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lunes, 25 de junio de 2012

Rajae Boumediane salva con brillantez la traducción de Chukri


Autor: Mohamed Chukri

Obra: , el recluso de Tanger
Título original: Paul Bowles wa ’uzlatu taya
Traducción Rajae Boumediane El Metni
Editorial, Cabaret Voltaire S. L.
Primera edición: mayo 2012



Anunciábamos en elnaviero, una página en la que escribimos a menudo,, que Rajae Boumediane había traducido la obra de Chukri, ’Paul Bowles, el recluso de Tanger’. Conocimos a Rajae en Las Navas del Marqués. Vino a la presentación de ’Caminar conociendo’, donde escribió un artículo sobre Tanger. Le acompañaba su novio, entonces concejal del Ayuntamiento de Hervás(Cáceres). Hoy su marido.


Rajae, junto con Ahmed Sobeiry http://ever-enen11.blogspot.com.es/2009/10/najmeh-shobeyri-en-caminar-conociendo.html?zx=b43eec59159fe9d0, Nadia Zahaf y otras y otros, formaron un grupo -entre los que estaba Antonio Escudero, habitual de Las Navas- asiduo a la Biblioteca Nacional, en Madrid. Del grupo se aprovechó la revista navera (y de paso Las Navas) ya que en sus páginas vieron la luz los primeros poemas, traducidos al castellano por Najmeh Shobeyri http://ever-enen15.blogspot.com.es/search/label/Forugh%20Farrojzad?zx=9cdd1b2cb1ff35be, de la gran poetisa iraní Forugh Farrojzad (Teherán, 1934 - 1967 [1312 / 1345 H. S.]) nunca antes había sonado en la lengua deCastilla; así mismo se publicó un largo poema de una poetisa argelina, Myriam Ben http://ever-enen12.blogspot.com.es/2007/01/myriam-ben-poetisa-indita-en-castellano.html?zx=6396ab215a8586ad, inédita hasta ahora en nuestra lengua, traducido por Nadia Zahaf; luego Rajae Boumediane citaría, en artículo sobre Tanger, a Mohamed Chukri. Este último conocidísimo, aunque no, entonces, por nosotros. No está mal el resultado para la poca vida de la revista.


Hemos de decir que actualmente Najmeh Shobeyri ocupa altos cargos en la Universidad de Teheránrelacionados con el castellano. Ha escrito, entre otros, un ensayo sobre García Lorca en el que le ayudamos mínimamente. Y, cosas de Internet, hemos conocido esta traducción de Chukri por ella, desdeTeherán, estando la traductora a pocos kilómetros de nosotros. Maravilla de este achiperre llamado ordenador. Rajae Boumediane El Metni, nació en Marruecos en 1965. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdelá de Tetuan y obtuvo el DEA por la Universidad Complutense, siendo autora de numerosos artículos en revistas españolas y del extranjero.


Bueno, dicho lo cual, pasemos al autor y la obra ’Paul Bowles, el recluso de Tánger’.


Mohamed Chukri http://es.wikipedia.org/wiki/Mohammed_Chukri, al que nosotros conocimos por Rajae Boumediane, nació en 1935 en Beni Chiker, población marroquí del Rif. De familia pobre, padre violento que mató a uno de sus hijos pequeños retorciéndoles el cuello, asesinato que el escritor nunca olvidó y que le obligò a huir de casa con pocos años. Vivió en la calle rodeado de miseria, violencia, prostitución y drogas. A los 20 años aun era analfabeto, mas luego estudió en Larache y se hizo profesor. Chukri regresó aTánger en la década de los sesenta pero siguió bebiendo, visitando bares, burdeles y, eso si, empezó a escribir su vida que cuajaría en el libro titulado ’El pan desnudo’ (1973) impresionante autobiografía que conmueve hasta las entrañas, prohibida en los paises árabes. En Marruecos se editó por primera vez en el 2000. Tuvo relaciones con una serie de escritores que vivían en Tánger: Paul Bowles, Jean Genet,Tennesse Williams... encuentros que recogió en sus memorias. Amén de sus obras también tradujo al árabe poemas de Machado, Aleixandre y Lorca, entre otros. Murió en Rabat en el 2003.


El libro, como indica el título, gira en torno a Paul Bowles connotado escritor yanqui que vivió en Tángermuchos años hasta su muerte y su esposa Jane en menor medida. Suponemos que escrita con la intención de que sus páginas fueran engordando hasta constituir todo un ensayo; de hecho comienza sus argumentos con numerosas citas de cartas y novelas de Bowles; pero termina como un diario de esporádicas notas con fecha y todo; unas mas largas y otras muy breves. Quizás la muerte le salió al paso pues el crecimiento no siguió su curso. Convirtiose su escrito, lo anotado, en algunas partes, en un ajuste de cuentas del escritor marroquí con Paul Bowles. Así lo hace constar Juan Goitisolo en el prólogo: "El retrato del novelista norteamericano... no es precisamente cordial... y en determinados pasajes la crítica de la persona, no de la literatura de Bowles, roza el ajuste de cuentas". Y esa animadversión y antipatía y hasta odio quizás, se debe también a distintas concepciones de vida y de la visión que ambos tenían de lo que les rodeaba. Uno, rico, Bowles; otro, pobre, Chukri. Uno veía un Tánger mitificado: Bowles. Chukri en cambio recogía un Tánger real; como ejemplo pueden leerse en la obra diálogos del escritor con locos de la calle (*). "El choque -termina diciendo Goitisolo- entre ambos era inebitable y el libro que a continuación presentamos da buena cuente a de ello".


Por lo demás, a lo largo de las páginas, van saliendo a relucir algunos de los personajes que arribaron aTánger. Durante muchos años famosísima ciudad que atrajo, por ejemplo, ya en 1876 a Mark Twain. O aVirginia Wolf. O a Katherine Mansfiels. Y sobre todo a miembros de la Generación Beat. Se nombran siempre (y el libro lo hace) a Truman Capote (muy amigo de Jane a la que llamó ’cabeza de gardenia’),Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Jean Genet, Gore Vidal, Tennesse Williams, William Burroughs (con un revolver en el bolsillo de miedo a los marroquies), Paul Morand, Samuel Beckett, Pero así mismo aparecieron músicos como Brion Gysin (que estuvo muchos años) y Aaron Coplan (que duró poco), la traductora Claude Thomas, el políglota Eduard Roditi que decía a cualquiera, a lo mejor sin venir a cuento, que se había acostado en París con García Lorca, el pintor chileno Claudio Bravo, el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, Emilio Sanz Soto, Angel Vázquez y un largo etc. En fin, en Tángerestuvieron hasta los grupos musicales The Beatles o The Rolling Stones llevados por uno de los músicos,Brion Gysin, citado mas arriba.


De la traducción nada podemos decir sino elogios al leer, como leímos, con ritmo y naturalidad la obra. Enhorabuena a Rajae Boumediane. Nos ha gustado. Aunque, la verdad, es una felicitación subjetiva, sin base material, pues nosotros no conocemos el árabe. Nos suponemos la fidelidad al texto de Chukri por la gran cantidad de notas, muchas de ellas de la traductora, que pueden consultarse al final del lbro. Y nada mas.

(*) He aquí el diálogo con un loco de la calle páginas 194-95:


"Otro loco fue mi alumno hace mas de 30 años. Conoce a la perfección el mapa de todos mis movimientos. Cuando no me localiza en los bares, lo encuentro esperándome en la puerta de casa para que le dé los cinco dírhams. Una vez me dijo:
-Maestro, fuiste injusto conmigo.
- ¿Por qué?
-Cuando era alumno tuyo, me cogiste un libro que tenía la foto de una ardilla, y todavía no me la has devuelto.
- Entonces te compraré un libro con fotos de ardillas y de otros animales.
-¡Imposible!
- ¿Por qué?
-Porque esa ardilla era maravillosa, única.
- Pero todas las ardillas se parecen.
-Rotundamente falso. ¿Acaso los seres humanos son todos iguales?
- No.
-Pues así era mi ardilla. Solo se parecía a si misma.
- ¿Y que hacemos ahora?
-Que Dios te perdone, pero fuiste injusto conmigo y con mi ardilla.
Me miró con tristeza mientras se alejaba. Después se paró delante de café Roxy, me echó una mirada enigmática y desapareció al doblar la esquina. Yo también opté por esfumarme de allí, antes de que apareciera otro loco."

miércoles, 20 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: Eusebio García Luengo y la muerte


Hay que estar preparados para muerte. A algunos les llega de repente y esos no tienen problemas con ella. A otros les llega su amenaza cuando menos lo esperan. Y tienen que adecentarse con rapidez. Muchos la esperan de un día para el siguiente. Así, durante muchos años. Suponemos que es el caso de D. Eusebio García Luengo. Por la edad. Y por la edad fue espectador de la desaparición de familiares, amigos y conocidos, lo que le daría motivos para pensar. Y las esquelas en los diarios. Y las noticias necrológicas en radios y televisiones. Todo ello con su consignación y datación de edades, obligatoriamente obliga, impulsa a la comparación con uno mismo.

-Yo tengo menos años.

-Yo he pasado de ellos un poco.

-En cambio, yo he superado con creces ese número.

Luego están las estadísticas que muestras, a las claras, con objetiva frialdad, el promedio, con lo cual se nos empuja a meternos en ese saco que contiene el número dominante de óbitos de donde la vieja dama de negro (o de blanco) enguadañada va extrayendo sus boletos con los que corrobora diariamente la macabra veracidad de la ciencia estadística.

Por nuestras conversaciones con el escritor de Puebla de Alcocer nos dimos cuenta que había meditado, y mucho, sobre la muerte. Y si en algún momento le inquietó, cuando comenzamos a tratarlo (ya con cerca de 80 años) había superado esa etapa manteniéndose en una equilibrada y sosegada actitud ante esa irremediable fatalidad que es la muerte.

Tanto había pensado en esa certidumbre que incluso llegó a decir:

-Ahora cualquiera tiene 80 años.

En su novela 'No sé' ya pone el caso del suicidio de un joven recién casado. Por cierto, una noche de verano en Las Navas del Marqués nos contó tal y como se lo contaron; fue en uno de sus viajes a su pueblo y era motivo de conversación en las casas: la noche de bodas, el novio se levanta de la cama y se encamina hacia lo alto del pueblo, donde hay un castillo impresionante, y, subido a él se despeña por un taluz. Luego, nos hemos enterado que ese mismo castillo atrae como un imán y se han suicidado posteriormente numerosas personas de Puebla de Alcocer.

Se preguntaba y nos preguntaba el por qué se suicidaría. Dijo que había preguntado por allí y nadie sabía nada.

-Supongo que la Guardia Civil averiguaría algo. Pero yo no volví al pueblo hasta años después.

-Mas tu tendrás alguna explicación.

-Pues si, la tengo: el gatillazo.

-¿Y eso?...

-Verás: en las bodas se bebe mucho; y al contrario de lo que se piensa, el alcohol no potencia el poder sexual; de modo que, cuando tuvo que cumplir como hombre, sufrió el gatillazo; es muy corriente; pero en esos pueblos (yo diría que en todos los lugares; pero en las poblaciones de poco número de habitantes más, porque se conocen entre todos) hay que demostrar la hombría y si no das el nivel, ¡malo!, porque serás señalado para toda la vida; puede ser que, además, la mujer le reprochara su impotencia y obnubilado aun por vaho de la bebida y anonadado por el hecho mismo de su falta de erección... en fin, eso no se puede saber exactamente; pero yo creo que por ahí es por donde se puede explicar ese hecho...

De este modo frío analizaba el escritor esta muerte. Hablaba de tú a tú a Tanatos.

-Hay quien se siente atraido por Tanatos. Los hay que llegada cierta edad desean morir. No de una manera trágica, sino natural. Los hay.

-¿Y tú?

-Bueno, pues hasta ahora no he sentido su atracción. Y tampoco es algo que me preocupe mucho. Estoy preparado. Le he dicho a mis hijos que cuando muera me entierren donde quieran. Como si me tiran a un estercolero.

-No parece esa manera de pensar de un creyente en dios.

-¿¡Yooo!? ¡¿Creyenteee!? ¡Nooo! ¡Yo soy un ateeeeo! -exclamó poniéndo énfasis en cada palabra

-Lo digo porque cuando ha pasado un procesión religiosa, aquí, en Las Navas, se ha levantado y se ha quitado la gorra.

-Y lo haré siempre. Pero es una muestra de respeto a las creencias de otros. Me emociona su recogimiento. Su religiosidad. Pero... ¿yo?... ¿creer?... ¡Ni hablar!... Por otra parte, el que pasen por aquí esas imágenes que son de devoción de los que les acompañan y haya gentes, madrileños sobre todo, que siguen hablando y riéndose... No sé... Me parecen gente tan ordinaria...

-O serán por tu parte reminiscencias del franquismo...

-Puede ser... pero no lo creo. Siempre me llamado la atención y he sentido atracción por esas ceremonias: sus imágenes tan elegantemente vestidas, las mismas prendas de los sacerdotes, las ceremonias con sus rituales, sus movimientos arrodillándose o levantándose, el incienso, los cánticos... Es como la representación de un teatro. Y a mi siempre, ya lo sabes, me ha interesado el teatro...

Si al hilo de la conversación salía a relucir la muerte nos refería esa atmósfera erótica que se formaba entre ciertos individuos presentes en un funeral, bien en la iglesia, en el cementerio, o antes en la sala de espera de la casa del muerto. A él le había ocurrido. Y por otra parte, decía, era un hecho conocido y analizado.

De esas charlas con García Luengo se veía como jugaba con Tanatos. Lo observaba friamente en sus manifestaciones. Muchas veces la ironía fluía en sus palabras.

Estas pequeñas pinceladas nos acercan a su concepción y a su postura ante la muerte.

-Cuanto haya muerto que me entierren donde quieran. Ya les he dicho a mis hijos: me podéis tirar hasta en un muladar.

Lógico pensamiento de un ateo; y de un ateo que contempla las ceremonias religiosas como espectador de un teatro; un ateo que respeta esas manifestaciones religiosas; es sensible al colorido y vistosidad de sus ceremonias; un ateo que se levanta al paso de cualquier procesión católica; se quita la gorra; y hasta se inclina con humildad.

(Recordamos nosotros unos párrafos de la novela 'El Cura' de López Bago:'... aquel anciano de cabellos como de plata y de riquísimos ropajes, de manos blancas como las de una duquesa, en las cuales brillaba el anillo pastoral...' o '... al lavarse las manos, al tomar el amito, al recibir el alba, al ceñirse el cíngulo, al ponerse el manípulo en el brazo izquierdo, o la estola al cuello, al tomar la casulla...')

Mas de todo eso de D. Eusebio García Luengo, ¿qué se desprende? Se desprende una enorme carcajada. Si. Una carcajada silenciosa. Interior. No era dado el escritor de Puebla de Alcocer a ruidosas expresiones.

Repetimos: eso es lo que queda de su actuación teatral pública ante el espectáculo de la religión. Católica, por supuesto. No había otra. Pero eso, ¿por qué?: pues porque antes ha vaciado, de esa religión, toda su aureolada trascendencia. La ha quedado en puro artificio.

-Los hijos ya me han comunicado lo que van hacer con mi cadáver: lo van a incinerar. 

lunes, 18 de junio de 2012

En 'La gallina ciega' esta Eusebio


'La gallina ciega', si, 'La gallina ciega'. Así se llama una obra de Max Aub (1). Tiene 429 páginas en la reedición que acaba de sacar a luz el diario Público.

Pues bien, llevaba leyendo 331 y no había encontrado aun su nombre escrito. Tentado estuve de cerrarlo, cuando al pasar la página lo hallé: allí estaba Eusebio García Luengo citado en la siguiente pregunta: '¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo'. Y nada más, dentro de un corto apartado o capítulo (si puede llamarse así) de la 'La gallina ciega' que luego reproduciré (2).

He leído esta obra solamente por ver si lo que Eusebio me había comentado era cierto.

Eusebio García Luengo, para los que no hayan oído hablar de él que serán la inmensa mayoría, fue un escritor nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz) pero que vivió la mayor parte de su vida en Madrid. Republicano, estuvo muy cercano a los comunistas y sobre todo amigo del escritor comunista palentino César M. Arconada. Según Eusebio su marxismo era de 'impregnación de ambiente'. Conoció a practicamente todos los escritores de la República. Hasta vivió cerca de Azaña pues tuvo unas relaciones estrechas con el cuñado del presidente de la República, Cipriano de Rivas Cherif. Ambos eran muy aficionados al teatro.

Citar los amigos y conocidos a los que trató sería interminable: ya en esta monarquía heredada del franquismo el Presidente del Tribunal Consttitucional fue amigo suyo Garcia Pelayo se llamaba, Elena Soriano, Cela lo invitó a su boda, Gerardo Diego, Carlos Gúrmendez, González Figueroa... Y antes Arconada, Wifredo Lam, Neruda, Sender, Machado...

Eusebio veraneaba en Las Navas del Marqués. Allí lo conocí por los años 90 del siglo pasado, entablé amistad con él y nos pasamos durante varios años charlando... Bueno, hablaba él solo. Y daba gusto oirle.

Creo que fue a raíz del discurso que tienen que leer los nuevos académicos para entrar en la Real Academia Española cuando me habló de Max Aub. Un nuevo académico entró en la citada institución y versó su discurso sobre Max Aub. No recuerdo el nombre de ese académico. Pero es un escritor muy connotado que ha escrito numerosas novelas. Algunas de peso, en páginas, considerable. Escritor al que no he leído. Un pecado que debo confesar. Aunque me condene al infierno. Este escritor, según los entendidos en los vericuetos de su novelería, es de un izquierdismo muy sospechoso, tanto que -siempre al decir de estos sabios en su escritura- tiene unas posturas de revisionismo histórico poniendo en el mismo nivel a los republicanos y a los fascistas que se sublevaron, arma en mano, contra el gobierno legal, legítimo, elegido en las urnas, de la República. En fin... eso dicen... de este literato que cogió la llave de Max Aub para penetrar en el recinto académico.

El ver resucitado a Max Aub no le sorprendió a Eusebio García Luengo. A pesar de ser un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Como lo era el propio Eusebio. ¿Por qué no se asombró? Por dos cosas: una porque la vida da muchas vueltas y en literatura también y lo que hoy parece entoñado para siempre resurge, nuevo y luminoso, con las mismas galas de su juventud más joven; y segundo porque escribe muy bien. Esas fueron las razones de D. Eusebio.

Le dije que había leído algunas obras de Max Aub. Pocas. Que el FRAP lo había citado con admiración y respeto. Quizás por ser escritor valenciano. El FRAP tenía militantes valencianos relevantes. Quizás por eso... Sabía, eso si, que regresó del exilio a España -estaba refugiado en México- para dar una vuelta de pocos días y que se marchó diciendo que lo que mas le había gustado de la televisión española fueron las cartas de ajuste.

-No me extraña que dijera eso viniendo de él. No tenía pelos en la lengua. Si, efectivamente, a finales de los sesenta pasó por España. Yo asistí a la presentación de uno de sus libros.

-¿Lo conocías?

-¿Y quién no conocía a Max Aub?... Lo conocí y lo traté. Creo que llegamos a ser amigos.

-Pero no fuiste a saludarlo.

-No. No lo hice.

-Un poco desleal por tu parte.

-Bueno... Verás... Estuvo siempre rodeado de gente. Personas que ni lo habían conociddo, ni tratado, ni cristo que lo fundó. Y yo atrás, mirando. Con mi timidez incorregible. No me atreví. Me dio corte. El orgullo me pudo. Los tímidos somos muy orgullosos. Y eso nos paraliza.

-No te preocupes. Él tampoco se acordó de ti.

-Al contrario. Me cita en 'La gallina ciega'. Un familiar, que la ha leído, me ha dicho que me nombra reprochándome que no fuera a saludarlo. Yo no la he leído. Mi vista ya no me permite acceder a las letras. ¡Qué le vamos a hacer!

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El texto del apartado o capítulo o trozo o como quiera llmarse es el siguiente:

(2) "A firmar ejemplares de No que saca hoy Cuadernos para el Diálogo, en una librería (Cult-Art, ¡hazme el favor! Me recuerda el Pul-Mex de Puebla. Prefiero el segundo -una pulquería tal como su primera sílaba indica) de la calle Bravo Murillo, en el sótano, como debe ser. Parece que han repartido muchas invitaciones. Llegamos, bajamos, cien personas, ni tiempo tengo de quitarme la gabardina; me siento y me pongo a firmar ejemplares. Ni siquiera pregunto el nombre, me lo dan, añado 'sinceramente', 'con amistad', 'agradecido' etc., firmo. Otro. Otro. Otro. Ni siquiera levanto lacabeza para ver a quien le toca el ejemplar. Uno, otro, otro, otro.
Hasta que llega alguno que me toca de cerca: Gloria Fuertes -a quien hice avisar-. Luego, Luis Rosales: me quedo estupefacto, me levanto, flash, foto, abrazo.

-Gracias.

-¿Había sido conocido mío alguna vez?

Luego me enteré que allí había viejos amigos que 'no se atrevieron a acercarse'. Me doy a los demonios. ¿Cómo querían que los reconociera? ¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo.
A las dos horas no puedo con mi alma. Algún periodista -de los periódicos que ya se cansan de tanto ver hablar de mi- dirá. mas o menos: 'Un anciano medio calvo firma sin fijarse, como si no le importara'.
Si, sí me importa. Pero no puedo levantarme a hacer un discurso.
Todos, muy amables. Lo que quiero es meterme en la cama. Me duele la mano, la cabeza, los hombros, el alma. Pero estamos metidos en un engranaje."

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¿La obra? Bueno, es lo que es: impresiones de una visita. Impresiones que son muchas veces chispazos agudos, atinados, de la realidad de los años 70 del siglo pasado y de lo que ha venido a ser en el futuro. Una visión pesimista de los españoles, también. Entrevistas con numerosos escritores y editores. Merece leerse. No ha perdido gracia. Si actualidad, claro. Es necesario un comentario más pormenorizado que no es lo que yo quiero resaltar ahora.

Max Aub en 'La gallina ciega' páginas 331, 332; Diario Público, colección Voces Críticas, Barcelona 2010
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(*) http://es.wikipedia.org/wiki/Eusebio_Garc%C3%ADa_Luengo

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Max_Aub

sábado, 16 de junio de 2012

José Mª Sánchez Hernández, amigo inolvidable


José Mª Sánchez Hernández, el ejemplo de un maestro

Dicen en pedagogía que el ejemplo de un maestro para un niño es una lección de primera. Y no lo olvidará jamás. Porque es como la lluvia que lo va empapando. Como hace con la tierra.

Érase una vez un maestro que se llamaba José María Sánchez Hernández. Había nacido en un pueblecito de la provincia de Ávila. Allí, en contacto directo, con la naturaleza, aprendió lo importante que era el agua para las semillas que su padre sembraba todos los años: las hacía crecer y desarrollarse. Veía como caía del cielo y en una muestra suprema de humildad desaparecía entre las tierra. Sin necesidad de proclamar a los cuatro vientos:

-¡Estoy aquí! ¡Soy el agua! ¡Mirad que buena soy!

No, no tenía necesidad de alharacas, ni vocinglerías; no veía preciso llamar la atención para hacerse tierra con la tierra.

Luego, si, flores y flrutos, agradecidos, exhibían sus galas al aire en homenaje a su memoria: a la memoria del agua, rescatándola del olvido; ya se sabe: es de bien nacidos el ser agredecidos.

Pues bien, esa lección de humildad que le proporcionó el agua en la leche de su infancia, no la olvidó nunca, jamás, José Mª Sánchez Hernández.

Luego, más tarde, se hizo maestro de niños; y sindicalista que es una especie de maestro de trabajadores; e internacionalista como consecuencia de lo que le había mostrado el agua, allá, en su pueblo, que era como todos los pueblos del mundo; generalmente pobre; practicó ese internacionalismo solidario dentro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui.

En todas esas facetas de su vida de hombre predicó el ejemplo de humildad. Con la misma incesante, continua y pertinaz insistencia de lluvia de hechos para que fueran empapando su entorno. Sin necesidad de una palabra más alta que otra, si acaso un breve chaparrón del que casi siempre se arrepentía.

Y llegó el día. Que siempre nos llegará a todos: la hora de desaparecer. Pero su salida del mundo de los vivos fue breve, fugaz. Como la lluvia en penetrar en la tierra hasta empaparla. Volvió, regresó, retornó a su ser de carne y hueso: al hombre, a la Humanidad solidaria, a la humilde generosidad del agua que vuelve para hacerse flor y fruto. Vino para reencarnarse en otros seres. Lo tenía todo previsto: había donado todos sus órganos.

De modo que... a lo mejor, tal vez, quizás... quizás nos sonría desde alguno de los que pasa a nuestro lado.

Posiblemente.

Y es que no podemos olvidarte, José Mª Sánchez Hernández, amigo, compañero, camarada.

Nos empapaste con tu ejemplo.

Dicen en pedagogía que el ejemplo de un maestro es una lección de primera. Para los alumnos. Y no lo olvidará jamás. Porque es como la lluvia que lo empapa. Como hace con la tierra.

viernes, 15 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: El accidente de don Eusebio


 La caida de García Luengo

La primera vez que D. Eusebio García Luelmo nos habló de su claustrofobia fue en el bar Pinar de Las Navas del Marqués. Este bar está en la Avenida Principal antes del Generalísimo. Fuimos ha hablar con él a eso de las once de la mañana. Estaba en la mesa de la esquina, junto a la una de las dos ventanas. Según se entra a la izquierda. No tiene pérdida. Es pequeño. El bar. Tenía la taza del café con el platillo encima. Café que le duraba toda la mañana (luego, leyendo a escritores que lo conocieron en Madrid, nos enteramos que hizo siempre lo mismo). Lo tomaba con una magdalena. A veces, no siempre, se le caía algo de café en la camisa. De ahí las manchas que se le veía. Y no por mugre. No por falta de higiene. Hay que decir que vivía en la calle Cervantes ¡qué casualidad en un escritor! En un chalecito u hotel, como por aquí se les llama, y era atendido por una señora que moraba enfrente, la cual le hacía la comida y le levaba la ropa. Todo lo que el viejo escritor consentía. En cuanto a lo de la ropa amplia -nos contó- era porque, efectivamente, era prestada.

-Prestada por mis hijos e hijas, si. Pero que yo las elijo.

No se las elegían.

Y los zapatos... esos zapatos que parecían haber salido de un basurero... sin lustrar... como raidos... y demasiado grandes... tenían su explicación, llevaban su por qué.

-Tengo los pies muy delicados y con ellos me encuentro a gusto; no me molestan; otros zapatos, para mi, son un tormento.

(Sobre esto nada tenemos que decir; es más, nos acordamos de una anécdota contada por Trotsky acerca de una botas de Lenin: estaban en la opera y Lenin tenía una botas relucientes, nuevas y Trotsky se admiró de ellas y las comparó con sus zapatos demasiado viejos y con alguna raja; entonces Lenin le dijo que si quería se las cambiaba por los zapatos de Trotsky ; éste aceptó y luego estuvo quejándose todo el día porque le apretaban mucho y le hacía mucho daño; en cambio Lenin estubo muy a gusto con el cambio porque para él también habían resultado un tormento esas lustrosas botas y se vio liberado de semejante suplicio.)

En la calle Cervantes se pasaba los veranos D. Eusebio García Luengo; eso si, solo; soledad voluntaria porque podía no venirse a Las Navas; también obligada, ya que su mujer, la actriz Amparo Reyes, había muerto y los hijos tenían ya su amilia. Deciamos soledad voluntaria porque D. Eusebio García Luengo era de un individualismo feroz, rabioso. De una independencia encastillada en su intimidad. Tenía que ser de ser difícil convivir día a día con él. Y lo sabía. Como otras muchísimas cosas aunque a veces se hiciera el ignorante.

El vivir solo a esa edad tiene sus ventajas e inconvenientes. Ventajas, porque vives sin que nadie contemple las miserias de la vejez. Es decir, las dificultades a la hora de vestirse, o de comer sin dientes, o de mear o de mearse en los pantalones, de... E inconvenientes, muchos inconvenientes.

Y riesgos. Y peligros.

Veamos un ejemplo: muchas noches estábamos de tertulia en una mesa del bar El Sauco. En la terraza. En plena calle. Hasta altas horas de la noche. Luego lo acompañábamos un trecho, hasta la plaza que llaman del Cristo. No admitía más. Se negaba en redondo. Y emprendía la subida de la calle Navalperal. Hundiéndose en las sombras. Un día nos dijo que el trayecto hasta su casa lo tenía estudiado meticulosamente. Y es que le iba la vida en ello, porque ver ver, lo que se dice ver, no veía mucho, aunque más de lo que él declaraba.

Por cierto, todo lo que venimos escribiento lo averiguamos poco a poco. No era muy propenso a hablar de sus dificultades. Otro día nos aclaró que esto era por orgullo.

-Los tímidos somos muy orgullosos. Yo soy tímido.

Lo cual le obligaba a no tratar estos temas de la vejez. Timidez y vergüenza de seguir siendo carne que late. Que se emociona ante una hembra, por ejemplo. Es como si se viera a si mismo haciendo el ridículo ante la moza, siendo, como era, viejo; vejez que además reivindicaba.

-Soy viejo, viejo. No maduro, ni de la tercera edad. Eso es una memez. Yo soy viejo. Y aun siéndolo se me levanta todavía, ¡qué vergüenza!

Un verano nos fuimos nosotros varios días de vacaciones. A Zamora. Dejamos Las Navas del Marqués. Al volver, desde lejos, vimos, en la terraza de el bar Pinar, al escritor. Notamos un no sé qué en su rostro, como más llena la cara, y un poco más morena, casi oscura. Nos acercamos. Tenía un tanto hichada la cara y amoratada.

-Pues esto no es nada. Días atrás la tenía como una mora.

Nos explicó que una noche, como todas, se fue caminando, cuesta arriba, hasta su morada de la calle Cervantes. Un tramo de la calle Navalperal, por donde tenía que subir para llegar a su casa, estaba, y está, poco iluminado. De modo que, como siempre, emprendió la subida, no por la acera (que no le convenía, según nos dijo) sino por la calzada, siguiendo una línea cercana al bordillo de la acera de la derecha. Algunos, pocos coches, pasaban lanzándole ráfagas de luz, alguno le pitó. Unos metros más allá tenía que torcer a la izquierda abandonando la calle Navalperal. Miró hacia arriba y hacia abajo. Lo poco que podía mirar. Por si algún vehículo venía. Nada. Atravesó la calzada y se introdujo en la que calle que atraviesa la anterior. Son unos pocos metros, todos llanos, que tiene que andar para, desviándose ahora a la derecha, meterse en la calle donde tiene su casa. Ahora, vuelta a subir hasta llegar a la puerta de su vivienda. Sin embargo, está más iluminada. Se ve mejor. Le cuesta la subida. Se detiene a veces a descansar. Luego, ayudado por su bastón o garrote reemprende su andadura. Por fin la puerta de entrada a su chalecillo. Pero ahora tiene que salvar otra dificultad, la altura del bordillo. Lo tiene estudiado. Se coloca unos pasos más arriba de la puerta y apoyándose en el bastón, toma impulso y, como otras veces, sube a la acera y ya... Pero esta vez la previsión falla, el impulso no responde y tambaleándose cae de bruces a la calzada. Se desmaya. Poco tiempo. Medio mareado, no sabe como, quizás arrastrándose, atraviesa la puerta, sube unos peldaños, y se introduce en su jardincillo. Ignora si siguió arrastrándose. Lo cierto es que abrió la otra puerta, la propia de la casa, y se acostó. En la cama. Y se durmió. Envuelto en sangre.

Por la mañana, la mujer que lo cuidaba, que vive enfrente, ve sangre en la calzada, en el jardín y se asusta. Entra en la casa. Ve a don Eusebio en la cama. Llenas las sábanas de sangre. La señora se acuerda de que el escritor tiene un nieto en Las Navas que ha vivido con su abuelo temporadas. Le avisa. Llega de inmediato con su coche. Lo lleva a Ávila. Al hospital. Por urgencias.

-¡Urgencias! -nos exclamó Eusebio García Luengo sonriendo- ¡Si, entré por urgencias! Cinco horas de espera. Curioso. Pero me curaron al final. Menos mal.

Ya se estaba recuperando. Poco a poco, el amoratado de la cara, trocado luego en casi negro, fue desapareciendo.

Aunque nosotros creemos que las secuelas le fueron fatales. Al año siguiente volvió de vacaciones al pueblo serrano de Las Navas del Marqués. Y volvimos a las charlas con él. Aunque en su hotelito. Ya no salía de su casa. Apenas. Recordamos que un médico de la localidad, José Manuel, nos dijo:

-He visto el otro día he visto a tu amigo el escritor. Subía tambaleándose y... Bueno bueno... no le quedan muchos telediarios... de vida. Creo yo.

En septiembre cuando nos despedimos de él nos dijo:

-No sé, no sé... si volveremos a vernos.

Y unas lágrimas le salieron a su amojamado rostro. Nunca antes había ocurrido tal cosa.

En diciembre murió. Y, aunque duele la noticia, no nos sorprendió.

José Mª Amigo Zamorano: Famoso desde que su madre lo pariera


D. Agustín García Calvo

Reflexionando sobre el 'Cantar de las dos Torres' que, tan amablemente, nos ha dedicado D. Agustín García Calvo caímos en la cuenta de lo poco que sabemos de su vida y su obra y de su paso por el mundo.

Guardamos en la memoria, eso si, unas cuantas leyendas, algunos chismes y escasas anécdotas. Todo superficial, pensamos; pero que ya, de por sí, indican que fue famoso desde que su madre lo pariera.

Se decía que fue a estudiar latines a la Universidad de Salamanca y que, en contra del parecer o deseos de la familia, contrajo matrimonio muy joven y que supo salir adelante solo con las becas que ganaba; también se decía que que no había pasado ni un curso y ya sabía más latín que sus profesores; o se contaba que iba a sacrificar palomas a dioses paganos a las orillas del río Tormes, que es el río que pasa por esa ciudad; y que por eso el régimen franquista le tenía entre ceja y ceja. Claro, no nos extraña, siendo, como es, la paloma un ave, símbolo del Espíritu Santo, una de las tres personas del dios católico que es, como todo el mundo sabe, uno y trino; y siendo la dictadura franquista nacional-católica ese sacrificio representaba un intento simbólico de asesinarla.

Leyendas, leyendas, leyendas.

Que tienen menos valor, para nosotros, que el pedo de una hiena vieja.

No nos imaginamos al maestro ejerciendo un oficio tan sangriento de liquidador de palomas.

Como tampoco, siendo sinceros, y lo somos, no llegamos a entender el por qué de la inquina franquista hacia García Calvo. Ni el peligro que pudieran representar sus clases de latín. En nuestra cabeza no entra.

Estudiando en la Escuela de Magisterio se contaban esas cosas. Como una vernegía. Y de ello haciamos héroes. El ansia de libertad propiciaba la creación de adalides antifranquistas. Aun nos viene a la memoria el cuento ese de Gila, el humorista, que, según se contaba, había llevado a cabo la heroicidad de salir al escenario, en algún lugar de España inconcreto, y representando a un mecánico de bicis se pasaba un tiempo prolongado, hasta que el público comenzaba a protestar, y entonces se encaraba con los espectadores espetándoles: 'Les seré franco: ni la arreglo ni me voy'. O al revés: 'ni me voy, ni la arreglo'. O se citaba a Alvaro de la Iglesia, un escritor de relatos humorísticos, ya olvidado, que fue director de la revista de humor 'La Codorniz'. Se contaba que, el tal Alvaro de la Iglesia, fue a dar una conferencia a una ciudad extremeña. Entre los asistentes, estaba, y se contaba como si se hubiera asistido a la charla, algún jerarca de la dictadura franquista. Sabiéndolo el escritor, se puso en lugar de la botella de agua una de coñac y de cuando en cuando, a lo largo de su disertación, acudía a la botella a proporcionarse un lingotazo. Y así medio obnubilado le cantó las cuarenta a ese mandamás. El borracho transformado en luchador antifranquista. ¡Ah, qué valentía! La libertar a través de la cogorza.

Pues bien, en esa escuela conocimos a Amador Madrid Calzada. Se sentaba en la misma mesa. Y llegamos a tener cierta amistad. Nos contó que su hermano era del círculo de Agustín García Calvo. Ignoramos si amigo, discípulo, compañero, seguidor, admirador... lo que si constatamos es que el escritor escribía a su círculo cartas desde donde estuviera y que ellos las guardaban como si fueran las palabras pronuciadas por un oráculo. Vamos, como oro en paño. Un día, Amador, nos trajo un hato de ellas. No recordamos su contenido. Quizás porque no entendiéramos nada de lo que hablaba. O porque el paso del tiempo haya borrado lo que leimos. Solo una frase se nos quedó prendida en el ojal, porque en nuestra mentalidad de críos, educados en el nacional catolicismo, el ver escrita una palabra malsonante era como descubrir una mosca negra en la inmaculada leche. Veamos el escándalo: leíamos una carta de este prócer de la literatura en la que, refiriéndose a no recordamos quien, decía: 'Y fulano de tal seguirá en que por cojones tiene que ser...'. Fue un choque. Eso no lo podía escribir una persona tan connotada. Tenía que ser imposible. Pero no, estaba allí escrita: 'cojones'. El ídolo se cayó a tierra. En fin...

Pasado un tiempo llegamos a pensar que el maestro, quizás, nos pudo examinar de latín. Encontramos en casa un libro de texto 'rotulado 'Viriate Vitae' que tenía su autoría. Si nos examinó, no lo recordamos.

Con esa aureola de raro, extravagante, rebelde... quisimos conocerle. Un día, estando con un amigo de Zamora, (Lorenzo Angoso Arribas se llamaba y suponemos que se seguirá llamando) lo vimos. Bueno, lo vio él. Nosotros no lo conocíamos más que de nombre. Nos acercamos y le habló. Creo recordar que no nos hizo mucho caso, sin por ello ser descortés. En un recoveco de nosotros nos quedó esta estampa: serio, patillas pronunciadas como habíamos visto en el cine que llevaban los bandoleros de Andalucía; esos que, decían, robaban a los ricos para dárselo a los pobres; enmarañado cabello negro, despechugado, camisa floreada y por fuera llevaba una especie de tabardo o abrigo largo que nos pareció adornado con algunos lamparones. Lo que dio más morbo. Lo poco que habló, unas veces lo hizo mirando al suelo y otras a un punto inconcreto, como si estuviera en otra onda su cerebro. Y lo estaría. Se alejó caminando recto, con lentitud. Eso fue todo.

Su estatura se agigantaba cuando, en corrillos, se narraba su lucha por conseguir una plaza de catedrático de latín. Otra leyenda más. Leyenda que tiene también, cómo no, al Opus Dei de trasfondo. Su contrincante, seguimos acordándonos de lo que se hablaba, era un miembro del Opus Dei. Un obstáculo serio porque la influencia política de esta 'santa mafia' era innegable, y lo sigue siendo. Para salvar este pedrusco en el camino, proseguimos con la leyenda, se le ocurrió convocar a los embajadores de los países llamados democráticos (Inglaterra, Francia, Alemania...) para que estuvieran presentes en el examen. Los que lo contaban añadían que, entre las pruebas que había que superar, una de ellas, se llamaba 'El Autobombo' que consistía, como se deduce de la palabra, en elogiarse a si mismo, darse pisto, al tiempo que se atacaba al contrinncante, ninguneándolo hasta extremos inauditos. Al parece D. Agustín García Calvo demostró que, su contrario, había publicado libros en los que páginas y páginas enteras eran de otros autores que, el maestro, señaló con puntos y comas. De manera que dejó claro que no tenía rivales en lo tocante al conocimiento del latín. ¡La verdad se hizo luz! y la luz de Agustín García Calvo brilló con tanta intensidad que dejó deslumbrados a todos los miembros del tribunal y a los representantes plenipotenciarios. Y la luz se hizo cátedra.

¡Que de leyendas en torno al maestro D. Agustín García Calvo!

Todo cáscaras.

Pero estas cáscaras demuestran que, efectivamente, había nacido una estrella del vientre de su madre. Solo faltaba ponerse en camino de Jerusalem.

Acontecieron por entonces las primeras manifestaciones contra el franquismo en la universidad. Los estudiantes se encresparon y ciertos profesores (los menos) se unieraon a ellos. La prensa y otros medios de comunicación publicaron sus nombre: Enrique Tierno Galván, José Luis López-Aranguren, Santiago Montero Díaz, Aguilar Navarro, como no, Agustín García Calvo. Fueron denunciados, expedientados y expulsados de la universidad.

La fama y prestigio del maestro se acrecentó y su situación personal se abajó como Cafarnaum. 'Y tú Cafarnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada' (San Juan, X, 15)

Él partió al exilio, cosa que supimos después, voluntariamente. Y nosotros nos fuimos voluntariamente obligados por la pasta al exilio, dentro del estado español, en Euskadi. Nos metimos en la lucha clandestina antifranquista. No volvimos a saber practicamente nada de este profesor expulsado de la universidad. Eso si, de cuando en cuando compramos algún texto suyo (pocos): poesía, traducción de alguna obra de teatro clásico griego, un opúsculo sobre Marx 'Apotegmas a propósito del marxismo' (París: Ruedo Ibérico, 1970) que no entendimos nada... Estábamos en otra onda marxista leninista.

Decíamos más arriba que supimos más tarde que se exilió en Francia. Lo leímos en uno de los libros que compramos. Nos llamó la atención cuando contaba que, tras la expulsión de la universidad, lo seguía la policía. Una vez uno de los polis que estaba haciendo su seguimiento era conocido suyo. Y lo saludó por su nombre. El sabueso, avergonzado, viose destronado de su serio cometido de su autoridad y no encontró otro recurso, para reinstaurarse en su trono policial, que abofetearle al maestro.

¡Ah! por ese libro nos enteramos de que la atmósfera se le hizo tan irrespirable que decidió exiliarse. Marchó a París de la France.

Veinte años estuvimos en Euskadi. ¡Cazi na! Cuando volvimos de regreso al viejo lar abandonado, a la tierra castellana que 'face a los ommes e los gasta', abandonamos la militancia política y nos sumergimos en la militancia literaria. Algo había que hacer. Creamos una revista. 'Caminar conociendo' bautizamos. Y por esas casualidades de la vida, como a veces la tierra es un pañuelo, por esos lugares andaba el escritor. A él acudimos para saber si podría colaborar con nosotros de una manera desinteresada. Lo que hizo generosamente con varios escritos y hasta nos concedió una entrevista. De los escritos y la entrevista pondremos los enlaces por si alguno pudiera estar interesado en ellos: 

Número 0, Cuentos vivos: http://marpita-caminarconociendo0-1.blogspot.com/2007/06/agustn-garca-calvo-cuentos-vivos.html; 
Número 2, Entrevista a Agustín García Calvo: http://ever-enen17.blogspot.com/2007/01/entrevista-agustn-garca-calvo.html; 
Número 4, Fragmento de 'La Ilíada': http://ever-enen16.blogspot.com/2007/02/agustn-garca-calvo-ilada.html; 
Número 5, Gracias a Rufino: http://ever-enen.blogspot.com/2007/03/agustn-garca-calvo-gracias-rufino.html; 
Número 6, La utopia verdadera: http://ever-enen15.blogspot.com/2007/01/la-utopia-verdadera.html; 
Número 8, Poema según promesa, traducción del latín de un poema de Benito Arias Montano:  http://ever-enen14.blogspot.com/2007/02/benito-arias-montano-poema-segn-promesa.html;
 Número 9, Para la mesa redonda sobre abolición deuda externa: http://ever-enen13.blogspot.com/2007/01/para-la-mesa-redonda-sobre-abolicin.html.

(En la lista se ha caído un poema cuyo estilo es otro, en la que, creemos, viene a decir que ha dejado la fe de dios)

Tuvimos oportunidad así de acercarnos a él personalmente. Y casi sin querer nos fueron llegando sus variados registros. Encontramos una personalidad sorprendente. Eso demostraba lo ignorantes que estábamos sobre su pensamiento. Sólo teníamos anécdotas, superficialidades, leyendas, chismes...

En una ocasión le invitamos a la presentación de un número de la revista. Como se mostrara reacio, para animarlo, le dijimos que, en el evento, estarían presentes prensa, radio y televisión.

¿Para qué se nos ocurriría decir 'televisión'? Nos respondió: '¿Televisión?. Entonces si que no vamos'. Nos explicó que se negaba a a salir en ese medio de comunicación. Es más, como se diera cuenta de nuestra perplejidad, expresó que no era ninguna disculpa para no acudir a la presentación de 'Caminar conociendo', sino que era una decisión meditada. Y para subrayarlo añadió: 'Me veo obligado todos los años a rechazar varias invitaciones de ese Medio de Formación de Masas'. Lo ponemos con mayúsculas pues es así como lo suele escribir el escritor con su ortografía particular. Y es que se negaba a aceptar aquello que dice que el no sale en ese medio es como el que no existe. Se negaba.

Le han concedido los Premio Nacional de Ensayo, Premio Nacional a la Obra de un Traductor de 1990, Premio Nacional de Literatura Dramática de 1999. De todo ello cualquiera puede encontrar referencias más concienzudas en Internet. Vease por ejemplo: http://es.wikipedia.org/wiki/Agustín_García_Calvo

Y el primero en ser un objetor fiscal (no sabemos si se dice así) que esto es otra cosa, para el sistema, más peligrosa. Fue atacado por unos y elogiado por otros. Recordamos aquí como lo atacó el escritor Francisco Umbral o lo defendió el periodista Andrés Aberasturi. Hasta un antiguo camarada nuestro (que estuvo condenado a muerte por el franquismo) decía que era la postura de un señorito de pueblo. Así estuvieron las cosas. El maestro, empero, ni fue a la cárcel, ni cristo que lo fundó.

Nosotros queremos dar nuestra particular visión de él. El que quiera obtener datos prietos, sistemáticos, científicos, serios, concienzudos... que busque en otra parte. Aquí solo encontrará una parcelita sin importancia. O si la tiene será mínima. Recordamos que, de las pocas cosas que le hemos leído (su producción es numerosísima), nos llamó la atención el que los poemas estuvieran hechos de una forma tan sencilla, con un lenguaje tan de andar por casa que nos parecía estar oyendo hablar a nuestro padre, a nuestra madre, o a cualquier campesino de Zamora. Lo atribuimos a su nacencia. Nada más lejos, nos hemos ido dando cuenta que es un lenguaje elaboradísimo. Entre los artículos que nos envió para la revista uno 'Gracias a Rufino' nos abrió la mente. Parecía hecho de corrido, a la pata la llana, pero no, tenía ritmo, musicalidad, gracia y un dominio del lenguaje que parecía indicar que la belleza está en el habla de las gentes, no hace falta retorcer las frases para que salga una obra de arte, solo se necesita saber componer lo que se quiere decir; y eso solo lo logra un maestro.

A la biblioteca que dirigíamos entonces llegó una donación de sus obras hecha por una admiradora. Leímos algunas páginas; nos viene a las mientes 'Razón común' y aquí descubrimos otro registro: el de investigador. Son pequeños hallazgos que nos han demostrado lo abierto que está a todas las manifestaciones de la época en la que vive. Otra muestra: en la entrevista que le hicimnos se nos ocurrió preguntarle acerca de esa frase o consigna de un miembro del Departamento de Estado norteamericano 'La Historia ha muerto'. Sobre eso, nos dijo, ya había escrito algo también. ¡Qué tío!

En fin, hemos ido descubriendo la luna poco a poco. ¡Valiente vernegía! Nos hemos perdido las enseñanzas de un personaje singular, sorprendente, valioso, incómodo para muchos... sin duda un grande de las letras y del pensamiento. Y a estas alturas de la vida, a esta parte del partido, en estos momentos, cuando ya uno ha hecho sus gustos, paladeado unos vinos... nos cuesta cambiar. ¡Qué le vamos a hacer! Y no lo vamos a hacer. Seguiremos con los pobres del mundo, con los perdedores del mundo, seguiremos admirando a Martí, Marx (si acaso reeleremos 'Apotegmas a propósito del marxismo' (a ver si por fin lo entendemos), Engels, Lenin e incluso Stalin... hasta la muerte. Después ya no admiraremos a nadie. ¿O si?

José Mª Amigo Zamorano: Asombrosa retentiva de E. García Luengo




Ahora que queremos escribir sobre las charlas que mantuvimos con D. Eusebio García Luengo, nos encontramos con un obstáculo practicamente insalvable: nuestra nuestra memoria es chiquita y no tomamos apuntes. Es verdad que alguna vez lo pensamos, pero como no teníamos la costumbre de hacer un diario lo dejábamos para el día siguiente y al final... Y si, nos ponemos de una mala hostia... inutilmente.

Sobre esto de la memoria, de la nuestra, lo único que podemos es compararla con la de él, con la de D. Eusebio García Luengo y... y nuestra autoestima de desmorona, se nos cae al suelo, se desparrama y se hunde en el polvo, miserablemente. ¡Qué desgracia! ¡La nuestra!

De esta constatación de la prodigiosa memoria del escritor de Puebla de Alcocer guardamos algunos recuerdos. Decía él que no era más que una memoria cordial. Solo eso. Pero... ¡santo dios!... ¡qué memoriosa cordialidad!...

Dos ejemplos:

1) Un día, estando sentados con él en la terraza del bar Pinar (cómo no); terraza que, hay que decirlo, no era mas que la acera de la calle Principal donde colocaban las mesas para tomar los refrigerios; allí nos encontrábamos charlando (en realidad hablaba él solo, nosotros escuchábamos) cuando se acercó una pareja de jóvenes que lo saludaron:

-¿Qué tal D. Eusebio? -dijo uno- ¿No me conoce? No se acuerda de mi? Hablé con usted...

-¡Pero, hombre, no me he de acordar! Le recuerdo perfectamente. Usted es Félix Rosado, el periodista. Si nos presentó, aquí mismo, hace dos años, D. José Mª Amigo que está ahora conmigo. Es mas, a usted le acompañaba un amigo que era profesor de ciencias y...

¡Se acordaba de un saludo breve, casi fugaz, de hacía dos años! ¡Joder! ¡Perdón! ¡Con cerca de noventa años!

2) Y esta segunda muestra de su excelente memoria la hemos contado multitud de veces. Bueno, pues como él mismo se expresaba, la contaremos otra vez: cierto día le hablamos de un libro que había en la Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués titulado 'El compromiso de la novela en la II República' -si la memoria no nos engaña- de un profesor universitario, extremeño como don Eusebio y cuyo nombre hemos olvidado (este olvido para él era un pecado que achacaba a la vejez y le enfurecía) y en cuyas páginas era citado nuestro amigo muy a menudo.

-¡Ah, si! Pues traételo y me lees algo.

Cuando se lo llevamos nos pidió, como no veía para leer, que le leyéramos la bibliografía.

-Tiene dos bibliografías: de obras y de artículos.

-¡Vaya! Si que es serio el libro. Pues... lee la de artículos.

Leimos uno a uno los casi... ¿doscientos autores?... No recordamos... pero muchos.

Excepto a dos o tres los conocía a todos. Eso si, no a todos había tratado.

(Tal memoria nos hizo recordar a los griots africanos quienes en su cabeza tienen hechos que se remontan a siglos y cuando muere alguno, sin haberlo tratado, sin haber recogido todo su saber, o parte de él, es lamentado por todos diciendo que es como si se quemara una biblioteca. Seguro que de D. Eusebio nadie habrá lamentado su muerte en cuanto a lo que guardaba en su memoria, pero creemos que habría sido de mucha utilidad para numerosos estudiosos investigadores)

Y para mostrar ese conocimiento recordamos dos casos: uno, de los primeros que leimos y el otro, de los últimos.

Del primero dijo:

-Si, lo conocí. No lo traté. Escribía en el diario 'La Tarde' que, como su rótulo indica, salía por la tarde en Madrid.

Nosotros constatamos que en la bibliografía ponía: 'La Tarde', día tal de mil novecientos tantos. Y, si no desvariamos, creemos recordar que nos lo describió físicamente, incluso el lugar de nacimiento y la profesión de su padre. Solía decir que le gustaba conocer todo todo de la persona. Añadiendo siempre:

-Y si fuera posible hasta la madre que lo parió.

Del otro autor que, como ya hemos dicho, estaba al final de la lista, nos acordamos de su apellido, Urales, dijo lo siguiente, mas o menos:

-¡Ah, Urales! Hacía mucho que no lo oía citar. Este era el padre de Federica Montseny Mañé quien, como sabrás, fue ministra anarquista de la II República en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Urales no se llamaba así sino Juan Montseny. Era un pseúdonimo. Escogía nombres así porque era aficionado a la naturaleza. Pero... mira... hacia años que no lo oía nombrar...

Este suceso ocurría cuando el escritor tenía cerca de noventa. No está mal.

José Mª Amigo Zamorano: Algunos momentos con “Pipas”


MIÉRCOLES, 17 DE NOVIEMBRE DE 2010

José Mª Amigo Zamorano: Momentos con José Luis Quirós Manjón “Pipas”
Un amigo se fue

Siento punzantes descargas
hielos que eternizan el vaivén
por las sendas del crucigrama.
Un amigo se fue solo,
encarnecido y pasmado
mientras yo soñaba
adormecido en pútrido confort,
que tiempo y ciudad
en trampa, cómplices, tendieron.


Fue un acto de rebeldía: decían que aquel era un antro de perversión, maldito y… por eso entré. Encontrándome con un bar mas bien pequeño, limpio, acogedor, con buena música roquera y hasta una bandera republicana; ah, eso si, con las paredes adornadas con algunas pinturas o dibujos fuera de lo habitual, o eso creí yo.

Entonces, ¿por qué de aquella fama canalla? Pasé buenos ratos a lo largo de dos o tres años con el dueño comprendiendo la animadversión que una parte de los habitantes de Las Navas del Marqués le tenían: era libre, independiente, descreído, hijo de gente humilde, le iba bien en la vida aunque trabajando mucho y seguía la máxima que reza eso de vive y deja vivir. Y, claro, no se perdonan tantas virtudes.

José Luis Quirós Manjón, apodado “Pipas” (se me ocurre ahora que el mote tal vez le viniera por el puesto de pipas y otras chucherías que su madre tuvo en la calle hasta edad muy avanzada), realizó en Madrid estudios superiores y siendo navero, como lo era, se consideraba también madrileño. Cuando podía, sobre todo en vacaciones, se acercaba a la capital. De modo que si le preguntabas donde iba a pasar las vacaciones respondía:

-En mi barrio, por supuesto –certificaba, asombrado de la pregunta.

Y allí, en su época de estudiante –según me dijo- los fascistas mataron a un amigo suyo.
Pipas tenía ideología anarquista. A su manera, como un legítimo anarquista, sin disciplina, cuando podía, militaba, porque entre su trabajo en Correos y su bar Mordor poco tiempo le quedaba para bregar por la utopía ácrata. Pero algo hacía y contactos, lo que se dice contactos, con algún grupo o ciertos elementos anarquistas, tenía; eso no cabe duda; a mi me pasó ejemplares del boletín ‘Molotov’; en varias ocasiones. Su rebeldía se puso de manifiesto en las manifestaciones que se hicieron en Las Navas del Marqués contra la Guerra de Irak y el trío de las Azores sacando una pancarta sencilla pero contundente que dio mucho que hablar: ‘Aznar, hijo de puta’. O algo así.

El que haya leído hasta aquí estos recuerdos, que de corrido voy sacando, habrá notado que el nombre del bar, Mordor, tampoco es un rótulo al uso: pertenece a la novela ‘El Señor de los Anillos’ que admiraba; sin embargo no fue él quien bautizó al local sino un hermano suyo que murió muy joven; hermano de viva inteligencia, según cuentan, que estaba destinado a dar algo bueno a la Humanidad pero que la vieja dama de negro, guadaña en mano, se lo llevó para siempre; como se ha llevado ahora, años después, a los 52 años a José Luis. ¡Qué pena, madre, qué pena!

Pipas me contaba que su hermano no solo dio nombre al bar sino a las hamburguesas que servía al hambriento cliente que por allí pasara; por lo que, siguiendo a la novela citada, asignó con nombres de personajes de la misma como ‘Trol’ o ‘Crol’ que eso no me acuerdo. En Madrid también estudió Miguel, otro hermano de Pipas, con el que siempre me he llevado bien. Aun tenía otro hermano al que apenas conozco.

Recuerdo ahora, con la pena atemperada por los buenos momentos, algunos de ellos: el primero, cuando le comuniqué mi proyecto de de hacer una revista.

-Cuenta con el anuncio de mi establecimiento.

Eran 10.000 de las antiguas pesetas. Para él todo un sacrificio. No porque no tuviera dinero, que lo tenía, sino por el hecho de desprenderse de algo que le costaba ganarlo. Para esos que no valoran el esfuerzo su postura era la de un agarrado o tacaño. Otros sin embargo comprendían su actitud: uno como Pipas que bregaba noche y día, dormía poco, sabe lo que es trabajar, lo que es sudar, y le cuesta desprenderse, así porque sí, del fruto de su trabajo. La revista salió con numerosos anuncios, entre ellos el suyo. Ya nunca se quedó sin anunciarse. Hasta que la revista cerró.

Otra vez, estando yo cercano a la depresión, por mis problemas con las autoridades municipales, le dije que me fumaría un porro todos los días a ver si así lo superaba.

-Con eso no vas a superar los problemas. Así no. ¡Vamos!... A ver si me entiendes… No es que yo quiera llevarte por donde no desees… Allá tu. Ya eres mayorcito.

Recordé entonces a Beaudelaire; el poeta francés, adicto a las drogas, las denomina ‘paraísos artificiales’. Tenía razón Pipas…

Otro momento inolvidable del que me reí muchísimo fue cuando me dio a leer un libro. Fue así: llegué un día por la tarde; era jueves; tenía en el mostrador la revista humorística ‘El Jueves’; comencé a hojearla; se acercó a mi, después de atender a unos clientes, y me dijo:

-Toma, lee este libro que trae hoy la revista. A ver qué te parece...

En la portada el título rezaba: ‘Los pensamientos del presidente Aznar’. Lo abrí. Pasé las primeras páginas. Seguí adelante. Se me abrió la sonrisa. Continué y comencé a reírme. Según pasaba más y más páginas me reía a mandíbula batiente. Al final prorrumpí en sonoras carcajadas. Las páginas estaban en blanco. El blanco me hizo cosquillas y no dejaba de desternillarme. Fue inolvidable. Supongo que te acuerdas. ¡Verdad?

Sería interminable seguir... pero aun me acuerdo de cuando me llevaste a ver a Agustín García Calvo. Bueno, tú me llevaste, pero yo te lo presenté. Lo admirabas de la época de estudiante. Por ácrata. O cuando me llevaste a repartir el correo por la Ciudad Ducal y el Barrio de la Estación. Por cierto, que por tu interés un día trajiste a la Biblioteca Pública de Las Navas del Marqués un cajón de libros que te dio un señor de la Ciudad Ducal. Entre los libros, recuerdo, estaba un ‘Ulises’ de Joyce de una editorial argentina que posiblemente tenga ahora un gran valor.

Y hablando de libros ya sabes que nos prestamos algunos. 

Por cierto, hace un año aproximadamente hablé con Pipas; hacía tiempo que no lo veía; yo me había vuelto hogareño y doméstico y no iba ya por los bares, ni casi por la calle; hablamos; me dijo:

-Tengo que devolverte el libro que me prestaste.

-¿Cuál?

-El de Blanco Chivite, ‘Para hundir la moral a cualquiera’.

-¡Ah, es verdad.

Tomamos un vino en los ‘Trece roeles’; bueno, un vino yo, él una cerveza; le recordé los escritos que ponía de vez en cuando en el tablón de anuncios de su local; que por qué no los publicaba; que no tenía tiempo; que yo se los ponía en Internet abriéndole un blog con su nombre; que yo tenía tiempo; estaba jubilado; me dijo que bueno; que me daría poco a poco los papeles; que los tenía guardados:

-Pasas mañana por el Mordor.

-Vale, pasaré…

Lo cierto es que no pasé. No recuerdo ahora el por qué. Ahora que lo pienso, no estaría mal, en recuerdo del amigo Pipas, írselos pasando a un blog. Pero… ¿qué habrán sido de ellos?... ¿Los habrán tirado?... Un día se lo diré a Miguel. Si lo veo.

Nada más, sirva el poema de la cabecera, que él escribió para el primer número de la revista ‘Caminar conociendo’ que edité, como remate de este recordatorio de José Luis Quirós Manjón, alias ‘Pipas’.

Te recordaré hasta que yo esté de cuerpo viviente. Después… no va a ser posible. Ya lo siento.
__________
Un amigo se fue

Siento punzantes descargas
hielos que eternizan el vaivén
por las sendas del crucigrama.
Un amigo se fue solo,
encarnecido y pasmado
mientras yo soñaba
adormecido en pútrido confort,
que tiempo y ciudad
en trampa, cómplices, tendieron.


José Luis Quirós Manjón

¡Mira! Ese es don Eusebio García Luengo


 SÁBADO, 28 DE NOVIEMBRE DE 2009

José Mª Amigo Zamorano: Primer encuentro con D. Eusebio García Luengo

Haciendo memoria, ahora que estamos recordando con nostalgia (con nostalgia, pesar, dolor, afecto, cariño, ternura... todos los sentimientos entrañables que tenemos de él) la desaparición de D. Eusebio García Luengo, se nos presenta a lo vivo el primer encuentro. Era verano, claro. Solo podía ser verano, ya que era cuando acudía a Las Navas del Marqués. Hacía la una o las dos del mediodía estábamos charlando de libros y de los judíos con nuestro amigo Antonio Escudero Ríos. Y este amigo nos lo mostró. 

-Mira, ¿conoces a ese que camina por la otra acera apoyado en su cayado con la mano derecha? 

-No.

-Es el escritor Eusebio García Luengo. ¿Habías oído hablar de él?

-Me suena... ¡Ah, si!... Veía su firma en la famosa tercera página del diario ABC.

-Algún tiempo escribió en ese periódico.

-Me he acordado porque, estudiando bachillerato en Corrales del Vino, allá por mi tierra, iba los domingos a comer donde mis tíos. Mi tío Frutos Gutierrez leía ese periódico y lo tenía muchas veces encima de la mesa camilla del comedor. Y... no sé... creo vagamente que se me quedó prendido su nombre porque me resultaba un tanto extraño... No sé.

-Antes iba muy a menudo por el Café Gijón. Era un tertuliano habitual. Casi una institución. Hacía tiempo que no lo veía... Se comentó alguna vez sobre escritores que habían caído en la miseria. Y unían los nombres de Alfonso Grosso y él entre otros... A mi me impresionó un repertaje en el que se veía a Grosso andando en zapatillas, desaliñado, roto, triste... Creo que en un manicomio.

-¿Grosso?... Ese escritor sevillano, muy bueno por cierto, publicó muchas novelas y ganó varios premios... Puedo recitar de memoria el comienzzo de 'Guarnición de silla' que fue Premio de la Crítica: 'En el mar cántabro, demasiado azul prusia, demasiado irisado de sombras y...

-Ya. No sigas. Pero así es la vida. Las editoriales se llevaron la parte del león. Y a él le dejaron las sobras.

-¿Me lo presentas?

-¿A quién?

-A Eusebio García Luengo.

-¡Ah!... Bueno, pero no te lo presento. Nos presentamos nosotros a él. Te lo digo porque yo lo conozco, pero no lo he tratado nunca.

-Vale, vale.

Atravesamos la calzada y nos presentamos. Sus ojos apagados enseguida se avivaron, se abrieron luminosos para contemplarnos. La conversación corrió amena. Él hacía posible esa charla agradable, fluida. Nos interrogó finamente. Nos hizo, sin duda, un retrato. Se quedó con todos los detalles. Detalles que luego rumiaba lentamente. Para sacar sus conclusiones de las que luego, al decir de Juan Fernández Figueroa, su amigo y el que lo colocó en la revista Índice que dirigía, jamás se desdecía.
Nos dijo, a su vez, que había nacido en Puebla de Alcocer, localidad de Badajoz en la Siberia extremeña.

-Siberia. Así la conocen y así se llama. Yo siempre nombro a mi pueblo desde el principio. Mi nacencia. Siempre. No digo, como muchos, que 'soy de la parte de...' o que 'procedo del partido judicial de...'. Como si se avergonzaran por decir que nacieron en un pueblo. Lo he observado muchas veces. Sin ir más lejos, en la calle Ibiza, de Madrid, donde vivo, hay un bar cuyo dueño dice que es de Guadalajara. Pues no, ¡mentira! es de un pueblo de Guadalajara. Yo no soy de Badajoz, no señor, soy de Puebla de Alcocer.

-¿Y va muy a menudo?

-Me preguntas que si he ido a menudo... Nunca he ido a menudo. Pero si con frecuencia. Ahora, ya llevo varios años sin ir.

-Y le gustaría.

-Si. Aunque a mis años (nadie tiene tantos años como yo) temo por el choque emocional... Además, apenas me quedan parientes... Y usted, don Antonio Escudero Ríos, dice que es de la Serena, pero ¿en qué pueblo nació usted? Si no es una indiscreción preguntárselo...

Y así fue, más o menos,el primer encuentro con D. Eusebio García Luengo.
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Y para terminar, ya que estamos releyendo Anábasis de Sain-John Perse, transcribiremos el final del primer poema, en la traducción de Enrique Moreno Castillo:

"... Con un vestido puro entre vosotros. Durante un año aún entre vosotros. '¡Mi gloria está sobre los mares, mi fuerza está entre vosotros!

Prometida a nuestros destinos esa brisa de otras orillas y, llevando más lejos las semillas del tiempo, el resplandor de un siglo en su cima sobre el astil de las balanzas...'.

¡Matemáticas suspendidas en los témpanos de la sal! ¡En el punto sensible de mi frente donde se establece el poema, inscribo este canto de todo un pueblo, el más ebrio,
llevando a nuestros astilleros quillas inmortales."