Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de junio de 2012

José Mª Amigo: Un poema para un cuadro


Poema de Urbano Blanco Cea para un cuadro
  José María  | 23 de junio de 2012
Facebookimpression
El viernes se inauguró la exposición de pinturas de Fernando García De Juan “Nano”. Tiene la particularidad, no sé si originalísima pero si singular de acompañar cada cuadro con un poema de Urbano Blanco Cea relativo al lienzo. Del acto en sí dará cumplida información Juanjo pues allí estaba con su cámara.


Yo, aquí, me referiré a un cuadro en concreto, el titulado ’Taller Fallero’. ¿Por qué? ¿Por qué ese en particular? Todos se lo merecen, pero veamos: la pintura... bueno... una determinada clase de pintura, nos muestra un instante que tiene voluntad de eternidad. En este aspecto es parecido a la fotografía que congela el momento para que no se vaya nunca. Pintura y fotografía son, en este sentido, antinaturales. Antinatural, pues la naturaleza es movimiento perenne que no espera al observador y sigue transformándose continuamente sin que los instantes, los momentos sucesivos se repitan como clones. Una variedad infinita de factores impiden esa clonación. Para potenciales observadores futuros los pintores y fotógrafos plasman unos remedos de periquetes, a los que la imaginación y la inteligencia del espectador les ayudarán a intuir lo que sucedió.


Esta misión -muchas veces sin ninguna voluntariedad del autor- puede ocupar, y de hecho lo ocupa muchas veces, el lugar de resto arqueológico. A saber: supongamos que con el paso del tiempo los gustos de los valencianos cambian y abandonan las fallas y sus monumentos falleros con sus ninots. Puede ocurrir. La vida sigue y lo mismo que la naturaleza no congela sus periquetes, así las costumbres evolucionan, sin cesar, de manera que pocos centenares de años después no las conocen ni la madre que las parió. Para saber de momentos pasados, de periquetes, de instantes, están la pintura y la fotografía que hacen ese segundo particular, concreto, se transforme en eterno.


El cuadro al que yo me refiero representa unos ninots de un monumento fallero que el pintor Fernando García De Juan, ’Nano’, conoce muy bien. El acto de pintarlo es, como en literatura el relato dentro del relato, un acto dentro de otro acto. Cervantes lo ultilizó en el Quijote intercalando novelitas dentro de la novela del Quijote. Un poco forzadas a veces. Como pegadas. Pero utilizó esa arma artística. Otros la perfeccionaron después. Recuerdo ahora a Conrad en ’El corazón de las tinieblas’ una narración dentro de la narración a propósito de un personaje. De una manera natural. Este cuadro que citamos es un ejemplo: el pintor, al actuar sobre la tela con sus pinceles va montando una historia dentro del acto creador de los artistas falleros. Conserva el cuento que estaba hecho para ser quemado por el fuego. Lo eterniza. Lo arqueologiza. Las figuras del momento fallero cobran una dimensión fraudulenta, una vida perenne, una belleza de bobalicona vaciedad. Como los tontos de Machado que parece que miran con la boca, estos ninots parecen miran con la nada. Como asombrados, alelados, de que su belleza hueca no pueda permanecer ni siquiera como muñecos. Estupefactos de que sus formas no comiencen a latir y sentir y reir. Con rabia interior, interiorizada porque no sale al exterior teniendo, como tienen al lado, por ejemplo, fofos y estúpidos figurines que se creen algo sin serlo. Pasmados de que no haya alguien que venga y les diga:


-¡Levantaos y andad!


Pero he aquí a un pintor que comete una traición a la fugacidad, el ultraje de la permanencia. Y las vemos, los vemos, ahí, con sus asombros y estupefacciones, libres para la eternidad de ser condenados al fuego.


Eso es lo que destaco de la exposición de Fernando García de Juan ’Nano’, de sus cuadros. Algo hay que destacar. No se puede hablar de todos. Y lo hice constar en un cuaderno. Por poner un ejemplo.


Para terminar lean el poema de Urbano Blanco Cea que viene a decir algo parecido con pocas yhermosísimas palabras.


Taller fallero (destino el fuego):


Inmortalidad otorgada,
dilatación de la belleza de un instante.
Plasmar la consistencia, la maleabilidad de sustancias
que pueden ser desmenuzadas con las manos,
cartón piedra desnudo que vestirá de tintes,
que puede alumbrarse en los dedos del mago:
de la nada a la vida.
He aquí una imagen de inminencia
metáfora de lo efímero
fría existencia material,
así los humanos que no intentan contemplar
que miran si ver
que esperan que el río termine de pasar,
la razón varada, el cerebro inútil,
la pereza de pensar, cuando somos por ello.
Sea la sensibilidad
avenecia y armonía de razón y sentimiento,
vibre en cada célula
como vibra en el pincel que seduce a la belleza
nos eleva como alfombra de aire
y nos conmina a reflexionar
desde la contemplación de una estampa sublime
profunda como los afectos nobles
diáfana como el horizonte
para que no nos derrumbemos
en la constancia inexorable de purificación, combustión y desaparición
tan parecida a la muerte.
En el proceso fallero la propia vida
concepción, nacimiento, vida y espera
tal vez esperanza.
La tristeza, la amenaza de la muerte
que afila, templa y blande la guadaña
en la fragua del destino
invisible por argucia del autor.

martes, 19 de junio de 2012

JOSÉ MARÍA AMIGO ZAMORANO: poetisa cubana del exilio


Gladis Zaldívar; una poeta cubana del exilio, por JOSÉ MARÍA AMIGO ZAMORANO

"Viene el asedio" Gladys Zaldívar Ed. Publicaciones de la Asociación de Hispanistas de las Américas Colecc. Mester Miami, 1987

Nos envía dos libros, desde Miami, la escritora cubana Gladys Zaldívar, con el ruego de que le hagamos una crítica. No sé por qué ignotos cauces le ha llegado el conocimiento de una modesta revista como “Caminar conociendo”. Tampoco sé cómo llegó a manos de Ernesto Sierra, director de la Biblioteca Casa de Las Américas, en La Habana, hace varios años, cuando nos escribió, elogiándola; y mas tarde insistió para que le enviáramos más números, pues, según decía, era una de las más leídas en la sección en la que estaba.

Gladys Zaldívar (Camagüey-Cuba) pertenece a la que J. J. Arrom denominó “generación de 1954” que comprende los nacidos entre 1924 y 1953. Generación, amplia en el tiempo. Se exilió de su patria por los años 70 vía España.

Sus inicios en la poesía, sin embargo, no son producto del destierro: ya en 1958 aparece en la antología “Colección de poetas de la ciudad de Camagüey” y, dos años después, en otra “Lunes de Revolución”.

Sabemos, por el Conde de San Juan Jaruco, que la familia Zaldívar se instaló en Camagüey a mediados del XVIII, que llegaron hidalgos, y que preceden a la, tristemente famosa, aristocracia del azúcar; es decir: pertenece a una familia de rancio abolengo, sin que ella presuma de tal prosapia, ni mencione, en su escritura, estos pormenores históricos.

Ya hablando del primer poemario “Viene el asedio”, libro de 90 páginas, hay que decir que consta de una introducción y de cuatro grupos de poemas, separados, los dos primeros de los dos últimos, por un poema central; es decir, está estructurado en sistema binario, del que nos referiremos mas abajo; las ocho últimas páginas se reservan a notas, comentarios y bibliografía.

Los dos primeros “De las ínsulas muertas” y “Del espejo y sus bestias” son contrapuestos en contenido: en el primero, parte de una niña ausente: doblemente ausente, pues vive donde no debe vivir y anhela ascender, buscar el cielo: desaparecer. Sus poemas suenan como una moderna danza de la muerte, pero, al contrario que Quevedo, logra que la muerte se convierta en fuerza vital, “amo la vida con saber que es muerte”.

En el segundo presenta tres arquetipos: el loco, el ángel y el mago. Algo así como el Mal (“su muerte será poca para el furor de los atardeceres”), el Bien (“alza de nácar su jardín herido”) y, la esencia de la poesía, el Mago (“sueña que es el instante de un pájaro”).

Ya se sabe que la magia y la poesía quedaron soldadas desde que Baudelaire, que leía a Swedenborg, nos metió en estos andurriales. Pero no solo él sino Joyce, Eliot (ambos tuvieron inicios teosóficos)... Yeats leía a Blavatsky y Paul Valery escribió sobre Swedenborg. Zaldívar recrea los ritos tropicales de meigas y santos.

Antes de saltar al otro par, reposa en “Los epígonos del cuervo”, poema único, solitario en el centro del libro, rodeado de espacios blancos, que corta, como un cuchillo, las dos mitades opuestas: “dad aire a la muerte que de sus cuencas brotará un gesto de piedra”.

Los dos últimos grupos de poemas, “De las pálidas cuerdas alzándose” y “Del huésped de los dones”, son una binaria contraposición de poesía popular y culta (sigue el dos imperando); en la primera, los rótulos de los poemas están subtitulados entre unos paréntesis muy significativos: bolero, canción, danzón, guaguancó, seguidilla, saeta, escritos en versos de arte menor: “muda ceniza / cayendo sobre voz / de ausencia y llama”, “el alba ausente / del gélido azahar / que alza su puente”.

Se adentra de esta manera en la música para que oigamos su palabra.

Zaldívar termina desplegándose por su universo literario, dándonos su visión, en un homenaje particular, de sus (se supone) escritores favoritos: Cervantes (“la mano ausente ajustando una visera de aire”), La Avellaneda (“ínsula en desdicha tu silencio”), José Martí (“en cojines de sombra transportan mi palabra”), Antonio Machado (“estela inscrita en el desnudo pie del sueño”), Mariano Brull (“instante asido de fulgor como la muerte”), Borges (“sólo se abre para esta milonga el eco del silencio”), Miguel Hernández (“socorrer los filos del azul y no la herida es el cuidado de tu gesto”) y Lezama Lima (“asciende con nosotros como una prodigiosa floración de llaves”).

Uno de los fundamentos básicos de esta poesía es la acción binar. Está en el esqueleto de los versos, en los títulos, en el andamio del libro; eso sí, poniendo un puente (un poema) en la mitad del libro. El yo del principio se divide entre muerte y resurrección. Luego, en la siguiente, la palabra se esconde en la magia; en la segunda, se refugia en la música. Resumiendo: todo pensado en base dos, como lenguaje de ordenadores: 1. lírica recóndita de la muerte y 2. lírica de la realidad externa.

Aunque su poesía no está comprometida de militancia anticastrista, sí hay algunas alusiones claras a la patria perdida y un halo de nostalgia circunda algunos poemas: “no sé donde he escondido mi país; / un puente de pájaros fabrico para encontrar su azul amanecido/ y sólo viento, como un negro áspid, se levanta”.

Si pusiéramos un ejemplo de su postura contraria al régimen actual, correspondería, claro, a la última parte que hemos denominado “lírica de la realidad externa”; concretamente, en el poema dedicado a José Martí “Pequeña sinfonía para sordos” que comienza así: “En las aguas mitrales de la castración me han sumergido / y con mis genitales han adornado sus sueños / y con mis dientes han ataviado sus atroces muñecos de odio”..., para terminar esperanzada: “Pero crecen desde mi cráneo las espigas...” .

Aludimos a esto porque resulta curioso que, tanto castristas como trasterrados, nos envíen sus misivas, a nosotros, que somos, prácticamente, un cero a la izquierda en la cultura poética de España.

La verdad aparece meridiana: están solos los cubanos y quieren que el mundo les escuche. Escuchémosles.

Pequeña sinfonía para sordos

(del poemario “Viene el asedio”)

Bajo la yerba Yo también creceré (José Martí)

“En las aguas mitrales de la castración me han sumergido Y con mis genitales han adornado sus sueños Y con mis dientes han ataviado sus atroces muñecos de odio. En cojines de sombra transportan mi palabra, En pinos calcinados inyectan esta sangre que padezco Y al fondo de la mar sus buzos ciegos Si van tras mis peces de luz y mis ventanas. En las tierras lustrales de la muerte me han castrado Y con mis huesos fabrican una arquitectura clavileña Y con mi recuerdo engalanan la casa de miedo y de ceniza. Pero crecen desde mi cráneo las espigas, Se asoman por el blanco enrejado de mi pecho Y en la pelvis fragmentada se agolpan verdinegramente, Se hacen fuertes en la memoria del amor Y rompen hacia arriba como un canto y abrazan Fronteras innombrables, cisternas ensangrentadas y castillos. Bajo la yerba, yo también creceré, seré el verdor Que abriga de estatura la montaña y viajaré hasta el extrremo De la yerba para ver un sol verde y luna verde”.

Gloria Zaldívar

(tomado de: http://www.editorialcelya.com/esdcdetalle.asp?ID=333)

lunes, 18 de junio de 2012

Leyendo una antología de Nancy Morejón


Libro: Peñalver 51
Autora: Nancy Morejón
Editorial: Fundación Sinsonte
Zamora, 2009

Peñalver 51. Así se titula este libro de Nancy Morejón. Poetisa cubana. Supimos de esta escritora por una revista que, en tiempos de la llamada Revolución Sandinista, publicaba el Ministerio de Cultura, por aquel entonces comandado por el gran poeta Ernesto Cardenal. Revista cuyo papel aspero y un tanto arrugado parecía ese que se dice de estraza. Llevaba una cuerdecilla para sujetar las páginas. Revista que nos regaló un amigo, un camarada, quien, con una delegación del partido en el que antaño militábamos, acudió a solidarizarse con aquel gobierno revolucionario. 'Poesía Libre' se rotulaba. Revista entrañable. Algunos de cuyos números aun conservamos. El tema de la poesía de Nancy, que mencionábamos mas arriba, era la esclavitud.

Bueno, pues mira por donde, hace poco tiempo, la editorial zamorana Fundación Sinsonte ha publicado este librito. 2009 fue el año. Lo hemos leido varias veces, pues no es facil hacerse con el decir poético de otras latitudes así de repente. No, no es fácil hallarse a gusto con un nuevo estilo. Uno se hace a unas sonoridades y cuando otros acordes arriban al oído a veces raspa el timpano. Ocurre muy a menudo. Pasa como con el vino: se hace a uno y luego cuando nos dan de otras viñas no nos gusta. Contaba un antiguo camarada que, estando en la cárcel condenado por la dictadura franquista, fue a la biblioteca y allí tenían el libro de Marcel Proust 'En busca del tiempo perdido'. De él le habían dicho que no había quien se lo tragara. Efectivamente, comenzó a leerlo y varias veces estuvo a punto de abandonarlo. Pero siguió erre que erre y antes de la mitad del libro consiguió hacerse a su modo de decir terminando por gustarle. Recordamos nosotros a un compañero que era tan aficionado al chiquiteo, es decir a tomar vinos por las tabernas en cuandrilla, y tanto se hizo al vino peleón que cuando, por un azar, alguien pedía un buen vino de Rioja o de Toro o de Ribera del Duero prefería el vino corriente de los bares. Así nos pasó a nosotros con la poetisa cubana: tardamos en cogerle el gusto.

En Peñalver 51 viene un currticulum y una foto de la escritora. Por la foto comprendimos el porqué del tema de la esclavitud. Es negra. Y la inmensa mayoría de los escritores de esta raza tiene a eso, a la esclavitud, quemándole, doliéndole. Lo expresó en verso uno de ellos así: 'Como astilla en la herida'. En Nancy Morejón, sin embargo, le inquietan muchos temas. No es monocorde. Y este libro, muestrario breve de su quehacer, es un ejemplo. La Universidad de Salamanca ha publicado buena parte de sus creaciones. Y es amplia: mas de 20 títulos. Entre ellos: 'Where the Island Sleeps Like Wing (antología bilingüe, 1985); Piedra pulida (1986); Botella al mar (antología, 1997) Elogio y paisaje (1997); Richard trajo su flauta y otros poemas (2000); La Quinta de los molinos (2000); Cuerda veloz (2002); Looking Within / Mirar adentro (2003); Antología poética 1962/2000 (2006). Es Premio Nacional de Literatura 2001, miembro del jurado del Premio Carbet del Caribe, miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. Así mismo  premio La Corona de Oro de Macedonia, premio Rafael Alberti y la condición de Escritora Gallega Universal. La Universidad Cergy-Pontoise de París le otorgó el doctorado Honoris Causa.

Por lo que nosotros hemos podido sacar, este poemario Peñalver 51 nos deja ver o entrever la humanidad de la cubana. En los primeros poemas (que son los últimos escritos) asoman, sin cendales, las protestas como gritos iracundos contra la guerra de Irak, contra los invasores. Los pájaros heridos, sucios, muertos, las alfombras raidas, la indignación por las muertes de inmigrantes ahogados en el mar cuando, embarcados en pateras, iban a trabajar a un mundo que creían mas justo, son sus imágenes. Y todo se le vuelve negro. Negrísimo. Mas se contraresta con la alabanza y celebración de los logros de la Revolución Cubana. Luego poemas intimistas... Pero mejor que nosotros lo dice la misma autora:

"Peñalver 51 no tiene explicación como no la tiene tampoco un solo poema ni la poesía. Sin ser devota de Lautreamont, digo que la poesía no nos pertenece. Escribo poemas en cualquier circunstancia. Luego los agrupo en familias sin que me importe la marca del tiempo, puesto que en una familia conviven diversas generaciones. Los que quisieron integrar este poemario son tan entrañables como lo es para mi todavía la memoria de mis padres y el espacio de mi primera infancia en el corazón de La Habana... Hay poemas del siglo XXI, de los noventa, de los ochenta y setenta, mientras que el último data de 1964. Como el amor es la flecha que recorre mi vida este poema pone fin a una suerte de cancionaro capitalino, cubano y mío hasta la saciedad".

Para terminar queremos mostrarles un poema. Sin que ello quiera decir que tenga símbolo de preeminencia. 'Momento perpetuo' se titula:

Una mañana de pronto es una noche.
La madera del bosque es de pronto una hoja de papel.
El arroyuelo entre los valles es poco a poco
un océano profundo y azulado.
Una fragua de fuego es mañana, de noche,
una brillante fuente de cristal.

Sobre cualquier desierto grávido
sólo encuentras arenas
únicamente removidas por el viento ligero de los aires.

¿Quién te asegura que no llegará un día
el próspero aguacero?
Tanto se mueven las cosas a tu alrededor.
Hasta tu país cambió. Lo has cambiado tu misma.
No es ya la Isla en el Golfo
reverberando entre cañas
sino reverberando entre fusiles.
El Tiburón, con su espantosa lágrima,
fue arponeado para siempre en la Isla
y la Sardina acude al funeral.

La tierra de la tembladera
no es solo barro contrahecho
sino que continúa su curso,
devoradora de todo lo animado.

Ayer, a pleno sol, el hueso de la muerta
engendró yerbabuena.
Para su ensoñación mejor,
el buey apacentado
lame el estiercol de los gorriones.

Qué fría la luna.
Qué sol fosforesente.

Y el alma, ¿cambiará?
Has de cambiarla tú.
¿Será inhóspito el tránsito?
¿Habrá de ser palpable,
sin una gota de violencia?
Mientras sea la de hoy
siendo con creces la de ayer,
serás la de mañana.
Serás la misma y serás siempre,
al mismo tiempo, otra
la que vive y que muere
para vivir así.

(págians 61, 62 y 63 de 'Peñalver 51'

Nos lo dio a conocer Antonio Tejedor


Gairín Muños, Ramiro
Que caiga el favorito /Ramiro Gairín Muñoz. - Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011
56 p.: 19 cm. - (La gruta de las palabras; 74)
ISBN: 978 - 84 - 15274 - 10 - 0
821.134.2-1<<19>>
__________
Así, como acaban de leer, viene este librito de poemas. Así de cuidado en el detalle ha visto la luz el poemario de Ramiro Gairín Muñoz. Hasta con ficha bibliográfica y todo. Los bibliotecarios lo agradecerán.

Nos vino por intermediación del amigo Antonio Tejedor. Él nos ha dado a conocer este poemario y a este poeta aragonés. Aunque aun no lo hemos tratado, pero quien sabe...

El librito lo hemos leído varias veces. Se tardan pocos minutos en hacerlo. Empero son necesarias segundas lecturas. Al menos a nosotros que somos de otra generación. Educados en otros gustos. Marcados y conformados por ellos. Gustos que nos rodean como una capa. Pero que no queremos que sea impermeable. Incomunicativa. Queremos empaparnos de otras poéticas para romper esa línea divisoria entre generaciones. Estas palabras son de acercamiento. De diálogo. Hasta con nosotros mismos. Palabras cordiales. Sinceras.

Nuestra intención es hablar, valga el verbo, de un amigo al que acabamos de conocer. No  descubrir y presentar a un poeta genial o mostrar una joya. No. Ni estamos preparados para ello, ni creemos que nadie sepa lo que es eso. Algunos, es cierto, no apean de sus labios eso de 'criterios literarios' cuando son unos sectarios de su peña, grupo o capilla. Pero ni estos sabidillos, ni el resto, puede saber, menos hoy en día, quien destaca o no, cuando hay cientos de poetas que escriben... qué digo cientos... ¡miles! No hay mas que echar una ojeada por la Red. 

Y sin tener estos achiperres para navegar, que los tenemos, en nuestra vida particular hemos conocido a numerosos poetas y tratado a algunos de ellos. Pondremos unos ejemplos: en Euskadi, en la década de los 80 del siglo pasado, conseguimos reunir en una antología a cerca de 80. De esos tuvimos cierto trato con Jorge Oteiza (gran escultor pera también poeta), Luis Mari Mújika, Carlos Aurtenetxe, URKO (cantante y poeta), Julia Ochoa, Juan Kruz Igerabide, Ricardo Ugarte (escultor y poeta), José Agustín Arrieta, Felipe Juaristi. Mas tarde, en Avila, conocimos a Luis Felipe Comendador, un notable poeta salmantino que editaba una revista y sabía de muchísimos con sus direcciones y teléfonos. Un nutrido grupo de ellos se reunieron en Avila para formar una antología, 'Feroces, radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española', edición de Isla Correyero, que editó DVD. De ese entorno conocimos, y tratamos, a José Luis Morante que, además de poeta, es crítico connotado. Tenía una revista en Rivas Vaciamadrid. 'Prima Littera' se rotulaba. Y allí publicó a numerosos poetas. José Luis Morante, profesor de literatura, se ha dedicado en cuerpo y alma a la poesía. Es un pozo de sabiduría en esa parcela. 

Él y Comendador nos hablaron de Antonio Orihuela como muy buen poeta. Otros, así mismo, nos lo han alabado. Desgraciadamente, ni lo hemos tratado ni hemos leído nada de él. Pecado que confesamos. Pero de esa onda, eso tenemos entendido, son 'david gonzáles' (así, con minúsculas se firma, si bien a nosotros nos parece mayúsculo) y Karmelo Iribarren. Y, tirando del hilo, la lista se fue incrementando peligrosamente.

Por aquel entonces leímos en la revista 'Claves de la razón practica' unas cartas entre un miembro de el grupo, secta, peña o capilla poética 'Poesía de la experiencia' luego de la 'Nueva sentimentalidad' (o al revés) y un miembro de otro grupo, corro, banda, secta o capilla 'Poetas de la libertad', o algo así (porque se reunieron en un bar de la calle Libertad de Madrid), sevillano (si mal no recordamos) y ambos se tiraban a la yugular... literariamente hablando... de premios, dinero, fiestas, comidas, becas, viajes pagados, turismo... Solo quedaba proporcionarles un arma para que corriera la sangre envuelta en juergas, cócteles, islas caribeñas, wiskis, putas... Los primeros editaron una antología, '1917 versos' se tituló (si la memoria no nos falla) Jugaban con la fecha histórica de la Gran Revolución de Octubre en Rusia. Eran comunistas o marxistas (no sé, eso decían) y tenían por capitán a Alberti. Y la leímos. Mejor, o peor, para nosotros, pues conocimos a Benjamín Prado, Egea, Salvago... Y siguiendo siguiendo se tejería una hermosa ristra de poetas. Otra. Sin ir mas lejos, en esta 'Gruta de las palabras', donde han sacado el librito que aludimos, hay 74. En ella aparece un nombre, Juan Carlos Elijas al que, en su día, le publicamos algunos poemas y +. Elijas era (o es) del grupo, capilla, cuadrilla, o secta, bautizada Mediona. Cenáculo poetil de Tarragona del que, seguro seguro, podría salir otro porrón de poetas. Si lo unimos a nuestro gusto por poetas revolucionarios latinoamericanos y o poetas africanos y de la 'Negritud'; + los poetas de la revista 'Zurgai' (Bilbao), + la 'Galleta del Norte' + la desaparecida 'Kantil' de Donosti, + 'Aullido', del Sur de Andalucía, de Uberto Stabile (escribimos de memoria y nos podemos engañar) poeta y editor independiente, + 'El Cobaya' de Avila, + la colección de poetas en torno a Juan Gonper, +, cuando homenajeamos a Vicente Aleixandre, los poetas que giraban en su torno: Concha Zardoya, Leopoldo de Luis, José Hierro, Carmina Casala, Antonio Quintana, Antonio Casares, Alejandro Duque Amusco, Pere Ginferrer... innumerables como los mártires de Zaragoza... saldrá de todo estos un bosque de poetas, solo en nuestro terreno particular, personal. Si extendemos la mirada y agregamos los de las lenguas vernáculas de las comunidades 'históricas', + los que han surgido en el resto de las comunidades, + los que escriben para su propio solaz y el de sus amigos, + ... esto se convierte en una selva de vegetación enmarañada en la que nos perdemos como en un laberinto.

De modo que, en este bosque o selva o laberinto, querer hallar joyas y presentarlas, en este escrito, como si fuera notas brillante en pentagrama de oro, sería muy pretencioso por nuestra parte. Y siendo, como somos, aficionadillos, mas estúpido aun. Solo el tiempo podrá a cada uno en su sitio. O el viento, 'excelente cosechero', según León Felipe.

Por lo que, al escribir esto,  solo pretendemos dar la bienvenida a nuestra casa a un nuevo amigo. Desearle que el viento le proporcione un buen vino. Y hablarle de nosotros. Del aire fresco que representa su librito. Mas necesario, si cabe, cuando necesitábamos orear nuestra casa.

Y si, hemos escuchamos con sumo interés lo que nos dice 'Que caiga el favorito'. Quien, con sinceridad, nos habla de su amor, de la mujer amada a la que presenta como 'fresca costumbre de ser simple tormenta, rama tierna' en cita de Octavio Paz. Ella, nos viene a decir, es quien sostiene el vuelo. Y, siendo así, se sorprende de que él haya sido elegido para ocupar su corazón. Se sorprende, porque no va por el mundo, precisamente, destacando, no llega a las casa tocando tambores, ni va por ahí con alharacas, sino que es callado, sencillo, pardo como gato pardo en la noche, uno mas de los 'pobres comedores de manzanas' como nos apodaba Neruda. Pero, en fin, ha tenido la suerte de ser amado. Y lo proclama lleno de gozo. Nos lo dice. Y a los cuatro puntos cardinales de la ciudad para llenarla 'de este amor con el que nos esperamos'. Lo que le inquieta, le da algo de miedo, es que que pueda apagarse, que 'el estar lejos no estés aquí', que deje de arder, como hoy, en el cristal del tiempo. Porque del futuro nada sabemos lo que puede depararnos, excepto que habrá 'viento en contra y cerezas'. Por eso todo lo que se haga aquí y ahora importa. Este amor importa. 

En este punto el poeta puede que se de cuenta, aunque no nos lo cuenta, que este cuento, esta historia, este amor, dentro de los miles de amores, historias o cuentos que cuentan los miles de poetas... cuenta mas bien poco. Entonces, ¿qué hacer?... ¿callarse?... No. Seguir en la vereda, porque si te callas 'el silencio es un bosque poco a poco sin luz' y 'te deja sin pájaros'. 


Si esto ocurriera, nos preguntaríamos -lo hacemos porque el poeta deja espacio en los poemas para ello-, ¿quién tendría la tentación de vuelo, quién?... ¿quién nos anunciaría la primavera, quién?... ¿quién llevaría la alegría hasta los parques, quién?... ¿quién le infundiría esperanza al desahuciado, al que no puede pagar la letra de la luz, del agua, del banco, o no puede adquirir alimentos o medicinas en las multinacionales, quién?... O ¿quién volaría hasta los barrotes del prisionero anunciándole cada día el albor y transportándole en sus alas el olor de las rojas amapolas, los botones de oro o los lirios morados de mayo, quién?... 

Sin voz, ¿quién cantará y contará las hazañas de los pueblos, quién?... ¿Quién le dirá a ese o a esa que también fueron el centro del mundo, quién?... Y sin voz, ¿cómo le dice el poeta a su amada que una noche de haikus la llama del portátil la tiznaría de azul, cómo?... 


Y sin voz ¿cómo podríamos levantar el tono de voz exclamando ¡Que caiga el favorito!, cómo?... ¿Cómo podríamos abominar de las guerras desde el silencio, cómo?... Porque a veces, en su tarea, el poeta  tiene que renegar de coserse los labios porque 'la chica tiene marcas de heridas en los pies'. Y hay que decirlo. Como hay que cantarle las cuarenta a las compañías eléctricas, a los bancos y a las multinacionales... Pero eso es otra historia.

Ante todas estas cosas mira para la puerta y la ve a ella. La ve salir. Y dirigiéndose a su amada le habla: 'Me hace gracia porque dices por qué sonríes sonriendo'. Fin.

Hasta aquí este breve poemario. Este aire fresco. Joven. 

Gracias a su autor y al amigo Antonio Tejedor.

Ahora bien, tenemos que ponerle un pero. Nobleza obliga. Nos hubiera gustado (es subjetivo) una mayor acidez con el sistema. Con esta mierda de sociedad. No un panfleto, no. Aunque tampoco despreciamos los panfletos poéticos. Los poemas de lucha. Si tienen arte, pueden hacer hervir la sangre e incitar 'a moverse los unos hacia los otros'. Un Ejemplo el guatemalteco Julio Fausto Aguilera: 
"Con un verso, /  es verdad, / no votas a un tirano.
Con un verso no llevas pan y techo / al niño vagabundo, / no llevas medicinas / al campesino enfermo.
Sobre todo, no puedes / hacerlo ahora mismo.
Pero... Vamos a ver:
Un verso / bien nacido y vigoroso, / y otro más encendido, / y otro más desvelo, / y otro verso más fuerte y más veraz, / le dan vida / a un sueño que recogieron / tierno, / y ese sueño de muchos, ya nutrido, / se vuelve una conciencia, / y esa conciencia, una pasión, un ansia...
Hasta que un día, / todo / -sueño,  conciencia, anhelo-, / compacto se organiza... / y entonces / viene el grito, / y el puño, / y la conquista...
En la efigie de la conquista brilla una diadema: el verso."
Le hemos leído por ahí, sin saber el por qué, que no le gusta hacer poesía social. Le parece un panfleto. Aunque lo entendemos. Viniéndonos, al respecto, el recuerdo de lo que le ocurrió a Gil de Biedma con el poema 'Pandémica y Celeste' al reescribirlo colocándole palabras como joder, polla, coño y alguna otra de ese matiz sexual. No lo aguantó. Le pareció malsonante. Feo. Y es que, según Ramón Irigoyen, tenía en el cerebro metido el catecismo católico del Padre Astete. Quería decir que tanto nos han lavado el coco que no sabemos salir de los cánones marcados. 

Puede que al poeta aragonés le ocurra algo parecido. O no. Tantas toneladas de ideología conteniendo las palabras tolerancia, respeto, diálogo, perdón, olvido... Muy bonitas pero en una sola dirección. Tanto machacar en esa dirección que, por ejemplo, las palabras ricos y pobres, amos y criados, explotadores y explotados, proletarios y capitalistas, lucha de clases, opresión, rebeldía, protesta, huelga... nos suenan mal en un poema. Poema malsonante. ¡Bah, un panfleto! 


Cuando se rueda una película de lucha popular, de lucha de clases, pobres contra ricos (a veces ocurre en la historia, no lo hemos inventado) se dice que es una película política, demagógica, violenta, intolerante... ¡Bah, panfletaria! Eso dicen, por ejemplo, de los films de Ken Loach. Pero películas de ese jaez nos las echan todos los días y a todas las horas (los yanquis sobre todo) y nadie dice nada. ¿No será que tienen, o tenemos, en el coco, gravado, el catecismo burgués del Capital?

José Mª Amigo Zamorano

__________
Destacamos algunos poemas:

Un silencio es un bosque
poco a poco sin luz

se escucha el movimiento
de animales nocturnos
las tramas de los árboles

se presiente algo malo
que casi nunca ocurre

y te deja sin pájaros.

(Zaragoza, octubre de 2009)

---

Te han encarnado
en mi sueño los álamos
desnuda y ávida

noche de haikus
la llama del portátil
te tizna azul.

(Zaragoza, febrero de 2010)

---

Me pasa como a Truffaut

detesto las películas de guerra

solo salvo el momento
en que saco tu foto del bolsillo
y me pongo a mirarla en la trichera

con los pies en el barro

y dejan de escucharse los disparos.

(Zaragoza, mayo de 2010)

José Mª Amigo: Un poemario de Isabelita Escudero



Con fecha de octubre del 2010, la prestigiosa editorial valenciana Pre-Textos ha editado la obra de Isabel Escudero 'Nunca se sabe', título sugerente y juego de palabras muy usado por el común de las personas de habla castellana. Consta de 12 partes, a saber: 'Harapos I, II y III; 'Flor de vejez'; 'Ceniza de rosas'; 'Farolillos y candiles'; 'Poca cosa'; 'Ropa tendía'; 'Tu y yo'; 'Aullidos'; 'Coplas libertarias'; y 'Adivinanzas'; además un epílogo de rótulo 'De las mujeres'.

Poemario compuesto, generalmente, con poemas que denominan de arte menor; es decir: de pocos versos: coplas, proverbios, canciones, acertijos que, como la autora escribe, 'imitan al pueblo (que, al no ser nadie, es el solo dueño de la lengua viva) en los juegos de sabia polimetría, asonancias y otros trucos'. 'Y, en cualquier caso, -seguimos leyendo la introducción de Isabel Escudero- poco pueden parecerse a lo que hoy día se produce y se vende como poesía, ¡qué se le va a hacer!'.

Pero la raíz, el origen de estas composiciones, no está solo en el pueblo sino que, en numerosos casos, son expresión de los sentimientos que embargan a la creadora y otras, las menos, emanan de haikus o josrasani japoneses de Abbas Kiarostani, Taneda Santôka e Issa Kobayasi.

 (Este último tiene el mismo apellido que Takiji, escritor comunista japones nacido en 1903 y muerto, tras brutal tortura por la policía secreta, el 20 de febrero de 1933; su novela 'Kanikosen, el pesquero', en el que se reflejan los jóvenes japoneses sin empleo o con empleo precario, ha estado en el primer puesto de ventas en Japón y traducida y editada en España en marzo de 2010)

Otras influencias tiene la poesía de Isabel: la lírica tradicional, Antonio Machado, los cantaores andaluces, y sabemos, por otros poemarios, de José Bergamín. En este, nosotros hemos creido hallar influencias del poeta yanqui Robert Mezey: juicio aventurado pues, tal vez, no lo haya leído en su vida. Decimos aventurado, ya que nosotros no somos expertos en este tipo de poesía y puede que el arte menor toque, en otros paises, los que en el nuestro.

Las tres primeras partes y la siguiente (con poemas más largos que destacan del resto del libro), creemos nosotros, son las más líricas. Las tres primeras estás dedicadas a la memoria de Miguel Angel Velasco, poeta balear muy querido por Isabel Escudero y Agustín García Calvo. 'Harapos I' es, a nuestro juicio, un tenebroso vaivén, un ácido transcurrir de versos que reflejan el recuerdo doloroso del joven muerto y de la certidumbre en la caducidad de la vida, pero no de la vida en general, que se sabe desde que uno nace y es una sabiduría que resbala pues los muertos son los otros, sino la propia, la personal, la particular en cuanto que se ve acercarse peligrosamente.

Pondremos algún ejemplo. Y que la poetisa y la editorial nos perdonen ya que nuestra intención es dar a conocer la obra.

¿Qué pasa?:
lo mismo, lo de siempre,:
tu sombra, el agua,
el viento que aulla,
para nada.
---
Sin dejar huella:
vivir es verlas caer,
hojas y almas revuelas.
---
Entre dos muertes ando:
esa que ha de venir
y esta que va pasando.
---
Escalofrío:
sola en mi lecho,
me ha besado la noche,
blando murciélago.

Pero poco a poco, a lo largo de los tres 'Harapos', la tristeza, o la amargura, o el mal sabor de boca, se va atemperando casi hasta desaparecer. 'Los muertos mueren y las sombras pasas; lleva quien deja y vive el que ha vivido, yunques sonad, enmudeced campanas', aconsejaba Machado. Luego, aparecen de cuando en cuando: son rachas o ráfagas que llegan y pasan. El epílogo es como una explosión de alegría y es una gozada de los sentidos leer por ejemplo: 'Guirnalda de flores y frutos'. Los temas de estos poemillas titulados 'Nunca se sabe' ocupan, prácticamente, todo el arcoiris de las preocupaciones del Hombre: religión, política, economía, vida, muerte, amor, odio, celos...

Solo hay que dejar mecerse, llevarse, por la música y el ritmo de la palabra, de las palabras, sumergirnos y bañarnos en los recuerdos, que nos suscita la poeta extremeña, de la niñez o juventud, de pájaros, flores y plantas, de aromas... y volar, volar...

Al cerrar el libro podemos exclamar, pero no irónicamente como lo hacía el poeta, yanqui cómo no, Mark Strand:

La tinta chorrea de la comisura de mis labios. 
No hay alegría como la mía.
He estado comiendo poesía.

José Mª Amigo: Reseña del poemario 'Retorno al país natal'


Título en francés, en el original: Cahier d'un retour au pays natal
Rótulo en castellano: Retorno al país natal
Autor: Aimé Césaire
ILustraciones: Wifredo Lam
Grafismo: Spectre
Edita: Fundación Sinsonte
Ciudad: Zamora
AÑO: 2.007

Aimé Césaire, el poeta antillano, fundador, con Senghor y otros, del movimiento Negritud, nominado para Premio Nobel en numerosas ocasiones, murió el jueves 17 de abril de 2008. Había nacido en Basse-Pointe (Martinica) el 26 de junio de 1913. Su poemario más citado Cahier d'ún retour au pays natal (Cuaderno de un retorno al país natal) comienza a escribirlo a los 26 años en París, donde estudiaba, y lo publica, poco después, en la revista Volontés el año de 1939. Hay otras ediciones de él en años posteriores, corregidas y aumentadas.

Para el lector castellano publicó una traducción la escritora cubana Lydia Cabrera en 1942/45? siguiendo la primera versión del 'Cuaderno', de la que, numerosos autores, hablaban y prácticamente innencontrable. Que sepamos, ninguna otra traducción a nuestro idioma se ha vuelto a hacer. Como tampoco fue reeditada, hasta que, el año pasado, 2007, lo hizo una pequeña editorial, Fundación Sinsonte, radicada en Zamora, con el título original que le puso antaño la escritora cubana, 'Retorno al país natal', pero aumentada con poemas que le agregó su autor para la edición francesa de la revista 'Presence Africaine'. Estos versos añadidos aparecen en color, para diferenciarlos de los traducidos por Lydia Cabrera, informándonos de que han sido volcados al castellano por otra cubana, Lourdes Arencibia.

Esta reedición es, sin duda, un acontecimiento cultural de primer orden. Pero nos tememos que pasará desapercibida, para el gran público, al ser, como es, esta editorial una pequeña empresa con apenas 3 o 4 títulos y con escaso poder de penetración en el mercado. Además, las grandes editoriales ya se encargarán de que no tenga ni un segundo de publicidad ya que ellas copan ordenando lo que es y no es importante, dentro de la cultura impresa.

Y por otra parte, razones de índole económica ya que el todopoderoso mercado impone su ley, no estando este tipo de literatura muy acorde con los gustos del lector de este tiempo. El amodorramiento de las masas no apetece de un libro que les haga despertar de su modorra. Y el avance del racismo en toda Europa no hará muy atractivo a este autor que, para más inri, es negro. Como lo son los pobres que quieren asaltar el paraíso europeo en pateras, cayucos... hartos de pasar hambre. Atraídos por el escaparate multicolorista de los medios de comunicación social.

Y, en llegando a las urbes, descubren que no es, todo lo que brilla, oro. Que el oro real está en manos de unos pocos. Hallan de golpe la miseria, los mendigos, las ratas que son universales y no estaban en el escaparate. Y encuentran en España a 8 millones de pobres, según las estadísticas, que no se veían en el mostrador. Y ya de paso, se enteran de que la mayor parte de los jóvenes ganan menos de 1.000 euros. Y los llaman mileuristas. Si, esos que no tendrán una casa en su puta vida. Y son autóctonos. No foráneos. Son del país. No extranjeros. Son hijos de la patria. Son de España. ¡Cazi na!

Bien, para esos jóvenes mileuristas, para esos que apenas tienen para ir tirando, pero que aun no conocen las ratas universales, ni los cartones donde se envuelven los mendigos para poder dormir un poco calientes, ni las llagas, ni el hambre hambre, para todos ellos sería muy conveniente leer esta primera obra de Aimé Césaire. Una lectura poética muy aleccionadora. Una cura de humildad. Una arcada intelectual. Les revolvería, quizás, las tripas e insuflaría un ánimo ciertamente revolucionario. Se darían cuenta que, la solo bulla rockera, no les conducirá a liberarse de sus múltiples esclavitudes. Que los matrix peliculeros deben ser ellos mismos, reunidos en muchedumbre, pero no esa 'extraña muchedumbre que no se junta, que no se rebela; hábil en descubrir el punto de castración, de fuga, de desvío', advierte Césaire; esa que 'se arrastra sobre las manos sin que jamás le venga en ganas hendir el cielo cobrando una estatura de protesta'.

Para comprender este libro haya que leerlo 'al morir el alba' (utilizamos la frase muy repetida del autor) y exclamar (como el poeta) ya desde el principio: 'lárgate, jeta de policía, cara de vaca, lárgate, odio a los lacayos del orden y a los abejones de la esperanza'. Porque no la hay, porque no existe, ahí, flotando, como una dama hermosa. Está en uno mismo como muchedumbre. Como clase de esclavos. Y cual esclavos necesitan dejar de serlo, pero para ello tienen que retornar a si mismos. Como son: una mierda jincada en un palo tomados así: uno a uno.

En el prefacio a este libro que comentamos, Lourdes Arencibia dice: 'las Antillas aparecen como el reino del engaño, la mentira, la resignación, las falsas promesas y el silencio'. Bueno, pues así se nos mostraría Europa a cada uno de nosotros, tras ese retorno al centro de cada uno, tras ese viaje introspectivo: una Europa de los mercaderes, de unos pocos, que son el Capital, donde reina la precariedad, el tente mientras cobro, la insolencia del jornalero prácticamente sin un euro, la ignorancia, estupidez y el orgullo de ser blanco, mientras se ríen, a carcajada limpia, por ejemplo, es un ejemplo, los banqueros blancos, negros, amarillos o aceitunados.

Ese viaje, es un viaje desde la altura. Al morir el alba. Al rayar el día. Desde un cielo o firmamento. En planos casi cinematográficos: la ciudad en su conjunto que se nos acerca, mostrando, cada vez más, los detalles: el barrio; la calle; las casas... hasta aterrizar de golpe: en golpe doloroso, en tremendo golpazo. Es como si bajáramos de un cielo nebuloso, o estrellado, de fantasía, hasta el áspero suelo de la tierra, dándonos una gran hostia en la cabeza; y justo precisamente 'donde derrama el mar sus inmundicias, sus gatos muertos, sus perros reventados'.

Es la primera parte de la aventura, pues nada más tocar tierra hay que proseguir el camino. Partir. Para hacerse hombre. Pero una clase de hombre especialmente sensibilizado: 'seré un hombre judío / un hombre cafre / un hombre hindú de Calcuta / un hombre de Harlem que no vota...'

Partir. 'Y regresando me diría a mi mismo: y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar doloroso no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza...'

Aimé Césaire lo escribe al principio de la partida. Lo hace como principio. Pero es conclusión final de viaje. Finiquito de una jira por el mundo. Lección primera que nos da la vida: hay que comprometerse, remangarse los brazos, meter las manos en el barro, en el cieno, en el limo, en el barrizal, en el légamo... para mostrarlas en alto, al claro pentagrama del día, para que resalten. Lo hace, a su vez, con la malévola y meridiana intención de sacudir a los parados, demostrando, así, que no va a permanecer quieto, inmovilizado, inerte, sentado en el poyo, a la puerta de su casa, para ver pasar el cadáver de su enemigo. No. Quiere actuar, moverse.

Ejemplos, modelos, héroes, mártires, los tienes a paladas. Pero escoge uno: Toussaint, Toussaint Louverture. El cochero. El cochero haitiano. El cochero haitiano esclavo. Que se levantó en Haití. Que sublevó a la negrada esclava. Que la puso en pie. Y logró la primera victoria: el ser libres. 'Es mío / un hombre sólo preso de blancura / un hombre solo desafía los gritos de la muerte / blanca', aludiendo a la agonía de Toussaint, el rebelde, en la cárcel helada de Francia, donde murió, lejos de su cálida Haití natal.

Y todo el cuaderno, todo el poema en prosa son '¿Palabras? Ah si, palabras', dice Césaire. Añadiendo:'Quien no me entiende tampoco entenderá el rugido del tigre'. Y, si, todo el poema, del gran poeta antillano, de influencia surrealista, es un rugido violentísimo. Gritos, aullidos, frémitos. Porque sabe, como sabemos, y como intuyen todos los mileuristas españoles más avanzados, todos los trabajadores europeos mas conscientes, todos los asalariados del mundo con conciencia de clase, que a pesar de 'no haber inventado ni pólvora ni brújula', 'ni explorado mares ni cielos', 'se han encorvado de tanto arrodillarse' y sin embargo 'sin ellos la tierra no sería la tierra'.

'Y yo me digo Burdeos y Nantes y Liverpool / y Nueva York y San Francisco / ni un pedazo de este mundo que no lleve mi impresión digital'. Constata Aimé Césaire con orgullo.

Pero en un viaje de retorno, después del partir, en llegando no se va a poner a halagar a sus conciudadanos de la Martinica. No va a acariciar los oídos. No lo ha escrito para eso. Si lo leemos hoy, ahora, en este momento, nos quedarán prendidos en el ojal de la memoria estos versos: 'Me niego a considerar mis hinchazones como glorias verdaderas / y me río de mis antiguas imaginaciones pueriles', porque 'quiero convenir que fuimos, en todos los tiempos muy ramplones lavaplatos, limpiabotas sin embergadura, y considerando las cosas lo mejor posible, hechiceros bastante concienzudos siendo el único record indiscutible que hemos batido el de la paciencia en soportar el látigo...'.

Si, reconozcámoslo, a pesar de estar jodidos, de estar machacados por muchas horas de currelo, por menos de 1000 euros al mes, angustiados por hipotecas que cuelgan de nosotros como sogas, del dolor del cabeza cada vez que llega la letra del coche y un largo etcétera, nosotros, muchos, muchísimos de nosotros, morimos sin un lamento. Luego... hay que reconocerlo, también soportamos pacientemente el látigo.

Esto es 'cómico y feo', Aimé Césaire pone con mayúsculas la comicidad y fealdad de su acción: en alguna ocasión se ha reído de algún hermano, como nos hemos reído de nosotros mismos pensando que nos reíamos del vecino. Por eso deberíamos cambiar. Llenarnos de humildad y valentía. Y prorrumpe Césaire: '¡Hacedme rebelde a toda vanidad, pero dócil a su genio / como el puño al extremo del brazo!'; 'ha llegado el tiempo de ceñirme la cintura como un valiente. / Mas (al hacerlo) preservadme, mi corazón, de todo odio'. '¡Ved el árbol de nuestras manos! / Gira para todos', 'para todos trabaja la tierra'.

Ha encontrado su sitio Aimé Césaire. Ha hallado su lugar en el mundo. Retornado a si... : 'Y ahora estamos de pie mi país y yo, al viento los cabellos, mis manos pequeñas en su puño enorme y la fuerza no está en nosotros, sino por encima de nosotros, en una voz que perfora la noche y el oído con la agudeza de una avispa apocaliptica'. ¿Es el final del camino?...

Casi al instante se da cuenta que su lucha no termina ahí, 'pues no es cierto que la obra del hombre ha terminado', 'mas la obra del hombre apenas ha comenzado'.

Por eso, porque no ha terminado el camino, mileuristas de todos los países, uníos por encima de razas. Hay aun mucho por hacer. Ligaos todos. Decidlo con Aimé Césaire:

'Liga mi negra vibración al ombligo / del mundo. / Lígame áspera fraternidad'.

Pronunciadlo. Total, nada tenéis que perder. Porque nada tenéis. Ni tan siquiera una puta casa donde meter el culo. Seguro. A no ser que os mováis como una muchedumbre organizada. Y eso... está por ver.

José Mª Sánchez Hernández, no te olvidamos


Palabras (*) para el homenaje a José Mª Sánchez Hernández
Homenaje a José María Sánchez Hernández
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. “López Aranguren”
Fecha: 25 de abril de 2008
Hora. 19:30
Ávila, 10 de abril de 2008

Hola Yolanda, como te dijimos esta mañana, a esa hora no podemos ir. Y lo sentimos. A mi compañera Puri, además, le cuesta ahora andar porque tiene dolores en el pie derecho. De modo que todo se une para impedir asistir a ese justo homenaje a un buen hombre, compañero amable, amigo sin tacha y camarada donde los haya. Comunicárselo a su mujer e hijo.

Hemos escrito estas palabras que van a continuación por si consideráis oportuno leerlas:
.
Cuando José Luis, ese compañero de CCOO, nos comunicó, por teléfono, la noticia de tu muerte, se nos puso un nudo en la garganta y no supimos qué decirte. Ahora, sí, te las vamos a decir; para ser más exactos te las vamos a leer, porque no somos de los que hablamos en público sin inmutarnos, sino que necesitamos el apoyo de un papel, de estas cuartillas; ya nos vas a perdonar si lo leemos entrecortadamente, si la emoción nos agarrota, si las palabras se nos quiebran, si la lengua se nos traba, pero tu comprenderás que no somos de piedra. Y más teniendo aquí presentes a tu esposa Tere y a tu hijo Aitor.

Ahora, si, como decíamos antes, queremos decirte unas cosas, José Mª Sánchez Hernández, amigo, compañero, camarada (así nos llamabas, porque lo éramos por encima de siglas, de partidos, de bandos, de banderías de izquierdas vividoras de política), maestro de niños y de adultos, José Mª Sánchez Hernández, sentías, sentíamos, como una bofetada en el rostro las injusticias de este muladar hediondo que es este mundo capitalista.

Decimos lo de las injusticias del mundo porque, aunque habías nacido en Ávila y habías dado clases a niños en Granada, todo ello dentro de España, era tu espíritu... como decírtelo... un espíritu del Hombre; del Hombre sin fronteras, ni razas; y, por lo tanto y como consecuencia, de la liberación del Hombre; y, por lo tanto y como consecuencia, de la miseria del Hombre; que quiere decir, sobre todo, de la clase obrera y de los pueblos más oprimidos del mundo.

Intentaste paliar el sufrimiento, poner un grano de arena en pos de la felicidad, a tu manera, de esos pueblos. Te comprometiste con el pueblo saharaui. Y por eso, en tu casa, disfrutaron, por ejemplo, algunos niños saharauis, a los que acogías, durante años; eras un hombre solidario; un hombre hospitalario; a nosotros también nos acogiste; nos diste hospitalidad; y no solo eso, cuando llegamos, desde Euskadi, a Castilla, hartos de estar allí, nos ayudaste.

Decimos hartos no porque estuvièramos hartos del pueblo vasco y su lucha; nunca se nos ocurriría hablar mal de ese pueblo, ni de sus 'borrokas' (luchadores), de sus 'abertzales' (patriotas), no; hemos admirado siempre su lucha, su resistencia; pero aun admirando su dignidad, su combate, esa no era nuestra lucha, ese no era nuestro anhelo; nosotros no éramos independentistas, ni 'abertzales', ni 'borrokas' en su sentido de la palabra, no; éramos luchadores por la República; nunca nos gustó esta monarquía, heredada del franquismo; hemos visto con desconfianza que, el jefe del estado, el rey, coronado por el dictador Franco, sea jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire; porque, es un decir, si por una casualidad democrática ocurriera, como el 14 de abril de 1931, que el pueblo se manifestara por una república, ¿qué haría el jefe de los ejércitos de los ejércitos de tierra, mar y aire, que es jefe de estado y rey?... ¿se estaría quieto?...

Sabemos que esto, ahora, es una pregunta de ciencia ficción, pero ciencia en última instancia; de esto hablamos en numerosas ocasiones, ¿te acuerdas?... y por eso y por mas cosas éramos republicanos...

Pero nos hemos apartado, un poco, de nuestra llegada a Castilla donde tu nos acogiste...

Antes de seguir, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, tenemos que decir que, cuando hemos declarado nuestra admiración por el pueblo vasco y sus luchas, sus 'borrokas', sus 'abertzales', no nos estamos refiriendo a las acciones de Eta, que nunca hemos aprobado, por aquello que dice la Internacional de que 'ni en dios ni el reyes ni en tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor', nosotros mismos, pero no solo por eso sino porque sus atentados terroristas no hacen mas que fortalecer a la más negra reacción derechista, al españolismo más rancio; cuando hablábamos de esa admiración, nos estábamos refiriendo a sus tesón independentista, sus empeño en conservar su lengua, sus costumbres, su idiosincrasia...

Decíamos que, cuando nos acogiste, también nos aconsejaste, nos acompañaste para que no camináramos como extraños; y cuando nos vimos solos ante la represión del Director Provincial de Enseñanza, de cuyo nombre no queremos acordarnos, por haber publicado un artículo de opiníón, solo por eso, tú, con otros compañeros de CCOO, nos arropasteis; es más estuviste a nuestro lado cuando los inspectores, de la alta inspección del estado, se lanzaron como buitres a interrogarnos; y, por último, cuando la depresión nos hundió, por un tiempo, en un pozo oscuro, nos llamabas por teléfono, casi diariamente, animándonos a seguir, a no dejarnos derrotar así como así, del mismo modo que Sancho le aconsejaba a Don Quijote en el lecho de muerte, a no dejarse morir.

Y ahora amigo, compañero, camarada... nosotros no hemos podido hacer nada por ti... ya no vendrás nunca, jamás, a visitarnos como nos habías prometido, no acudirás ya más a ayudarnos, a aconsejarnos, a animarnos... porque la Muerte, la Gran Hija de los Dioses, vestida de negro o de blanco, descorazonadora siempre, con su guadaña llegó y sin ninguna piedad, te llevó.

¡Qué pena, madre, qué pena! Porque la primavera venía cortando trozos de hielo. Dejaba ya asomar tímidamente las flores. ¡Qué pena, madre, qué pena! Porque el 14 de Abril se acercaba. Y el Primero de Mayo estaba, con sus rojas banderas, a la vuelta del último recodo, con sus rojas banderas de dignidad y de combate. ¡Qué pena, madre, qué pena!... que antes de que todo estos acontecimientos primaverales llegaran a ocurrir, te derramaste para siempre...

Pero no te has ido, no, amigo, compañero, camarada, permanecerás en el recuerdo para derrota de esa Gran Hija de los Dioses, de esa impía guadañadora, porque este homenaje es un arma contra 'el olvido oxidado que todo lo entierra'.

Ya el 14 de Abril gritamos, en tu honor, un ¡Viva la República! Y este 1º de Mayo, sus rojas banderas de dignidad y de combate, de la lucha obrera y proletaria, flamearán en tu recuerdo.

Y ahora, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, permítenos que para cerrar este recordatorio, nos dirijamos a tu compañera, a tu querida esposa Tere y a tu querido hijo Aitor, para, con palabras de otro camarada, del poeta Pablo Neruda, en su oda al 'Cactus de la Costa', os haga desterrar el desconsuelo, la desesperanza, la tristeza, la amargura, la soledad; decía así el poeta:

Oda al cactus de la costa

Pequeña
masa pura
de espinas estrelladas,
cactus de las arenas,
enemigo,
el poeta
saluda
tu salud erizada:
en invierno
te he visto:
la bruma carcomiendo
el roquerío,
los truenos
del oleaje
caían
contra Chile,
la sal tumbando estatuas,
el espacio
ocupado
por las arrolladoras
plumas de la tormenta,
y tú,
pequeño
héroe
erizado,
tranquilo
entre dos piedras,
inmóvil,
sin ojos y sin hojas,
sin nidos y sin nervios,
duro, con tus raíces
minerales
como argollas terrestres
metidas
en el hierro del planeta,
y encima
una cabeza,
una minúscula
y espinosa cabeza
inmóvil,
firme, pura,
sola en la trepidante oceanía,
en el huracanado territorio.

Más tarde agosto llega,
la primavera duerme
confundida en el frío
del hemisferio negro,
todo en la costa tiene
sabor negro,
las olas
se repiten
como pianos,
el cielo
es una nave
derribada, enlutada,
el mundo es un naufragio,
y entonces
te escogió la primavera
para volver
a ver
la luz sobre la tierra
y asoman
dos gotas de la sangre
de su parto
en dos de tus espinas solitarias,
y nace
allí
entre piedras,
entre tus alfileres,
nace
de nuevo
la marina
primavera,
la celeste y terrestre
primavera.

Allí, de todo
lo que existe, fragante,
aéreo, consumado,
lo que tiembla en las hojas
del limonero o entre
los aromas dormidos
de la imperial magnolia,
de todo lo que espera
su llegada,
tú, cactus de las arenas,
pequeño bruto inmòvil,
solitario,
tú fuiste el elegido
y pronto
antes de que otra flor te desafiara
los botones
de sangre
de tus sagrados
se hicieron flor rosada,
pétalos milagrosos.

Así es la historia,
y ésta
es la moral
de mí poema:
donde
estés, donde vivas,
en la última
soledad de este mundo,
en el azote
de la furia terrestre,
en el rincón
de las humillaciones,
hermano,
hermana,
espera,
trabaja
firme
con tu pequeño ser y tus raíces.

Un día
para tí,
para todos,
saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado, hermano,
hermana,
no te ha olvidado,
no,
la primavera:
yo te lo digo,
yo te lo aseguro,
porque el cactus terrible,
el erizado
hijo de las arenas,
conversando
conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón desconsolado.

Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera,
estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.

-------
(*) Nota:
Este texto es una ampliación de las palabras que pronunciamos en el homenaje a José Mª Sánchez Hernández. Todo esto nos hubiera gustado decir. Y aunque lo esencial lo leímos, hubo algunas cosillas que se nos quedaron en la mente y aquí dejamos constancia escrita. Como tampoco leímos la oda entera, sólo los 7 últimos versos, como hubiera sido nuestro deseo de haber sabido, con más tiempo, que este homenaje se iba realizar.