto. Y solucionado. Lo malo, para ellos, es que, antes, el pueblo, tome conciencia de la inutilidad y perjuicio de la Monarquía y proclame la República. Como en el 1931. 

Y la República, en España, para desgracia de los ricachones, de siempre, históricamente hablando, es cosa del pueblo y no de unos pocos.

lunes, 27 de junio de 2011

Iswe Letu: Cara de cocodrilo


Lo llevó el Encargado de Obras del Ayuntamiento a esa calle donde está ahora y le dijo:

-Rellenas la zanja y luego colocas los cantos y piedras, de ese montón, encima de la tierra. Que encajen y queden como antes. 

Después de dar dar unos pasos, el encargado se volvió y advirtió:

-¡Ah! Y no te entretengas con esos emigrantes cara de cocodrilos. A muchos de ellos los he tenido que echar con cajas destempladas porque le estaban dando palique a tipos como tu que...

Y se marchó sonriente, ufano, altivo, un poco soberbio.

Y allí quedó Abel Leizarán, quien, tras de veinte años, ininterrumpidos, de trabajo de encargado en una empresa ladrillera, lo echaron y ha estado en paro pasándolas canutas mucho tiempo. Ahora ha vuelto a trabajar. El alcalde de su pueblo necesitaba votos para volver a ser elegido y lo ha colocado. Un contrato de 6 meses para el ayuntamiento. Pero, menos es nada.

Y ahí sigue. Lleva varios días. Ya ha rellenado la zanja. Ahora viene lo mas difícil: colocar el montón de pedruscos y guijarros.

Mira el montón y se pregunta por cual empezar porque... ¡quién coños sabe cómo estaban puestos antes!... 

-Es un lío -masculló- Lo mejor es empezar a ponerlos encima de la tierra. Luego... ya verá. 

Y fue lo que hizo durante un buen rato.

Se paró para contemplar su tarea. Y, la verdad, no quedó muy satisfecho. Los huecos entre piedras y guijarros eran numerosos. El trabajo hecho parecía un queso gruyere de tantos buracos como tenía la superficie de la zanja. Se desanimó. Miraba al queso y miraba al montón dando señas de impotencia. Su vista se enturbiaba. 

Por fin se decidió: cogió una piedra y la acercó a uno de los huecos; nada; no cuadraba. Cogió un  guijarro y lo mismo: tampoco encajó. Sudaba. Se puso nervioso. Se cabreó consigo mismo. Y ese nerviosismo y ese cabreo se incrementó porque hacía un rato que un hombre no hacía mas que mirarlo. Y sonreía. Como si se estuviera descojonando de él. Lo miró hecho una furia e iba a mandarlo a freir espárragos, cuando el individuo se acercó al montón y con uno ojo geométrico desde el montón lanzó 4 o 5 piedras y cantos hacia el queso gruyere de la superficie de la zanja  y se ajustaron al caer en los espacios vacíos como anillos a dedos o tornillos en sus tuercas. Se quedó asombrado. Y le sonrió. Mas para no sentirse tan inútil se acercó a los espacios recién cerrados los movió un poco y le dio dos o tres golpes con un martillo.

Siguió colocando encima de la tierra guijaros, cantos o piedras sin orden ni concierto. Pero el del ojo geométrico terminaba tapando los espacios vacíos a las mil maravillas. Y continuó demostrando su exactitud geométrica sin desmayar. Y el ex encargado ladrillero, primero lo dejó hacer como si no se enterara; luego simulaba enojarse por semejante intrusión en su labor.

Llegó la hora de desayunar y se sentó en la acera. Abrió el macuto y sacó la fiambrera, pan, tenedor y cuchillo. Miró al del ojo geométrico y le ofreció parte del desayuno porque, al fin y al cabo, se lo había ganado. El otro aceptó con la cabeza, se sentó también en la acera y comió con ganas. Tanto, que daba gusto verlo. Le ofreció vino, que no quiso. Pero, si agua.

-¿De dónde eres?

-Maruecos.

-¡Ah, Marruecos!... ¿No tienes trabajo?

-No trabajos para mi.

Al marroquí se le nubló la cara. Era de baja estatura, delgado, de cara alargada, un poco ovalada, moreno de tez y cara arrugada por muchos surcos. Los ojos se le movían inquietos en sus órbitas. No sabía el castellano apenas. Pero un poco por monosílabos y otro poco por muecas, visajes, gestos llegó a entender, el ex-encargado de la ladrillera venido a menos, algo de su vida y el por qué de su ojo tan geométricamente exacto. Al parece era un campesino recién casado y con una hija al que la sequía hundió sus planes de vida esperanzada. De modo que cogió su ato y se largó de su tierra, de sus montañas, de su mujer y de su hija con el ánimo de salvar ese bache y volver cuando hubiera ahorrado un poco de dinero en España. 

Y llegó en el momento peor: cuando la crisis lanzaba al paro a miles de albañiles y otros trabajadores relacionados con la construcción. Según le contó se arrimaba a obras por si le daban trabajo. La respuesta siempre era la misma:

-Ahora no necesitamos obreros.

O a lo bestia:

-¡Moros de mierda! Iros a vuestra casa.

-Son racistas. Temen que ocupéis su trabajo y los echéis.

-Racistas. Si. Racistas. Tu no eres racista.

-No, no. Yo no -y le pasó la mano por el hombro.

En cuanto a la exactitud de su mirada para captar la piedra adecuada a cada espacio vacío, que tanto le había asombrado, se debía, por lo que pudo colegir, a que desde pequeño había tenido que tapiar las tierras con su padre. Y en sus montañas había muchos cantos y piedras.

A veces se callaba mirando algún pardal que, brincando, se acercaba a comer algunas migas que se les caían del desayuno. O se ensimismaba en sus pensamientos.

El antiguo encargado de la industria ladrillera, a su vez, le contó cómo había sido encargado, un jefe en su empresa, que es como... imán, sultán, rey... muchos nombres utilizó a fin de hacerse entender por su interlocutor... y de que ese era un puesto de responsabilidad en su empresa, que se había quedado sin trabajo, que había estado en el paro y que tenía mujer y una hija.

-¿Tu encargado, tu jefe?

-Si, si.

Se levantó. Recogió su fresquera, su tenedor, su cuchillo, su pan. Y continuó con su tarea.

-¡Abel, hoy tienes un ayudante! Así cualquiera -le voceó un vecino.

-Ya ves. Se me arrimó y no hay quien lo despegue.

-Mucho ojo, Abelito. Al menor descuido ese moro te echa del curro. Y si no... al tiempo.

El día era soleado. El sol cada minuto que pasaba se hacía notar mas su presencia. Los vencejos chillaban en el cielo azul en vuelo aparentemente anárquico. Un grupo de marroquíes pasó por su lado saludando al ayudante espontáneo de Abel:

-Salam aleikun.

-Aleikun salam -contestó.

-¿No te vas con ellos? -preguntó Abel.

-No. Yo, solo.

-Pero son marroquíes... Arabes...

-Si. Si. Yo, bereber.

-¿Bereber? ¿Qué es eso?

El del ojo geométrico se quedó pensativo. Sin saber que decir. De pronto el rostro se le arrugó más y una sonrisa iluminó su rostro deformando los surcos de su cara:

-Yo vasco.

Con eso bastaba. Era suficiente. Se había entendido. Era de una parte de Marruecos que tenía su cultura, lengua y costumbres propias. Recordó Abel que hacía unos años, en Argelia, la policía había matado a un cantante bereber. Y él, cuyo apellido era de procedencia vasca y lo sabía, por mas que no hubiera pisado nunca Euskadi, contestó:

-O sea que eres vasco como yo -se echó a reir- ¿No serás borroka?

-¿Borroka, borroka?... No sé.

-Yo soy borroka.

-No entiendo.

También, él, ahora, se quedó reflexionando para hallar algo por lo cual se hiciera comprender. Y no se le ocurrió otro ejemplo comparativo que semejarse a un personaje histórico de Marruecos.

-Soy borroka, como Abd el-Krim... ¿comprendes?

-Se quien fue Abd el-Krim. El, muy alto. Yo, bajo. 

Aquí se acabo la charla y se pusieron a trabajar como dos compañeros de toda la vida. Hombro con hombro y codo con codo. Abelito seguía poniendo piedras y mas piedras, cantos y guijarros, guijarros y cantos. Donde caían allí quedaban. Continuando así, en la cubierta de la zanja, la labor de transformarla en gruyere térreo. Pero los agujeros duraban poco porque el bereber, con su ojo geométrico, con su geométrica exactitud de mirada, los cubría de inmediato. Muchas veces tirando las piedras o los cantos directamente desde el montón. 

Pero a Abel Leizarán no se le olvidaba lo que le había dicho el vecino. Y de cuando en cuando le decía que se fuera a dar una vuelta y que lo que quedaba ya lo hacía él. Pero el bereber no se separaba del tajo. Y para el borroka vasco era ya un poco pesado el bajito montañés. Le acababa de decir que se largara con viento fresco por cuarta vez.

-Mira. Ves ese bar de enfrente. Vete a tomar una cerveza. Dentro de un poco voy yo y la pago.

-Yo, te.

-Vale, pero márchate.

-No, yo contigo.

-¡Joder! ¡Vete, hostias! ¡Me tiene hasta los huevos, moro de mierda! -gritó.

Se había vuelto iracundo al ver acercase al Encargado de Obras del Ayuntamiento 

-¿Te está molestando este moranco?

-No.

-¿Cómo que no, si te he oído gritarle?

-Bueno, si.

-¿En qué quedamos? Mira, mira, Abelito: tu a lo tuyo. Déjate de moros de mierda que, a lo mejor... y me callo. Algunos, los que no son vagos, pocos, dicen, que son muy buenos trabajando.

-Este no. Es un patoso.

-O sea  que te ha ayudado.

-No, no.

-En fin... ¡Y acaba ya la zanja, ¡hostias!, que el patoso pareces tu. Y mas que este moro de mierda, de cara de cocodrilo... Al que he echado ya de varias obras. Pero, como quien oye llover. Tendrían que ahogarlo en el mar de donde vino!

El encargado, sonriendo, altivo, ensoberbecido, se alejó en dirección al bar de enfrente, donde pensaba tomarse una copa, que ya saboreaba en sus labios, con otros empleados del ayuntamiento que, a esa hora, tenían una media de descanso.

Pero el bereber, con su ojo geométrico, le cortó el camino en seco tirándole un canto a la cabeza que lo derribó en tierra todo lo largo que era.

El bereber le habló a Abel Leizarán que lo contemplaba alelado:

-Tu, no encargado; no jefe; no borroka. Tu, español mierda.

Le dio la espalda y se marchó corriendo.

-Un poco mierdica si que soy -se decía para él- La verdad.

martes, 5 de abril de 2011

Iswe Letu: Señuelo o engañifa


ofrecía una codorniz viva en un zapato de satén rosa con la sonrisa escapada deprisa del lazo de las dulces complacencias

ofrecía el canto ardiente de las llamas de su cuerpo como quien vende una sabrosa bebida en el mercado para saciar la sed

y de pronto a nuestros pies las primeras columnas de humo se anuncian como una clausura definitiva de las joyas de la infancia

bajo las tibias incubaciones de tormenta yacen silenciosas las manzanas dulces de la esperanza para los pájaros de la enramada

fuegos de ciudades avivados por ladridos de perros se ven desde lejos y se oyen a viudas gritonas frente a la tumba de los muertos

y digo y el gozo que estallaba en el nuevo sol no es más que un señuelo o una engañifa para que vaya solo con los hálitos de la noche

martes, 21 de diciembre de 2010

Ben Okri (1): El insaciable Monarca del Sendero (*)


Le rogué a mi padre que me contara un cuento. No respondió nada y por un instante creí que se había marchado. Mas luego suspiró y, moviéndose, la silla rechinó. En la calle un perro se puso a ladrar, un búho ululó y un pájaro gruñó como hiena. El viento levantó el vuelo haciendo que la ventana castañeteara un poco.

"Hubo una vez un gigante -inició papá su relato de pronto- al que llamaban el Monarca del Sendero. Las piernas del gigante eran más largas que el árbol más alto y su cabeza mayor que las rocas más grandes, aunque eso no le estorbaba para atisbar a un ser tan pequeño como una hormiga. Cuando bebía secaba un río. Si meaba, surgía un pozo infecto. Era uno de esos temibles monstruos del bosque, y existían muchos semejantes a él, que se peleaban por raros alimentos. Cuando el bosque se fue empequeñeciendo debido a la acción depredadora del hombre, y el monstruo no encontró suficientes animales con que apagar su hambre, salió del bosque a los senderos por donde caminan los hombres.
El Monarca del Sendero tenía un estómago grandísimo y nada de lo que tragaba lo dejaba satisfecho. Por lo que se encontraba siempre hambriento. Todos los que deseaban andar por los senderos se veían obligados a afrecerle sacrificios, de lo contrario les cortaba el paso. O se los comía. Era el Monarca del Sendero y tenía el poder de hallarse en cien lugares al mismo tiempo. Jamás dormía  por culpa del hambre que le torturaba. Cuando una persona se ponía en camino, de madrugada, ya se encontraba él en el sendero, esperando el sacrificio. El que se olvidaba de la existencia del monstruo tarde o temprano terminaba devorado.
Años y años la gente le afreció viandas de sacrificio y él consentía en que viajaran por el sendero. Las muchedumbres no decían esta boca es mía porque cuando salían a la luz del mundo el monstruo ya existía. Ignoraban si tenía mujer. Incluso nadie sabía si era varón o hembra. Eso si, no tenía hijos. La gente estaba segura de que llevaba vivo miles de años, que nadie lograría matarlo y que jamás desaparecería de la faz de la tierra. Hé aquí la razón por la cual los humanos le tenían un miedo atroz, y lo alimentaron durante miles y miles de años. Por su causa, también debido a otras razones, comenzó en la tierra un tiempo de mucha hambre. El agua fue disminuyendo. Los ríos se agostaron. Los manantiales se emponzoñaron. Los campos dejaron de dar cosechas. Los animales caminaban escuálidos. Muchas personas comezaron a morir por la hambruna. Y como lógica consecuencia las gentes dejaron de darle sacrificios. Entonces el Monarca del Sendero se puso furioso, destruyó las casas de la muchedumbre, consiguió que muchos fenecieran cuando viajaban por los senderos y se engulló tanto a los vivos como a los muertos por el hambre.
Llegó a tal extremo la opresión en todas las personas del mundo que no pudieron aguantarlo más viéndose empujados a unirse y se congregaron a fin de ver que se hacía con  el Monarca del Sendero. Hubo quien propuso la idea de matarlo. Si bien otros manifestaron que sería mejor acercarse a él con el fin razonar. Se votó y los que propusieron la idea de hablar y razonar con el monstruo ganaron. Para ello mandaron a unos voceros.
Sería al alba cuando esos portavoces se encaminaron a llevar a cabo su misión de diálogo. Portaban con ellos una gran ofrenda en bolsos y carros, con animales de la selva, maíz, ñame, mandioca, arroz, nueces de cola; en fin, suficiente comida como para alimentar a todo un poblado. Un gran obsequio. Caminaron durante mucho días. Esperaban que el Monarca del Sendero surgiera en el momento más insospechado, más no fue así. Esperaron aun muchos días más. En vano. El gigante no dio muestas de vida. Al ver que no se dejaba ver por el sendero donde caminaban llegaron a la conclusión de que, a lo mejor, tal vez, quizás, habría marchado de allí o hubiera muerto y alegres por tal pensamiento empezaron a celebrarlo; luego de la alegría retornaron a todo correr con la gran ofrernda. Mientras viajaban se fueron olvidando del gigante en el camino de vuelta al poblado; contaban historias, reían, cantaban, bailaban... Entonces se presentó ante ellos el Monarca del Sendero. Estaba delgadurrio, flaquísimo, apenas podía articular palabra. Se moría de hambre. Los paró y les interrogó acerca de si llevaban algo para él. Su voz salía muy débil y tenía mucha sed ya que durante muchos días no había bebido toda el agua que necesitaba. Los portavoces le enseñaron lo que llevaban. Se lo tragó todo de un bocado. Pidió más. El Monarca del Sendero lloró, se revolcó y se quejó: el sacrificio que le ofrecieron los voceros era tan pequeño, tan insignificante para él que solo había servido para incrementarle el hambre. Le digeron que no tenían más. Por lo que el Monarca del Sendero se zampó a toda la delegación.

Mi padre aquí se paró un poco en su relato.

-Dame un poco de agua -habló al fin mi papá-. Esta narración me ha dado sed.

Estábamos a oscuras. Corrí a traerle agua. Bebió, y suspiró  de gusto. Luego prosiguió su cuento.

"El resto de los habitantes de la tierra esperó en vano el retorno de los portavoces. Esperaron siete años. Luego enviaron otra delegación y los voceros fueron comidos como como la primera vez.Y ya decidieron matar al Monarca del Sendero."

Mi padre volvió a pararse y prendió un cigarrillo.

"Todos los jefes, principes, reyes y reinas del mundo mundial enviaron recado a sus gentes rogándoles que reunieran todo el veneno que tuviera. Amontonaron todas las ponzoñas y las transportaron al lugar de reunión. Por el camino parte del veneno se cayó y por eso hay plantas que matan y por eso en el bosque hay sitios donde no crece planta alguna.
Como te he dicho, juntaron todas las ponzoñas de todos los lugares del mundo y con semejantes tóxicos compusieron un plato enorme. En dicho plato había muchos pescados, carne asada, ñame y mandioca. Los cocineros se aseguraron de que el plato fuese exquisito. Era tan abundante la comida que necesitaron numerosas personas para transportarla. Anduvieron durante muchas jornadas hasta que el Monarca del Sendero, muy debilitado por el hambre, se encontró con ellos. Indagó acerca de la ofrenda que llevaban, protestó del jolgorio de las dos primeras portavocías que le creyeron desaparecido o muerto y les dio pelos y señales de lo que había hecho con ellas. El mandamás de la nueva delegación le enseñó el apetitoso manjar que le traían declarando que deseaban que tuviera una larga y feliz vida. El Monarca del Sendero se encontraba tan furioso con los gentes de la tierra por hacerle pasar tanta hambre que en primer lugar se engulló a la mitad de la elegación y luego de acomodarse tranquilamente se zampó el enorme plato.
Se lo engulló todo y luego comenzaron a inflamársele los ojos ya que le produjo más hambre de la que tenía antes. Cuanto más tragaba más apetito le brotaba. Asi que se zampó a los que quedaban aun vivos de la portavocía. Uno solo se libró de la voraz gazuza del monstruo. Ese fue el tatarabuelo de mi padre, que tenía la facultad de volverse invisible. Y el fue quien regresó para contarle al mundo lo que ocurrió cuando el Monarca del Sendero se comió a toda la delegación de la tierra.
Bueno, después de aquella comilona, tan poco satisfactoria para los humanos, el Monarca del Sendero se echó a descansar. Y ocurrió que el estómago empezó a dolerle de repente y le vinieron una ganas irreprimibles de comer. Tanta hambre le entró que fue engullendo todo lo que se le ofrecía a la vista:árboles, matas, piedras, arena... hasta intentó comerse a la tierra. Pero acaeció una cosa rarísima: empezó a zamparse a él mismo. Zampó piernas, manos, hombros, espalda, cuello y hasta la cabeza. Se comió a sí mismo hasta quedarse solo con el estómago. Por la noche llovió furiosamente y la lluvia derritió el estómago del Monarca del Sendero. El tatarabuelo de mi padre dijo que llovió durante siete días y cuando paró la caudalosa llluvia el estómago había desaparecido, pero con todo y con eso se oía gruñir al Monarca del Sendero en el subsuelo al transformarse en parte de todos los senderos del mundo. Y aun sigue teniendo hambre y siempre la tendrá. Por eso muere mucha gente por los caminos, senderos, carreteras, vericuetos, veredas y atajos de la tierra. Y como sabes, en la actualidad, hoy mismo, numerosas personas ponen una pequeña cantidad de comida en el sendero antes de comenzar a caminar, para que el Monarca del Sendero se tragué la ofrenda y los deje andar sanos y felices. Aunque algunos de nuestros sabios declaran que hay otras razones. Unos hablan de que lo hacen porque el gigante aun está allí y puede izarse en el momento mas insospechado y comenzar de nuevo en zamparse seres humanos. Los hay que dicen qure es una manera de plegaria para que entes como el monstruo jamás retornen a acobardarnos. De modo que aprende la lección como niño y ten mucho cuidado por los sitios donde andas.

Cuando acabó su narración, mi padre se quedó mudo un tiempo muy largo. Yo me quedé quieto. Mas tarde mi papá se levantó y se metió en la cama. Sin embargo yo no concilié el sueño. Seguí viendo colores muy brillantes, señales del Monarca del Sendero, de cuerpo presente, voraz siempre, en el subsuelo de los senderos, de los caminos o veredas pateados desde allende los tiempos por los seres humanos.
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(*) Título nuestro; relato versionado por Iswe Letu
(1) Cuento tomado de la novela de Ben Okri 'The Famished Road' (2)
(2) De título variado en español como 'El Camino Hambriento' o 'La Carretera Hambrienta'; ha sido editada por la editorial Espasa Calpe en año de 1994 traducida por José Luis López Muñoz con el título de 'La carretera hambrienta'; o por la editorial Belacqva en el 2008 con el título 'El camino hambriento'.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Mas de un hijoputa

Declara un dirigente del Polisario: ‘El pueblo saharaui pide que volvamos a las armas. ¡Toma y el rey y el gobierno marroquí… lo están deseando!
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La permanencia del monumento erigido en el  llamado ‘Valle de los Caídos’ es un símbolo de la tan cacareada ‘transición a la democracia’. ¿Por qué? Bueno, porque así los vencedores fascistas, que tutelaron esa ‘transición’, indican a los vencidos, riéndose, quienes son los que mandan en esa ‘democracia’… de momento.
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El pueblo saharaui lleva camino de la desaparición como el pueblo palestino, ante la mirada indiferente de los poderosos gobernantes del mundo. Si nadie lo remedia los saharauis y los palestinos engrosarán la larga lista de la infamia; infamia que han recogido las películas yanquis mostrándonos las matanzas de los pueblos indios, dueños del solar donde hoy se asienta el imperio usa, como algo natural. Ya Hobbes, que era inglés, lo dijo: el hombre es lobo del hombre. Pues bien, sus descendientes lo llevaron al séptimo arte. ¿Qué arte? El robo, el saqueo.
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¿Cómo en Irak  y en Afganistán? No del todo. Está por ver si con estos son capaces, aunque tengan toda la OTAN con ellos. Creo que no.
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Dice la nieta de Emiliano Zapata: ‘los ideales de mi abuelo siguen vigentes hoy en México’. Y tanto. Hasta algunos han escogido el camino de la lucha armada para conseguirlos.
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Y un ministro del llamado gobierno ‘socialista’ ha dicho que la ‘reforma de las pensiones no se aprobará por decreto’. O sea: la respaldarán más de un hijoputa. Me quedo más tranquilo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿El corazón rojo de los picoletos?

Dicen que dijo que él sabía que ellos tenían el corazón rojo. Y las crónicas agregaron que, los allí convocados para que se hicieran realidad sus demandas laborales, lo escucharon asombrados sin querer creer lo que oían.
Lo que no dicen los cronistas porque, obviamente, no lo conocían, ni era previsible que ninguno de ellos lo conociera es que, por ejemplo, al hijo de Emerenciano, un comunista zamorano, que quizás se encontrara entre los reunidos en aquella plaza, ya que se había hecho de aquel cuerpo, se le hiciera un nudo en la garganta de emoción pensando en su padre.
Padre que había pasado de las suyas desde que los falangistas fueron a buscarlo de madrugada para matarlo. Acompañados por la pareja de la Guardia Civil. Cosa que no consiguieron ya que, presintiendo el peligro, había huido campo a través escondiéndose entre las cepas de las viñas, durmiendo al raso y comiendo uvas y raíces, sorteando pueblos donde estuviera la temida Guardia Civil de la que se contaban atrocidades cometidas por esa milicia, hasta que llegara a Zamora y por intermediación de un conocido se apuntó a las milicias de la CEDA. Siglas que correspondían a un partido de derechas denominado Confederación Española de Derechas Autónomas dirigido por Gil Robles. Muy alejado de sus principios ideológicos marxistas y leninistas, pero algo tuvo que hacer para salvar el pellejo.
Puede que alguno más que el hijo de Emerenciano sintiera rodar mejilla abajo sus lágrimas. Es posible.
El mundo había cambiado algo. España también. Y aquellos reunidos habían visto entrar en sus filas todo tipo de gente. Si bien como colectivo tenía su historia; la sabía; tenía sus señas de identidad que se trasmitían de padres a hijos. Y casos como el hijo de Emerenciano y otros eran una excepción que confirmaba la regla. Siempre que esas excepciones fueran fieles a sus orígenes. Que no es del todo seguro que una gota no se diluya en el océano y pierda su colorido.
Los congregados en el aquel sitio, en defensa de sus reivindicaciones, se asombraron, repetimos, de aquella frase dicha por el orador:
-Sé que tenéis el corazón rojo.
Pero los lectores de la noticia, ajenos a las demandas laborales de los congregados en aquella plaza, y conocedores de la historia, fama y hechos de ese colectivo, como los conocían, se quedaron estupefactos. Máxime cuando en el roce diario con ellos llegaron a la conclusión, y la repetían continuamente en las conversaciones:
-El  que tiene un amigo de esos, sabedlo bien, es como el que tiene un euro falso.
Una conclusión no demasiado dura. Pero resumía bien a las claras el sentir general con ese colectivo fundado para salvaguardar la riqueza de los ricos, las tierras de los terratenientes, el orden...
De modo que, en general, no se entendió aquello de:
-Sé que tenéis el corazón rojo.
Y no solo porque conocían su historia, su vida y milagros hecha de represiones, incluido el asesinato o la tortura, contra los luchadores obreros. No. Eso era del dominio común. Hasta el cine había reflejado muy bien su proceder: Pilar Miró lo hizo resaltar en su película ‘El crimen de Cuenca’. No, no solo por eso. Sino porque desde el punto de vista político, electoral en este caso, pocos votos iba a recoger con sus palabras. La mayoría estaba cautiva, y con mucho gusto, del partido de derechas de siempre. Y los pocos que quedaran, que algunos quedaban, los recogería el otro partido mayoritario que se proclama de izquierdas y que, dicho sea en honor a la verdad, hizo, antaño, esfuerzos denodados para popularizar el tal cuerpo. Atreviéndose un ministro, de apellido Barrionuevo, a dar vivas a ese cuerpo. Nunca, en la vida, se había atrevido ningún dirigente de izquierdas a esos extremos.
No, no tenía sentido esa expresión en boca de él. Jefe de la autollamada Izquierda Unida.
-¡Ay, Cayo Lara! ¿Chocheas?... Pero si eres joven… Cómo se te ocurre decir que la Guardia Civil tiene el corazón rojo. ¿En qué te basas?
Y además has dejado de mentiroso a Federico García Lorca enmendándole la plana. Eso… eso no te lo van a perdonar ni los poetas, ni los revolucionarios, ni los huelguistas, ni los mineros…
Porque todos ellos saben que los guardias civiles, como cuerpo represivo, ‘Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras’, que ‘Jorobados y nocturnos, por donde animan ordenan silencios de goma oscura y miedos de fina arena’, según se expresara García Lorca en su ‘Romance de la Guardia Civil’. Y decía de ellos que hasta ‘Los caballos negros son y las herraduras son negras’.

Puede que entre ellos algún corazón rojo haya. Mas por un garbanzo, dice el refrán, no deja de cocer la olla de la represión contra la clase obrera y el pueblo. Y si no que se lo pregunten a los trabajadores en lucha: a los mineros estos días, por ejemplo.

¡Ay, Cayo Lara! Líder de Izquierda Unida. Dicen que dijiste eso de que sabías que la Guardia Civil tenía el corazón rojo. ¡No nos extraña que la izquierda esté cada vez más desacreditada!

jueves, 27 de mayo de 2010

Omar Khayyam: La Primavera Viene y se Va (*)

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La alegre primavera vino. Y con su marcha, se marchitó algo nuestra vida.

Pero, ¿por qué tenemos que entristecernos? ¡Bebe vino, amigo, camarada!

Un sabio proclamó: las tristezas son veneno; y el mejor antídoto es el vino.

Hasta para sortear las situaciones más peligrosas en que nos envolvamos

cuando, por una vida y por una sociedad más justa e igualitaria, luchemos.

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(*) Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam

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lunes, 24 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Alba de todos los tiempos (*)

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Quien tenga en este mundo un cacho de pan
y la humildad de una cabaña para cobijarse; 
quien no necesite ser esclavo ni esclavizar: 
quien sea humano entre la turba de infelices, 
oprimidos y explotadores, ese vivirá dichoso.


Su vida será cual alba de todos los instantes.
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(*) Versión Libre


viernes, 21 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Secretos de lo Eterno (*)

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Ignoras los secretos de lo Eterno: Yo un servidor de ustedes los desconozco.


Es imposible, para ti, comprender ese terrible acertijo: también lo es para mí.


Sin embargo, gente entendida avala y demuestra que en ese reino simulado,


por detrás del enigmático subterfugio que todo nos oculta, corren rumores


comprometedores sobre ti, y sobre mí... ¡No importa! Cuando sea levantada


esa secretísima cortina, no estaremos aquí para contemplarlo, ni tú, ni yo...

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(*) Versión libre. Título inventado

miércoles, 5 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Escuchando a las Flores (*)

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Me dicen: -¡Deja de beber Khayyam! Y yo respondo:


-Cuando bebo escucho a las rosas, tulipanes y jazmines.


También oigo lo que no me puede decir mi bienamada.

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(*) Título nuestro
(1) Versión Libérrima

viernes, 5 de marzo de 2010

Stalin vuelve a Moscú

El proyecto de la alcaldía de Moscú de instalar carteles a la gloria de Joseph Stalin con motivo del 65º aniversario de la victoria sobre los nazis, ha reavivado en Rusia la polémica sobre el dirigente soviético. Dirigente que siempre ha estado presente en el alma del pueblo ruso a pesar de haber renegado de él los miembros dirigentes del Partido Comunista desde que Kruchev dirigió el XX Congreso del partido bolchevique que lo defenestró vilmente.

Diez carteles con el retrato de Stalin serán instalados “a petición de ex combatientes” en los lugares donde éstos se reúnen el 9 de mayo, entre ellos ante el teatro Bolshoi, en pleno centro de Moscú, precisó el jueves Vladimir Makarov, presidente del comité para la publicidad de la alcaldía de la capital.

El líder del Partido Comunista de Rusia, Guennadi Ziugánov, saludó la iniciativa de engalanar las calles de Moscú con el retrato del dirigente soviético Iósif Stalin e información sobre su papel en la II Guerra Mundial. Unas opiniones oportunistas de un dirigente que ve como las masas se apartan de ese partido que antaño hechó toneladas de mentiras sobre Stalin, el hombre de acero, y que, ahora, cuando las nuevas generaciones reivindican su memoria elevando a Stalin al pedestal de la gloria, quiere congraciarse con esas masas de rusos. No seremos nosotros quienes le neguemos a ese partido ruso el pan y la sal pero nos tememos que no habrá muchos quienes crean en la sinceridad de esas palabras cuando ellos fueron los que lo 'abajaron' hasta los infiernos del desprestigio.

“Si las autoridades moscovitas toman esta decisión, no sólo será indiscutiblemente acertada, sino también valiente”, dijo ese dirigente sobre esta propuesta con motivo del 65 aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi, que se celebra el próximo 9 de mayo.

Ziugánov agregó que de prosperar la iniciativa, por primera vez en los últimos 20 años las autoridades “dejarán de lado la hipocresía de felicitar a los rusos por la fiesta de la victoria olvidando nombrar al que fue el máximo dirigente de la URSS, bajo cuyo mando se logró ese triunfo”.

“Hay que ser honesto hasta el final y reconocer, informando de ello sobre todo a las generaciones más jóvenes, que esa gran victoria habría sido impensable sin Stalin (…) y la unidad del pueblo soviético”, subrayó la citada persona en declaraciones a la agencia Interfax.

Calificó de “absoluto disparate” las afirmaciones de que precisamente Stalin fue culpable de que las pérdidas humanas de la Unión Soviética superaran con creces las bajas de la Alemania nazi.

“Las afirmaciones de que sacrificamos en la guerra la vida de 27 millones de ciudadanos soviéticos, mientras que en el caso alemán fueron menos, es un absoluto disparate”, señaló.

Agregó que “las bajas en los ejércitos alemán y soviético fueron equiparables en cuanto a su dimensión”.

“Muchos millones de los nuestros, civiles, fueron aniquilados precisamente por los fascistas”, subrayó.

Señaló que todas las actividades de los militantes de su partido con motivo del 65 aniversario de la victoria reflejarán el papel del líder soviético e indicó que está preparando un ensayo que lleva por título “La época de Stalin en cifras: hechos y conclusiones”. Por su parte, el jefe de la Duma o Cámara de Diputados de Rusia y líder del partido oficialista Rusia Unida, Borís Grizlov, se expresó en contra de la iniciativa del comité publicitario de la capital de instalar vallas informativas sobre Stalin. “Podemos decir, por los resultados de la Gran Guerra Patria (como denominan los rusos al período de la II Guerra Mundial entre 1941 y 1945), que el ganador no fue Stalin, sino el pueblo”, afirmó.

Según Grizlov, en este sentido habría que hablar del papel de todo el pueblo, de los veteranos, que forjaron la victoria.

“No es posible enmendar el ambiguo papel de Stalin en la vida de nuestro país”, subrayó.
 
La polémica está servida para el bien de la verdad, de la historia y de los revolucionarios del mundo que en estos momentos necesitan un partido así de disciplinado, con disciplina bolchevique, pero libre de rebabas sectarias.

martes, 28 de abril de 2009

Iswe Letu: Un viaje de ida y vuelta a Las Navas

Luego que la conociera en la presentación de un libro y tomaran unos vinos por tascas de Madrid, se interesó por Las Navas del Marqués. Por eso se llegó hasta la villa serrana. En fiestas.
Reconoce que lo suyo no son las llamadas fiestas 'populares'. Destaca lo de 'popular' porque no es el pueblo quien las organiza sino conspicuos caciques locales.
La asistencias a estos sucesos lo hacía casi siempre obligado. Y al poco de llegar al lugar que fuese ya estaba apartado del jolgorio, del bullicio, perdiéndose por calles o callejas que nadie, o pocos, hollaban en tales momentos. Y siempre acompañado de sus ensoñaciones. A Las Navas del Marqués llegó voluntariamente sin que nadie le empujara.
-Bueno, se dijo para si, siempre hay algo que te incita; en este caso la moza y el conocido romance tradicional castellano que se conservaba en la localidad, Gerineldo; que allí llaman 'baile de tres'; un poco verde en su tiempo: '¡Gerineldo, Gerineldo! / ¡Gerineldito pulido! /Quién te tuviera esta noche / unas horas a mi albedrío'. Si. Quien te tuviera unas horas a mi albedrío. Pues eso... Aun tiene su verdor.

El romance navero parece que lo descubrió, según le dijo la chica, Menéndez Pidal. Le recitó algunos versos. Y los declamaba con ardor. Quizás empujada por el romance. O eso es lo que él creyó. Unos días después leyó el programa de festejos que, por lo que se ve, le había dado ella... Pero no recordaba el momento... Sabe, es cierto, que llegó un poco mareado a casa... Subrayó lo interesante o curioso según su punto de vista:
1er. día: concierto de la banda municipal 'que dirige el competente maestro Saulo Sánchez'. 2ª día: 'Repique de campanas, disparo de bombas y alegre diana; tradicional Asamblea de la Archicofradía presidida por el Presidente Perpetuo, el excelentísimo S. D. Manuel Delgado Barreto'. 3er. día: Concurso de belleza y fealdad con premio a la chica más guapa y al chico más feo. 8º. día: Carrera de burros y 'baile de tres'. 9º. día: Comedia titulada '¡Pase usted la jaca, amigo!' y un entremés de D. José Jackson Veyán. 'El producto de la fiesta se destinará a los pobres de la villa'.
-Por cierto -se preguntó al leer lo de Delgado Barreto- que hace por Las Navas este destacado fascista, provocador y gracioso de pacotilla. Recuerdo que el otro día venía en su periódico un artículo referido al poeta Lorca con el título 'Federico García Loca' ¡Qué cabrón! ¡Vaya personajes que andan por ahí!
Estuvo dudando en si ir o no ir. Al final cogió el tren. Llegó el 4º día. A las 5 de la tarde, como en el poema de García Lorca. Y a esa hora había algo en plaza de toros: un émulo de Kronne 'presentará su colosal Circo en el cual figurarán las más terribles fieras y los más acreditados' tontos, pollospera y...'

-Conmigo que no cuenten.
Se hospedó en la fonda La Florida de la Calle Real. Paseó por la rua principal llena de chiringuitos y abarrotada de gente. Sobresalían por su corpulencia y elevada estatura los emigrantes rumanos. Rubios y de mofletes sonrosados. Al poco se desvió del bullicio general y se vio paseando por calles o callejas solitarias. Recuerda que, en una pared pintada de azul, ponía 'Mezquita de la Paz'. De su puerta salían, supuso, devotos musulmanes: tez bronceada, pelo y bigotes negros y algunas barbas floridas. Siguió adelante deteniéndose un poco en un espacio que consideró recoleto, agradable, solitario como él. Plaza del Velón ponía. Y estaba rodeada de dos casa abiertas, dos cerradas y un muro casi cubierto de enredaderas, tras del cual trepaban hasta el cielo algunos árboles.
Se acostó temprano y tuvo un sueño del que sacó la conclusión, nada original por cierto, de que en la información que nos dan muchas veces esconden la verdad con inconfesables intenciones. Sueño que, al día siguiente, estando en la esquina de la avenida principal con la de Antonio Peña Segovia, le venía a la memoria de cuando en cuando, mientras miraba el ajetreo de las gentes. Iban llegando carretas y mas carretas engalanadas y burros enjaezados; quienes, más tarde, según el programa, emprenderían camino del Valladar que debía ser un lugar del término municipal. Allí habrá comida, según el folleto. Comida, si, pero 'el que la lleve o la haga y ya se sabe que el que la hace la paga'. No se queda esa cabalgata con el solo condumio, no. Anuncian 'bailes, gallinita ciega, cuatro esquinas, partidas de mus, pesca de merluza y demás entretenimientos campestres'.
Este espectáculo le aburría. Lo que buscaba no aparecía. Y para ir el romance, para el 'baile de tres', faltaban dos días que le iban a resultar eternos. Se estaba arrepintiendo de haber ido. Junto a él se arrimó a la pared un numeroso grupo de marroquíes, o argelinos o... vete tu a saber: en resumen: moros o árabes. Al que se juntaron otros tantos coterráneos saludándose con la mano uno tras otro. Un buen rato. Siempre le había chocado esos gestos tan ceremoniosos o protocolarios. Quizás fueran propios de su cultura o de la alegría de verse con otros miembros de su patria en tierra extraña. La cabalgata inició su marcha y él se dirigió a una calle paralela a la principal. Juan Fernández Yagüe se rotulaba. Parece ser que fue un cura este señor. Entre fascistas y curas está lleno el pueblo.
El día estaba fresco y pasó a la acera de la derecha que daba a la solana.
-Me calentaré sin quemarme.
Lo decía por el sueño, que ahora volvía a sus mientes. Era un sueño que, como siempre le pasaba, el principio se le hundía en una nebulosa de inconcreciones, de detalles poco precisos, algo cierto que se le escapaba y al mismo tiempo creía saberlo. Palpaba el suelo porque había peligro de que se le calentara en exceso. Y muriera achicharrado alguien. En concreto su madre. Y no solo su madre. Su madre quien, por cierto, estaba en un lecho o en una cama. Continuamente acudía a tomar la temperaura. Comprobaba, inquieto que, efectivamente, quemaba. Sabían que cocía la tierra. Se levantaba en burbujas. Hasta que una vez, comiendo o cenando, la televisión revela el misterio: estaban en zona propicia a movimientos sísmicos. Se dijo que, al excabar, habían descubierto la lava a flor del aire y se habían dedicado a taparla con un bloque de hormigon. Y así la habían dejado. Es decir estaban encima de un infierno y serían condenados. Si nadie lo remediaba. Aunque los sueños parecen siempre, o casi siempre, ilógicos, los suyos no tenían un desarrollo completo de trama. Solo jirones. Lo que le dejaba confuso.
El aire movía las ramas de los árboles produciendo un sonido de caducidad. El verano se terminaba. Miró al fondo de la acera. Nadie. Hasta él llegaba, eso si, el rumor sordo del gentío pero como acolchado. Por lo que estaba a gusto. Y el sol bañando su cuerpo de calor ayudaba a este estado de bienestar.
-Por una de estas casas, pensó, vive la madre de Concha Barbero de Dompablo. No todo son curas y fachas.
Una escritora que conocía y había escrito un libro, 'Palabras para el bienestar'. De una linealidad, sencillez y claridad admirables. A lo largo de la acera había bastantes poyos. Se sentó en uno que tenía forma de sofá, con respaldo inclinado y todo. Solo faltaban los brazos. Miró a izquierda y derecha. Nadie. Por la acera de enfrente, por la umbría, caminaba un hombre, andar cansino, rostro triste, cabeza calva, bronceado. Recordó haberlo visto salir de la mezquita. Lo siguió con la vista. Se fijo en la cruz gamada pintada en la pared. Sus brazos parecían uñas. Aunque él nunca supo en que dirección tenían que tener los brazos de la cruz, si se dio cuenta que parecían unos brazos crispados. A continuación se leía una pintada: 'En esta calle las piedras son más duras que el alcalde'.
El hombre se alejó. Y el sentado caminante cruzó los brazos. Se apoyó en la pared. Cerró los ojos. Así debía ser la vida: ajena a conflictos. Un mundo donde el sol calentara los cuerpos llenándolos de bienestar. Un estado de placentera bonanza. Para recitar a Porfirio Barba Jacob: Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos, /niñez en el crepúsculo, laguna de zafiro /que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, / y hasta las propias penas nos hacen sonreír...' Puro espíritu. Sin nazis, ni racistas, ni caciques. Bogando con barcaza por un mar en calma chicha. Se dejó llevar por olas de mansedumbre, hasta que unos gritos le sobresaltaron logrando que sus ojos se abrieran a la cruda realidad de un mundo sin firmamentos angelicales.
Los gritos siguieron, aunque menos fuertes. Luego el silencio, la paz, volvió a la calle Juan Fernández Yagüe. El cura siguió su sueño eterno sin más molestias. El eco de la cabalgata emigró. Se levantó del poyo siguiendo su andadura acera adelante. ¡Aun dos días hasta contemplar el 'baile de tres'! Y sin un conocido con el charlar. No había calculado bien el viaje. El pueblo era pequeño, pero no tanto como para encontrar fácilmente aquello que buscaba. Aparte de que, si tuviera que describirla, tampoco sabía. Por no acordarse... no se acordaba ni que le había dejado el programa de fiestas. Ni su nombre. Se sentó en otro poyo. Este, si, tenía brazos. Uno solo. En la parte derecha. Un poyo cuyo brazo hacía esquina con una calleja. Calleja que atravesaba la calle y continuaba hasta la avenida principal. Ya apenas pasaba nadie. Estarían todos camino del llamado Valladar. Y él aquí solo. Bueno solo no, más adelante estaba una mujer sentada en otro poyo con una maleta al lado. Sola como él.
-Esperará a alguien -pensó.
En este tramo de la calle había varios poyos, separados por escaleras de entrada a las casas. Y dos de estas escaleras estaban artisticamente adornadas y pintadas de un marrón claro tirando a naranja. Un sencillo apéndice arquitectónico, este de los poyos, cuyo fin era el descanso a la atardecida, incluso a la noche, en los veranos, en charla amigable con el vecindario. Eran terrazas para la gente del pueblo. Unos sillones pétreos pero que, con una almohada, dejan su dureza. Poyos donde se fraguaron amores. Poyos donde se tramaron traiciones. Poyos donde se criticó o se ensalzó la labor de gobernantes nacionales o municipales. Poyos donde se recitaron poesías o se contaron chismes o chistes. Donde se derramaron lágrimas. O se prorrumpieron carcajadas. En fin, terrazas donde se esperó a la muerte.
Habían pasado varios vehículos y la mujer seguía sentada. Con su maleta al lado. No debía ser del lugar porque sino estaría en marcha camino de la romería. ¿Qué haría allí? Parecía un poco triste. ¿Triste? ¿Desde donde él estaba había captado su estado anímico? ¿Que datos tenía para hacerle sacar esa conclusión? Ninguno. No eran muchos metros, pero, aun así, no podía ver su rostro con claridad. Fantasmas de su imaginación. Siempre con sus ensoñaciones. El silencio ahora era casi total. Excepto el rumor de las hojas de los árboles, nada enturbiaba ese silencio. De las casas, todas con las ventanas cerradas, no salía voz alguna. El pueblo se había vaciado en romería.
Miró hacia la mujer. Seguía impertérrita. Mirando al frente. A la calzada. Y con la maleta al lado. De pronto, él se dió cuenta de algo golpeándose en la frente:
-¡Claro! La han echado de casa. Los gritos decían: '¡Que te vayas de una puta vez, coño! Claro...
¿Y a él qué le importaba? Nada. Absolutamente nada. Aunque... nada nada... esa indiferencia no era, precisamente, la base por la que se guiaba. Ni siquiera era una característica de la cultura que había mamado. Los quijotes -podrán reirse los que lean esto- eran semillas sembradas en los campos de España. Y era español. Y a mucha honra. Y con eso no quería transformarse en un nacionalista, no, pues ese quijotismo fue elevado a categoría de generosidad universal desde que Cervantes lo pariera. Todos los pueblos del mundo lo tiene como suyo. E incluso poseen su quijote particular. Sin ir más lejos el poeta martiniqués, Aimé Cesaire, había dicho (y eso que su morada, en las Antillas, estaba alejada miles de kilómetros del hogar patrio español y separado, para más inri, por el mar océano) aquello tan quijotesco:
-"Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombe que grita no es un oso que danza..."

-Asi que -se dijo- levanta el culo de ese poyo. Y acércate a apoyar o a animar o a consolar a esa dama que, allí, triste, se ve. Tienes suficientes datos, suficiente información. No como en el sueño...
Apoyándose en esa apoyatura, se dirigió a la mujer que seguía sentada pocos metros más allá. Llegando a su altura, su timidez le empujó a pasar de largo y contestar débilmente al saludo de ella.
¿Qué mas quería saber? ¿Qué necesitaba para darse cuenta de que la pobre mujer se sentía sola y abandonada? Advirtió que el saludo quería decir algo. Era una invitación a que socorriera su desgracia. No podía permanecer indiferente en actitud de un espectador. Ni hablar. Era una cuestión de principios. Dio la vuelta. Se acercó, La miró. Y le dijo:
-Hola... Perdona que pasara de largo.
-Creí que no me habías conocido.
-Tu cara me resulta conocida.
-¿Conocida? Pero, tú de qué vas, tío.
-No sé... que quieres decir.
-¡Vamos ya! No te hagas el listo conmigo.
-Es que no sé...
-Nos conocimos en Madrid. En la presentación de libro de José Esteban.
-¡Claro!... Y el de Urbano Blanco Cea.
-Y pasabas de largo. ¡Joder! A pesar de aquellos vinos que nos tomamos...
-Recuerdo que me hablaste del 'Baile de tres'...
-¡Qué cabrón! Se hace el despistado... ¡Joder!... ¿Que coños haces en mi pueblo?... ¡Aquí no queremos a los tíos como tu! ¡Te enteras... contreras!
-¡Bueno, bueno!... ¿Pero a ti que te pasa? Yo te estaba buscando. ¿Qué haces con esa maleta?...
-¿Me buscabas a mi?... ¡Que risa!
-En serio. Te lo digo en serio. ¿Te ibas de viaje?
-Vale vale. Has dicho bien: me iba... a Madrid. Ahí viene el Sindo.
-¿Quién es Sindo? ¿Tu novio?
-¿Mi novio?... ¡Si seré gilipollas!... No, es el conductor del autobús.
-¿Gilipollas?... ¡Que cosas!...
-Perdona.
-¿El coche va a la estación?...
-Si. Hacia allí se dirige. ¿Te vas?...
-Me vuelvo a Madrid. Aqui ya no tengo nada que hacer.
-Yo me quedo. Tampoco tengo ya nada que hacer en Madrid.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Iswe Letu: 'Un agujero de negr@ y blanc@'

Un agujero de negr@s y blanc@s

Por Iswe Letu

Norman Mailer en sus 'Crónicas presidenciales' comenzó por definirlo así: "El orificio, el magnífico orificio". Aquí se paró como queriendo justicar el apelativo de 'magnífico' a ese agujero, a ese orificio. Aunque, bien mirado, los agujeros si son negros, para un negro, al que durante siglos se le machacó con que lo negro era asqueroso, inmundo, le parecerá 'magnífico' por ser él mismo de ese color. Alguno dirá que esa concepción es muy chovinista. Y tiene razón. Como pueden parecernos negativos otros agujeros, como los orificios negros del universo, por aquello que nos dicen de que se engullen todo lo que está en su entorno, desapareciéndolo. Lo ponemos conscientes de nuestra ignorancia en estos asuntos celestiales. Pero, quién sabe, quizás son hoyos donde se deposita toda la basura del espacio. Una especie de orinal estelar y... como no queremos parecer escatológicos y dada nuestra desinformación supina, nos callamos. Lo que si entendemos es cuando se nos dice 'dejó un agujero negro negro de 1.000.000 de euros'; sabemos que ese hoyo o agujero u orificio de color azabache que para un chovinista negro de la raza negra sería 'magnífico' por su mismo color, para el que lo dejó es magnífico su contenido: 1.000.000 de euros. Y en este caso coinciden el chovinista y el sustractor: a ambos le parece magnífico el orificio negro.

Decíamos que Mailer se había parado en lo de 'magnífico' para justificarlo entre paréntesis con las siguientes palabras: "(permítaseme este donaire, en gracia a que no quisiera molestar a los fantasmas del Tiempo (sic), cuyo espíritu encarno en este escrito)" Para continuar insistiendo: "el orificio, repito, moreno". 'Moreno, como las tumbas, las cunetas, los hoyos, los pozos, adonde iban a concurrir todo lo que en el mundo ha sido. Todo lo que la materia viva desprecia por caduco, inservible o viejo para, reciclándolo, volver a florecer. Tal vez por eso el escritor lo magnificaba escatologizándolo, al ser como era, como somos, herederos de lo que otros dejan en el camino en herencia. O para conocerse a si mismo en la forma y el color de los demás: "de apariencia de púrpura -prosigue- en algunos casos, marchito verdosamente en otros". El paso del tiempo que va haciendo mella en el sujeto y que en una pirueta engañadora lo verdea, sin engañarlo del todo, con esa 'alegre otoñada' en palabras de Machado (D. Antonio) pero otoñada al fin aunque parezca verdosamente primavera. Y no es un juego de palabras y si no lean lo siguiente: "flor, cizaña, perfume y peste, catedral y cabaña". Efectivamente, como el sueño del esclavo negro (o de cualquier esclavo) lleno de luminosidades, arcoirisado de libertades y roto por la realidad del dolor. Es decir siempre lleno de "placer y carroña". Ambivalencia del orificio magnífico, de este agujero de mala fama: "músculo, agujero, almorrana y sepulcro". Y mas, mucho más importante: "Es el ejecutor final que existe en nuestro interior que valoriza cuanto pasa a través del cuerpo".

sábado, 9 de agosto de 2008

Lo valioso del secuestro de Txomin Goñi Tirapu

Cuando por los años 1974-75, del siglo pasado, la policía fue a detener a Txomin Goñi Tirapu, no lo hallaron y de rabia le dijeron a su madre:


-No se preocupe señora, ya se lo enviaremos fiambre.

Esta policía que, cruelmente, decía eso a su madre, no debía ser muy perpicaz cuando no torturaba, porque, poco después, llegaba Txomin, vivito y coleando, a su casa, en Martutene (Donostia) donde entonces vivía con su familia.

Al comunicarle que lo andaba buscando la pasma franquista, abrió una ventana que daba al Urumea (la ría donostiarra) y cogiendo una barca (que él y sus hermanos construían de polister) desapareció ría abajo.

¿Por qué lo querían detener? ¿Había matado? ¿Robado? ¿Secuestrado a alguien? No. Lo deseaban enchironar por su militancia en el FRAP que, entre sus postulados, tenía el de derribar el regimen franquista e instaurar una republica popular federativa. Ese era su delito. Es decir: lo querían encarcelar por sus ideas.

El tiempo pasó y su idea de España, como República Popular Federatica, no se llevó a cabo. Unos partidos, como el Partido Comunista de España (PCE), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y grupos poderosos del franquismo, consensuaron una monarquía heredera de la dictadura de Franco, traicionando el sentir popular.

Y aquí estamos, ahora, cuando vemos, en un vídeo, [ http://www.dailymotion.com/video/x301qu_proceso-a-txomin-goni-tirapu_news ]a Txomin Goñi Tirapu cómo es detenido, a la fuerza, por la policía municipal de un pueblo de Asturias, Llanes, en España, en el pleno del ayuntamiento, a la vista de unos impertérritos concejales de las fuerzas políticas que contribuyeron a consolidar al monarca nombrado por el dictador fascista Franco.

Pero, ¿por qué han secuestrado, así, a este luchador? ¿Había matado, robado o secuestrado a alguien? En absoluto. Y tampoco por actividades directas contra la monarquía. La lucha de ahora abarca un círculo más reducido, es menos política y más pegada al terreno. Sencillamente, lo han detenido por ser secretario de AVALL, una asociación de vecinos que luchan contra las corruptelas municipales, las edificaciones ilegales y otros delitos. Lo detienen por querer que las cosas se hagan, como dice la voz popular, 'como Dios manda'. Es decir: bien.

Lo que tiene de ejemplar este secuestro, es que demuestra al pueblo, una vez más, lo que puede esperar de esta monarquía y de su constitución. Eso es lo verdaderamente valioso.

¡Txomin, estamos contigo!

sábado, 2 de agosto de 2008

El Poemen poema de Jon Arzallus Eguiguren

Para un Homenaje a las Víctimas del Franquismo, que a mediados de la década de 1980/90 del siglo pasado se hizo, se editaron dos antologías poéticas: La Memoria y la Sangre y la Antología Poética Vasca. Para esta última se compuso un collage sacando versos de poetas que salieron en 'La Memoria y La Sangre'. Luego no salió editada esta composición. Para recordar a esas victimas, para luchar contra el olvido y para que el trabajo de traducción de Jon Arzallus no permanezca arrumbado en un cajón, publicamos esta composición en euskera que, repetimos, tradujo al castellano.


Ahazteari gogor (Poemen poema)

Ahazte erazka urratzeko,
oroimena eta ixuritako odola
laguntzeko,
ingude gainean darion
soinua lez aldarrikatzen dugu:
antología hau.
Geure hilengatik eskatzen dizuegu
eta ludia isilduko da!
Hildakoen kopa garratz bakartiarengatik,
hilen hagal babesgabeagatik!
Lantza herdoilduz heriotza zeharpasa
eta gure bila datoz berriro
sufrikarioa eta bere mantua
baina ez dugu amor eman oraino.
Gerrate bat galdu zela diote.
Etorkizunik gabeko gizon aldrek izatea,
galdu zuten.
Auskalo nola zebilen garaietan
tajotik bizi eta txiro izatea,
egun bederen
milagro handiagoa da oraino
arrain eta ogiena baino,
zerbait mahairaino ekarri eta
denei iristeraino luzatzea hura.
Ixtean beti norbait
hiltzen duen
urrezko ate justuaren
kontra jarraitzen dugu;
gapirio, giltza eta katea
guztien ere kontra.
Beharko litzateke konta:
nola soldatu bat hil zenean,
urrun,
itsasoa leihoraino igo
eta agazkiaren kontra
egin zuen negar.
Behar zen kontatu baita.
Hara begi atzarri
azken irudien biltzaileak
75 eko irailaren 27 ko
bost bihiburu gazteenak.
Hilen dantza madarikatuaren putza
polbora goizalbakoa!
Gose luzeen aldi motz.
Betiko gogoan geldituak.
Bizkarreaan daratzat. Ez duk ikusten?
Kateaz eta sufrikariozko ibai hantua.
Aldabahots beldurgarri gauekoen,
heriotze luze horma artekoen denborak
(Nolako Miguel sailak!)
Oinaze, izatedun guztiaren ziztari
iraunkorra;
gizon, gizalba bera eskuhartzen
bahitzen, bortxatzen
eta erraietako argia ere
ohozten diozutenak.
Zenbat ginga argik ez gaitu
kutxilo ametsetan murgildu
desfile triunfarien aurrean.
Gaur ordea heroearen ametsak derabiltzagu,
trebatua bait du bihotza
izuikaren ingudegain,
guri izenak ipintzeko
Jaun Bere Fusilarisimoak
utzitakoetan.
Aldiz, itsua bait da odola
eta hor daude hilak
gogaikarrriko arrendeika;
mamuen kabixuloa bixilekutzat
hartu duten ezezagunak,
oinazeak eta turturak
eskuloturik,
Frankok berak
Espainietako kaudillo,
sutegiko ingude eta mailu zenak,
bonbardeoek,
Konbatiente liluratien oihuek
eta mendiak bete hilek
kondekpraturiko
errementari zenak erasotakoak.
Izugarri sinplea da gainerakoa guztia:
ur naturala iturriaren irudikoa
(eguntxintean karraxiak. Larrugorritan bizkarrak.
Gainerakoan dena berez...
Hilerrietako murrailak pirikortez betedira.
Bekokietan daukagu hildakoen zigilua
pisuago existentzia baino.
Zeren ez bait da
hildako bat bakarrik
hildako balio duenik.
Har ezazue bestela baten sabia lodia,
bota itsasora
eta ikusiko duzue nola
ekaitzak baretzen dituen!
Beste bat izan zen ordea,
haien bizitzako historia
eta beste bat
itsasontziarena ere.
Lugorriari loturik dagoen
aspirileko arrosarena bezain zaila
izan zen garaipen bakoitza,
zeren ez bait da
borobila gure lurra
patio karratu bat baizen
arte tzarrez korapilatua
(garrote makurra
martxoaren bila, Puig Antich)
Elur sailak ebakiz
zetorren udaberria
eta egunak haanrrak baino lehen
geratu zen ixuria
betiko.
Garbitu ta garbitu
jarraitu zuten harakinek;
Sanson Carrasco, tatar eta arloteek,
mentura guztien.
Ezdut ahaztuko harakina
herri bat osoa duzula hila.

Hitzondoa
Halabaina biktimek
badute ganibeta,
hala dio egun berriak,
ala adazka berdeak eta
hala lore dirdiratiak.
Ez gaude bilutsik.
Lurra bera bezain handi
bait da gure ametsa.
Xoriak isildu baino lehen
altzako da ahotsa:
Begira aurrera, ene semeok,
oihuak korrituko du Iberia
hezurrik hezur.
Begira aurrera!
Jaso gogoan eta idatzi berriro
histiriako hormetan.
Azken negozotinekin
kuzkurturiko ukabilak.
Begira aurrera!
Linu ta olibaren,
asfaltoa eta makinen semeok.
Nirnari daude oraino izarrak.
Hor dirau, nozki, alanbresareak.
Ordea egun batez
gurekin egongo zarete
zeuok gura zenuten lez.
Ez da gelditu borroka.
Eskuetako kataiok berok
nahi ditugu eten denok.
Eta jakin!
Jakin gero ondo!
Eta grabatu oroitzapenaren
begi zabalietan!
Hori posible soil soilik
kontahala odol errkek
ebaki dutelako heriotza bitan.
Abestu du etxe guztiak
sugeak ihesegitean.
Ara Mateix,
Hainbat ziurtzari
neurria hartzeko unean
gaude agian:
baztertu bait da odola ilunpetara.
Eman diezaiogun Nerudarekin bukaera.
Ezagutuz egin dezagun bidea
unkituz zuzentasuna,
zorroztasuna izan dadin
pozaren baldintza
eta menderaezinak zaitezen horrela.

domingo, 12 de agosto de 2007

Iswe Letu: La ociosidad trae cabreos

Por Iswe Letu


Fue a pasear su ociosidad. Empero, antes de seguir su sendero, quería dejar constancia que le hubiera gustado tenderse en prado de fina yerba, al lado de una piscina hecha para él solo.

Ya antes de comenzar la cuesta, la vio en su cama o en su casa o en su nido, que todo viene a ser lo mismo donde uno descansa.

Salió, como digo, a dar una vuelta por el pueblo; a ver, cómo, la vida corría sin necesidad de su concurso; a comprobar, una vez más, que el fluir de la existencia sigue, imparable, sin importarle que, garbanzo o pimiento, más o menos, entre en la cocedura o no.

Con esta amarga conciencia, de realismo extremo, caminaba calle arriba oyendo el rodar y rozar de coches sobre el asfalto mojado. Con el calor que hacía, seguro que el dicho asfalto saltaba de contento ante el doble despilfarro de agua. Doble, porque, por una parte, el agua venía saltando tapias de jardines privados y, por otra, procedía del desbordamiento de setos, por donde pasaba la tubería de goma, del riego por goteo, ¡qué risa!; agua que veía incrementado su caudal despilfarrador, calle abajo, de los alcorques de los árboles.

Árboles y plantas, adornaban de manera irregular todo lo largo de la calle. Decimos irregular, si, pues, puestos, como lo fueron, hace años, no habían sido cuidados con el debido esmero y, claro, algunos se habían secado, quedando de planta a planta, claros demasiado evidentes, lo que hacía de esta irregularidad, para qué negarlo, un verdadero adefesio.

Pero bueno, irregular o no, las fincas, con sus casonas a ambos lados de la carretera, lo agradecían. O, por lo menos, seguro que su precio se había incrementado un poco más. A los dueños les importaría un bledo, unas plantas mas o menos; ya, de por sí, sus jardines estaban de flora a rebosar. Por cierto, bien protegidos. Por muros de considerable altura. Así impedían que su intimidad fuera violada por miradas impertinentes. De modo que, los setos y árboles callejeros, ni los veían.

Había salido a pasear.

Dicen los higienistas que es muy bueno para la salud…

Y él decía, porque tenía su opinión al respecto, que, igualmente bueno para la salud… ¿igualmente bueno?... ¡no!, ¡mucho más!, era tumbarse en una hamaca bajo el palmeral rumoroso de playas caribeñas; por ejemplo: las de Cuba; o tirado en arena suave y blanquísima de un paraíso tropical cualquiera (para qué discriminar a nadie) con olas de movimiento blandengue, cansado, mecidas por brisas con aromas de jazmines (u otros aromas cualesquiera, buena gana de relegar a unos por otros) y el agua, claro, casi, en calma chicha…

"Bueno, sí -lo reconocía- es verdad la bondad del pasear, sin necesidad de que higienistas u otros ‘istas’ lo digan; pero siempre en unas determinadas condiciones… Porque, pienso yo -se decía- el solo pasear, sin más ni más, no vale… Porque, vamos a ver, ¿alguno ha tenido en cuenta el efecto malsano que puede tener el cabreo que produce, en el caminante, como yo, la cara insultante de las mansiones citadas, exhibiendo, obscenas, su riqueza?…"

No. No lo han tenido en cuenta.

"Son científicos de andar por casa, de tres al cuarto, de pacotilla, o... me callo porque sino… la lío".
"Pero… -y se paraba- no, no, yo lo voy a decir… Voy a decir lo que hago frente a esas putas casas: aprieto los puños, arrugo el ceño y sigo adelante, ya de mala leche todo el camino. Y porque no me queda otro remedio... Aunque bien quisiera asaltarlas, nacionalizarlas, municipalizarlas, comunizarlas… Pero sigo el paseo como un gilipollas... Y eso que estoy convencido de que estaría mejor junto a una piscina echado a la bartola. O zambulléndome en el agua sin que nadie pudiera atisbar ni un pelo, de mi poblada piel de mono hecho hombre. ¡Ah, qué gozo, qué placer!... sería tirarme en la yerba todo lo largo que soy… ser acariciado por el aire y el suave y húmedo césped…".

Como esa que veía ahí arriba. Y que la había atisbado nada más emprender el camino calle arriba. En ese rascacielos verde. Como un abeto. Grandísimo. Exhibiendo su veraneo en la cúspide. En la cima. En lo más alto. Y en medio de la finca. De esa mansión.

"Para envidia de los que vamos a ras de suelo, como gusanos", pensó.

La miró fijamente: allí estaba con su colorido binario: como una gran dama: de blanco y negro: en actitud lánguida: desmayada: desmadejada: suelta: toda tumbada, como a él le hubiera gustado hallarse, en lugar de pasear respirando el humo, la mierda que despiden, por los tubos de escape... a veces, casi a chorros negros y otras, en suaves humaredas de un gris blanquecino, esos automóviles que pasan continuamente.

Respirando muerte lenta, pero muerte.

Y además, para mas inri, nos contemplan, desde los ventanales de sus palacetes, (porque algunos lo eran), ricachones que, a esas horas, levantan los culos de sus camas o poltronas. O incluso permanecen en ellas riéndose de los que, como él, observan con envidia, con ansia, no sólo porque quisieran poseer la casa, sino poseer y yacer con su matrona y, si fuera posible, en el propio tálamo.

"Pero no tenemos otra alternativa -se dice para si- que seguir zambulléndonos en el aire viciado, ya que no podemos hacerlo en la propia piscina, por el humo de los coches. Muchos conducidos por hijos, sobrinos o nietos de esos mismos gandules que, sin haber dado un palo al agua, tienen todo el agua que quieren, piscinas enteras… ¡hostias!"

Se paró en mitad de la cuesta. Miró hacia atrás. La volvió a ver. En el abeto rascacielos. El negro de su vestimenta se disimula un poco con el verde oscuro del rascacielos, pero el blanco, ¡ah el blanco!, cae, alargándose, hacia un lado. Como si quisiera escurrirse. Una demostración palpable…

"¡Alto ahí!... -exclama para sus adentros- Más que palpable, que más quisiera yo, visible... de cómo se deja acariciar por el viento de la altura. De esa altura donde goza del verano, sin importarle lo más mínimo lo que puedan murmurar, -para murmurar ya lo hace ella-, los mirones: como yo, que la contemplo alelado."

Su equilibrio sobre el abismo da hasta miedo; y envidia y rencor... por no poder estar donde ella se encuentra: en posesión del dominio placentero de los sentidos; así, en plural...

No se puede aguantar más. Siente la irresistible atracción de ella. Coge los prismáticos. Como un viejo verde. Como un voyerista. Es un placer que se puede permitir. Este sí. Un instrumento, además, que le hace volar de nido en nido, de ventana en ventana... Ahora lo ve todo perfectamente. No es lo que pensaba. Ni por asomo.

¡Pobre! La cigüeña está muerta en lo que parece un abeto centenario. Altísimo. Como rascacielos. Su cuello y su pico caen de un lado, nido abajo. Eso es lo que semejaba una postura desmayada, desmadejada, tumbada…

"Los del chalé, por lo que se ve, se han cansado de oír el machaqueo del ajo de la cigüeña. Y, como está en su finca, la mataron. ¡Malditos! ¡Ricos tendrían que ser para ser buenos! Una república les bajaría..."