jueves, 14 de junio de 2012

Camino armonioso de Concha Barbero



martes, 7 de agosto de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Concha Barbero de Dompablo, camino de la armonía

Una regla científica es sin duda lo que mejor define el libro que vamos a comentar: los cambios cuantitativos conducen a transformaciones cualitativas. Al fin y al cabo es lo que nos viene a contar Concha Barbero de Dompablo. La cual, en su libro, Palabras para el Bienestar (Un camino hacia la armonía y la plenitud vital), que así se rotula el viaje emprendido, hacia ese estado de felicidad, por la autora. Lo inicia con la pregunta "¿Eres feliz?". Una interrogación necesaria que indica de manera transparente, sin engaños, sin subterfugios, que si la respuesta es afirmativa no es necesario adentrarse en las procelosas aguas de su trayectoria. En cambio, si la respuesta que se da es negativa, adquieren relevancia las Palabras para el Bienestar que han de conducir, irremediablemente, al capítulo último: "Vives el ahora. Te encuentras con tu ser".

Pero, que nadie se llame a engaño con eso de utilizar el vocablo 'Palabra', pues no se trata de un hablar por hablar, pura palabrería, no; es, en realidad, la experiencia de la autora con el fin de llenar de contenido su vacío... aunque 'vacío', para ser exactos, no es la palabra adecuada... mas bien de llenarse de otra manera, porque, en puridad, nadie está vacío absolutamente; nadie, nunca, está en pura cáscara...

En fin, lo que la autora necesita es un cambio, un cambio de personalidad, para una transformación, si cabe, del mundo: un mundo que no le gusta y nos lo repite varias veces. Empero que algun@s no se pongan en guardia, a la defensiva, su experiencia vital no va en la dirección de poner patas arriba la estructura y superestructura de la sociedad en la que viven... tan a gustito, no: en absoluto; aunque, bien mirado, si se consigue acceder a ese estadio, el mundo marcharía mucho mejor.

Para esa transformación de ella, de Concha Barbero, es imprescindible arribar a un conocimiento cabal de ella misma, como recomendaba Sócrates con su imperiosa exclamación "¡Conócete a ti mismo!".

Y es aquí donde comienza su viaje, no exento de dificultades, de trampas, de vericuetos que tiene nuestro ser, labrado a lo largo de muchos años, y semejantes, a veces, de callejones sin salida que, solo, la voluntad de la autora consigue traspasar.

Poco a poco va consiguiendo salvar vaches sin cuento, aunque, hay que decirlo todo, no es, en modo alguno, un camino erizado de espinas, ascético, se recomienda no tomárselo a la tremenda; es decir: sin traumas, sin estridencias, sin alaridos... un periplo en derredor de ella misma: limpiando impurezas, arrancando rebabas, desechando vanalidades, apartando lugares comunes, arrinconando contradicciones muy arraigadas en el común de las gentes... Un día, de repente, se notará otra, siendo ella misma. Un paso más allá y las pequeñas estupideces desaparecen, la insustancialidad se volatiliza, la ironía nace, el buen humor se impone. Ella ha cambiado y con ella el entorno, que la envuelve, la arropa, la cubre, la encastilla. 

Por eso decíamos al principio que la cantidad deviene en cualidad.

Ya ha llegado al 'Vivir el ahora. Se encuentra con su ser'. Entonces grita, grita de alegría, se emociona, salta, ríe y, sin importarle el qué diran, se pone a bailar sin ton ni son, porque le apetece... Ella es feliz. El mundo es feliz: ha llegado a la Armonía y a la Plenitud Vital y colorín colorado...

Pero no, no es un cuento, es camino para librarnos de contradicciones que se nos adhieren pegajosamente al ser como una lapa; camino para adquirir la coherencia precisa para andar por el mundo con dignidad. Tal vez no nos convenza este modo de ver la realidad, pero es indudable que para ser felices, primero y principalmente, hay conocerse a uno mismo. Este libro nos coloca en el buen sendero. 

Lean el libro de Concha Barbero. Además está muy bien escrito. Con palabras llanas. "Llaneza muchacho que toda afectación es mala", nos aconsejaba Cervantes. Pues eso, libro llano. Rara avis en uno primerizo como es este de Concha Barbero de Dompablo.

José Mª Amigo Zamorano: Añacea del Gallo, Corrida del Gallo


miércoles, 22 de agosto de 2007

Corrida del Gallo, Añacea del Gallo

La así denominada ‘Corrida del Gallo’ o ‘Fiesta del Gallo’ es digna de ser estudiada por esos que indagan en las tradiciones y costumbres de los pueblos, al estilo de antropólogos como el inglés Bronislav Kasper Malinowski o el español Julio Caro Baroja y otros. Ahora, más urgente porque está desapareciendo, obligada por la disminución alarmante de comunidades campesinas en el mundo entero.

Siempre nos ha obsesionado este festejo de algunos pueblos de la provincia de Zamora (España) que, creemos, es como una preparación o introducción al mundo adulto. Pareciéndonos, quizás nos confundamos, a ceremonias iniciáticas semejantes a las que se celebran en numerosas aldeas africanas rodeándose de ritos secretos, o semisecretos, y algunos dolorosos o sangrientos: recordamos la extirpación del clítoris en las niñas que terminan la pubertad. Aquí ya ha perdido esa aureola secreta, misteriosa, pero guarda un cierto sabor añejo a sangre.

Nosotros, como puede leerse, la hemos rebautizado con una palabra en desuso ‘Añacea’ para darle más antigüedad al asunto: en vez de ‘corrida’ o ‘fiesta’, añacea.

Si no nos falla la memoria creemos recordar que se celebra o celebraba en invierno, apellidándola ‘del gallo’ por ser un elemento primordial de la ceremonia al que todos miran, del que todos hablan y al que todos se dirigen, no en vano anuncia el pronto amanecer con su kikirikí, la apertura de un nuevo día y el fin de las tinieblas donde se fraguan las más tremendas canalladas. Lo llevan a las afueras del pueblo. Y, atado por las patas, lo cuelgan de una cuerda que une dos vigas colocadas a ambos lados de un camino cualquiera. Hacia allá se encaminan, a la caída de la tarde invernal, los habitantes de la comunidad. Luego acuden los quintos. Todos los de la quinta de ese año. Lo hacen a caballo, vestidos de militares y con espada al cinto.

La fiesta, en si, comienza cuando el capitán (el mayor de los jóvenes que entran en quinta) presenta, a los espectadores, desde su caballo, al resto de compañeros. Lo hace en verso. A veces son solo ripios. Pero eso, es lo de menos. Luego de terminada la presentación, le pide a la orquesta (la orquesta son unos pocos músicos que se colocan al lado del camino) que interpreten una pieza mientras ellos cabalgan un buen trecho. De regreso de la primera cabalgada, uno tras otro, los componentes de la quintada, todos a caballo y con espada al cinto, van recitando unas composiciones poéticas llamadas ‘Relaciones’.

(Por cierto, así nombra su Martín Fierro el poeta argentino José Hernández: “Y atiendan la relación / que hace un gaucho perseguido, / que padre y marido ha sido / empeñoso y diligente, / y sin embargo la gente / lo tiene por un bandido”)

El último en declamar su ‘relación’ es el capitán.

La forma de estas ‘relaciones’ se ajusta a cánones predeterminados: en primer lugar enumera (hace una relación) la vida del mozo que, este, quiere destacar, reparte el gallo en trozos, simbólicamente, pues sigue vivito y coleando en la cuerda a pesar de los intentos de cortarle el cuello con las espadas que los caballistas no saben manejar. En el reparto, las partes mejores se la llevan la madre, el padre y la novia (si la tiene): el corazón (generalmente para la madre), los muslos (al padre)...; y las partes peores las personas más detestadas: patas, tripas, plumas...

Las composiciones serán mejores o peores dependiendo del bardo que las escriba. Porque hay o había ciertos campesinos a los que se les daba muy bien eso de componer coplas, tanto que muchos acudían, de varios pueblos a la redonda, para solicitar de sus servicios poéticos.

Si a pesar de la escasa natalidad ha pervivido esta tradicional justa poético caballeresca, se debe a la incorporación de la mujer a la Fiesta del Gallo, a la Corrida del Gallo. Y es que, en este terreno como en otros, la mujer ha metido la cabeza para no volverla a sacar. Se venían de los más alejados núcleos de población hasta el pueblo de sus padres para participar en este festejo de origen iniciático. Con todo, hay que decirlo, el creciente abandono del campo es continuo y hay años que no se puede realizar esta celebración porque solo hay uno o nadie... Por eso decimos que es urgente que se recojan en libros estas fiestas... Que se publique el mayor número de ‘relaciones’... Hurgar en la memoria de las gentes... A lo mejor ya se ha hecho... Nosotros lo ignoramos...


Comentario al Alijar de Urbano Blanco


 viernes, 7 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Urbano Blanco Cea y su libre determinación

Urbano Blanco Cea nos envió su libro 'El Alijar jara en flor'. Ha sido muy amable por su parte. 

Y se le agradece. Siempre ha sido muy considero con nosotros, sin que hayamos hecho nada especial.

Presentó el libro de poemas, porque es un libro de poemas, hace unos días en Las Navas del Marqués. Es lógico: El Alijar es una zona del pinar de este pueblo abulense y donde él nació. Uno de los poemas dice:

"La plenitud de la dignidad/se logra en el reconocimiento de los errores/los dioses también se equivocan/mas ignoran como duele el corazón/ y nunca rectifican./No les perturba la muerte/pero necesitan al hombre/pues sin él no existirían/De ahí su envidia."

Es toda una declaración de guerra a las ideas preconcebidas, un asentamiento en la tierra, en el mundo, en su propio ser como Hombre señor del Universo libre de dogmas. "Desconfiad de de dogmas", escribe. Y añade: "no hay cielo sin tierra, sin cuerpo no hay alma". De modo que apartadas las telarañas que impiden el desarrollo libre, abandonadas servidumbres de antaño, ya puede el poeta vivir en paz, reconociendo, eso si, que "esta calma" que siente ahora "debe ser la fe perdida" porque todos nos acordamos del catecismo que nos decía, dogmáticamente, que fe era creer lo que no vimos. Y Urbano quiere tener los sentidos alerta, en pleno rendimiento (incluso quiere dar luz a los ciegos y oído a los sordos) Mediante ellos quiere ver, oír, tocar... Y, sin huir de la muerte, como un cobarde, desea ante todo vivir. Arder con la carne hasta consumirse. Podría decirse que buena parte de sus versos tienen una innegable carga erótica, son casi carnales. Erotismo y carnalidad en la medida en que se refieren a su pueblo; en el que amaneció a los amores.

Nos imaginamos a Urbano Blanco Cea cuando abandona su trabajo, en los madriles, como bibliotecario del ilustre colegio de notarios, camino de Las Navas, que dicen del Marqués, como un emigrante que vuelve cada semana a su patria, a su tierra de pinares. Allí debe evocar un tiempo que se va yendo, pero que lo ha hecho hombre. Efectivamente, allí bebió su primer trago de cerveza, fumó su primer pitillo... y abriría, temblando, su boca al primer amor, al primer beso y a la primer caricia.

Lo ha moldeado este pueblo de Castilla, como ella hace con sus gentes; ya dice el romance que "face a los omes e los gasta". Claro que le ha marcado, como marcan a las personas sus tierras. No hay mas que ver a una persona por la calle para saber que es un emigrante. Tiene algo en todo su ser que lo denuncia como forastero del lugar. Algo de esto constató el gran periodista Kapucinski.

¿Qué es lo que hace inconfundible al forastero? Múltiples factores, siendo, quizá, la mirada nostálgica lo más característico: ese posar los ojos en las cosas que lo rodean, mientras está su mente recordando otros lugares para él más entrañables y que no están ahí.

Urbano, nos atrevemos a decirlo, es un emigrante en Madrid. Por eso comprende a esas gentes venidas de lejos. Y odia, por consiguiente, la xenofobia y el racismo. Así exclama en poema cortísimo: 

"¡Negro!/Como tu corazón/¡Negra!/ Como tu alma". 

Así de radical. No podía ser de otro modo este poeta que se proclama generoso: 

"Es muy sencillo: / cocina para otros/ sé generoso". 

Es un principio de vida que le permite caminar por el mundo y morir tranquilo: 

"dejadme elegir mi vida y por tanto mi muerte". 

Lean, lean a este poeta navero. Nosotros lo hemos hecho y lo hemos visto así, aunque tiene mas facetas y colores. Pero nuestra mirada, siguiendo a Pepe Bergamín, es una mirada subjetiva puesto que, como él decía, no somos objetos. 

Lean: "El Alijar jara en flor"; autor: Urbano Blanco Cea; colección: "el toro de granito 36"; dirigió: Jacinto Herrero Esteban; ciudad: Ávila.

Balconeo en 'Los crímenes del Museo del Prado'


 martes, 13 de mayo de 2008

José Mª Amigo Zamorano: Balconeo necesario en 'Los crímenes del Museo del Prado'
Novela: 'Los crímenes del Museo del Prado'
Autor: Tomás García Yebra

Balconear:
1. tr. Arg. y Ur. Observar los acontecimientos sin participar en ellos.
2. tr. Ur. Examinar una situación.
3. intr. coloq. Arg., Guat., Hond., P. Rico y Ur. Mirar, observar con curiosidad desde un balcón o cualquier otro sitio elevado. U. t. c. tr.

El escritor cuando emprende la redacción de un artículo, relato, ensayo... sabe que tiene que utilizar un lenguaje determinado acorde, claro, con la materia que maneja. Es un problema técnico que se le presenta casi en el primer momento. Hay otros.

En su novela, 'Los crímenes del Museo de Prado', Tomás García Yebra lo toca brevemente, si mal no recordamos, al hablar de cómo narrar una novela de crímenes sin que haya uno sólo muerto. O cómo llevar a cabo el asesinato del narrador. Y si lo hace, qué obstáculos pudiera encontrar a la hora de resolver la desaparición, así porque si, del dios de la narración, ese omnipotente ser que todo lo ve, que todo lo sabe, que es el que nos orienta por entre los vericuetos del alma de los protagonistas de la historia que se está contando.

Ese escoger las palabras adecuadas no es asunto menor, porque nos da el tono general de toda la trama novelada que leemos.

En el caso de la obra citada más arriba, Tomás García Yebra debió darse cuenta enseguida, por encima del entretenimiento de construir una novela, del polvorín que estaba manejando con su pluma: denuncia de turbios asuntos en torno a uno de los emblemas de la cultura nacional española; denuncia de la manipulación informativa a la que estamos sometidos. Ambos temas con suficiente potencia explosiva como para llevarlo por delante y convertirlo en picadillo. Si a esto se le agregan temas artísticos relacionados con Velazquez podría resultar un tocho abstruso de imposible digestión lectora. Metiéndose de hoz y de coz en un pantanoso intríngulis estúpido en el que los lectores tendrían la última decisión: meter el libro en la estantería para que comience el sueño de los justos, en el mejor de los casos.

Si a la hora de ponerse a redactar su novela la orientaba en plan de choque, como los periodistas de investigación, ya no era una novela sino un reportaje periodístico novelado con nombres y apellidos, que también se podía hacer. O lo dirigía como un relato agrio sobre y contra esos negocios tenebrosos; o esos intereses, lógicos pero amorales, de una publicación periódica que, solo y únicamente, tiene por objetivo vender a toda costa poniendo lo que el lector quiere y apartando la veracidad de lo que se cuenta, en aras de recoger la mayor cantidad de pasta gansa. Si se encaminaba por esa vereda, no podía más que llegar al callejón sin salida, que también se puede hacer, de disgustos sin cuento: jucios, amenazas, secuestro de obra, pérdida de empleo...

No. Necesitaba distanciarse, tenía obligación de forrarse de ironía, desenfado, gracia, chispa cordial... una cierta levedad de ser para flotar, como mucho rozar, por encima de tiempos y personas. Reirse de todo, hasta de su misma persona.

Estaba forzado a mirar desde una cierta altura para que la perspectiva transformara a los actores de los desaguisados en gusanitos arrastrándose lo más cómicamente posible. Necesitaba elevarse, flotar, balconear. Para eso tenía que subirse al balcón del cachondeo a fin de que la acritud fuera lo menos ácida posible. Podía corroerle por dentro las entrañas.

Desde el balcón balconeaba. Realizaba un balconeo saltándose edades, épocas, siglos. Conjugar el americanísimo verbo balconear. Y por lo tanto apartar los rostros repelentes de hoy en día de la proximidad de sus ojos.

No por casualidad utiliza, muy a menudo, en su novela, Tomás García Yebra, este término que, como ya hemos dicho, no es precisamente nacido en España.

Ese mirar desde una cierta altura sin involucrase en los acontecimientos era necesario para la buena realización de la novela. Nosotros nos fijamos en esa palabra porque ya hace tiempo compusimos algunos escritos introduciendo americanismos y palabras en desuso, cosa que no es nada apropiado porque te separa del común de las gentes, pero lo hicimos. Aquí una muestra:

"Allá quedó la desequida tierra
y el caz asolvado con barruecos.
Balconeo desde esta silampa
las albas flores del almendro."

Pues eso, balconeemos.

Mal se llevan Fernando Isaac Cardoso y el Vino


lunes, 5 de octubre de 2009

Fernando Isaac Cardoso y el Vino

Nos dedica, ahora, nuestro amigo, Antonio J. Escudero Ríos, este libro 'Utilidades del agua y de la nieve, del beber frío y caliente' de Fernando Isaac Cardoso. Es un libro reeditado por 'Hebraica edicciones'. En edición facsímil de la de 1637. Sacada en el 2003. Un poco tarde esta dedicatoria. 
Pero que agradecemos.

En su presentación, Jacobo Israel Garzón, quien, según separata que firma nuestro amigo Antonio, es presidente de la Comunidad Judía de Madrid, nos dice:

"Fernando Cardoso debió nacer en 1603 o 1604 en Trancoso, en la Beira portuguesa, población próxima a Celorico da Beira, en el seno de una familia de cristianos nuevos que seguramente conservaron algún tipo de judaismo. En esa misma región nacieron por esa misma época más o menos algunos de los más prominentes personajes del marranismo ilustrado del siglo XVII, como Rodrigo Méndez Silva, famoso por sus estudios genealógicos, Miguel Silveyra, poeta y matemático, y el erudito Tomás de Pinedo, pariente del anterior, nombres qque avalan la existencia de una comunidad judeoconversa culta y muy probablemente adinerada."

No vamos a tratar para nada de la obra, cualquier interesado puede hallar referencias en Internet mejor explicadas de lo que nosotros pudiéramos decir. Tampoco nos vamos a detener en la biografía del autor ya que en Wikipedia, por ejemplo, puede leerse muy bien redactada una. Solo queremos dar testimonio de esta dedicatoria de nuestro amigo. Y de paso, ya que es un libro sobre el agua, dejar constancia de que el autor no tiene más remedio que referirse, un poco, sobre el vino. Lo que nos ha alegrado.

Además, y lo queremos destacar, tanto elogio del agua, tanto elogio, sin una palabra piadosa acerca del vino nos hace temer que no es muy muy científica. Aunque solo sea porque el vino también tiene una cierta cantidad de agua.
De modo que el autor se ve obligado a decir, por ejemplo:

"No se me olvida el decir Horacio, que las Musas huelen a vino de mañana, y que Aristófanes, Alceo, y Enio nunca hacían buenos versos si primero a la vena no calentaba el vino. Lo mismo usaba Anacreonte, si bien le salió caro el gusto, pues bebiendo se ahogó con un grano de uva. (¡Vaya por Dios!) Las Romanas igual castigo recibían en el vino y en el adulterio. Las mujeres de Marsella y las de Mileto eran engrandecidas por aguadas..."

Y así sigue el Cardoso erre que erre contra el vino. Esperemos que Yavé o Jehová lo haya perdonado. Nosotros ya lo hemos hecho bebiéndonos unos tragos del divino vino de Tierra del Vino. De donde somos.

Fdo: José Mª Amigo Zamorano

José Mª Amigo: 'Me has hecho popular, José Mª'


martes, 10 de noviembre de 2009

José Mª Amigo Zamorano: Recordando a Eusebio García Luengo

Al recortarnos el bigote ante el espejo, un bigote blanco, nada simétrico, porque por una parte caen los pelos sumisos y por la otra se encrespan rebeldes; al recortarnos el bigote, decimos, nos hemos acordado del viejo escritor García Luengo (D. Eusebio) ¿Por qué? Bueno, porque tenía una barba de varios días que durante toda su vida se recortó él, sin que nunca fuera al barbero; Porque tenía una barba también insumisa; porque conversamos, aquí, en Las Navas del Marqués, durante más de 15 años, todos los veranos; porque sus charlas, sus palabras, sus observaciones, sus recuerdos, desembocaron, por nuestra parte, en amistad, en querencia; porque nos acordamos de él...

(Aquí hacemos un aparte; ¿nos consideraba don Eusebio García Luengo sus amigos?... No sabríamos afirmar que fuera recíproca esa amistad; aunque esto necesitaría algunas palabras mas por añadidura; veamos: nunca mostró un rechazo, la menor animadversión, ningún atisbo de malquerencia hacia nosotros, pero, a la edad que lo conocimos, ya con 80 años, alejado de la vida literaria y después de haber luchado tanto, vivido tanto, haber conocido a tantas personas, ser de verbo fácil, pues le gustaba hablar... no podríamos asegurar asegurar, rotundamente, que nos tuviera por amigos... sería muy arriesgado declararlo. Creemos que si. Y muestras contrarias no tenemos. Pero, como hijos de campesinos, tímidos como el propio D. Eusebio y rencos además, que se le va a hacer la culpa fue de la poliomielitis, somos desconfiados. Y de todas maneras ya no lo podremos averiguar si nos tenía por amigos, no podremos preguntárselo pues murió en el 2003 a los 93 años de edad. Dulcemente, al parecer. En la cama, de su casa de la calle Ibiza de Madrid. Y además hubiéra sido inútil, pues tenía tantas conchas o más que los galápagos, y como él decía, era tan cobarde que para no tener un enemigo más, se habría envuelto en palabras de las que no se iba a salir nunca, ¡jamás!, lo asediaras por donde lo asediases. Sin embargo, alguna consideración si que debió de tener con nosotros, aunque solo fuera porque le hicimos varios homenajes, uno con categoría de nacional, a su labor literaria y nunca, jamás, mostró rechazo alguno a estos propósitos nuestros.

Como él decía, lo dimos a conocer.
.
-Me has hecho popular.
.
En esas palabras había cierta verdad y mucha ironía, ya que estaba harto de que lo conocieran. En toda España. Pero, si, efectivamente, lo presentamos ante un numeroso público de veraneantes y gentes naveras, quienes, sorprendidos, descubrían que bajo la apariencia de un mendigo se escondía un hombre sabio, culto, de conversación agradable y fluida, sugestiva y atrayente.

Decíamos, apariencia de mendigo, o vagabundo, o pordiosero... Y si, la tenía. Cuerpo delgado, encorbado, con cayado, cara amojamada, con barba de varios días, cada pelo por su parte, cabello blanco, gorra de plato, ropas demasiado amplias, como de prestado, unos zapatos largos, desgastados, sin lustrar, demasiado grandes para él, quizás. Todo llevaba a la conclusión de que estábamos ante un pobre de solemnidad. Si a eso le añadimos las manchas en la pechera, o en otras partes del cuerpo, corroboraba aun más esa primera impresión. Hasta él nos dijo que, una vez, le dieron unas monedas como limosna. Y como viera que por mucha explicación que les dio los que depositaron la limosna no parecían escucharlo... se guardó 'las perras' y siguió andando.

Esa apariencia de mendigo, o vagabundo, o desarrapado, o... o también marginado, desvalido, débil, indefenso... llevaba a ciertas personas a acercase a él con ánimo conmiserativo. Nos contaba, al respecto, que, la calle Ibiza, donde tenía su residencia habitual, tiene un bulevard al que acudía muy a menudo sentándose, muchos ratos, en los bancos de ese paseo. A gastar el tiempo y a ver 'pasar al personal, como dicen en Madrid'. Explicaba sus numerosos paseos por la calle porque padecía de claustrofobia...
Bueno, sigamos con lo que les queríamos contar: se dio cuenta de que hacía varios días una señora, al pasar cerca del banco donde estaba sentado, lo miraba con cierto interés. Y ya, un día, se acercó interesándose por él: que de dónde era, que si se encontraba solo, que si necesitaba ayuda... D. Eusebio García Luengo, muy amable, le contestó que no, que no se encontraba solo, que vivía con un hijo y que más allá, y don Eusebio le señaló en una dirección de la calle Ibiza, vivía otro hijo, que no, que no era madrileño, que era de Puebla de Alcocer, un pueblo extremeño de la provincia de Badajoz, pero que llevaba viviendo en Madrid muchísimos años.

-Y vivo, ahí, en frente. Ahí vivo. Ahí tiene usted su casa, señora. Verá usted, si salgo fuera, a la calle, si me ve usted, aquí, tan a menudo, es porque padezco de claustrofobia.

La señora lo miró e hizo un gesto extraño.

-¿Padece usted de claustrofobia?...
.
-Si, señora. Soy claustrofóbico
.
La señora se fue separando poco a poco del escritor y...
.
-'Juyó'. 'Juyó' como alma que lleva el diablo... -nos decía Don Eusebio- ¿Qué pensaría esa buena mujer acerca de la 'claustrofobia?... Y si, reconozco 'mi torpe aliño indumentario', dicho con palabras de Machado (D. Antonio) Pero... solo ahora; antes... antes yo era muy elegante, distinguido y señorito. Modesto, pero señorito.

José Mª Amigo: Urdangarín... ¿punta del iceberg?


martes, 13 de diciembre de 2011

Caso Urdangarín... ¿la punta del iceberg?

Urdangarín, Urdangarín, Urdangarín... Semanas y semanas hablando y escribiendo de él. Pero, ¿a quién le importa este personaje que fue jugador de balonmano? A nadie. Cuando alguien habla o escribe de este vasco se está refiriendo a la Casa Real, a la Monarquía.  Y cuando se habla o se escribe de su suegro, Juan Carlos I, las ideas están apuntando a la Casa Real, a la Monarquía. Porque, ¿a quién le importa la persona de Juan Carlos de Borbón educado por el odiado dictador F.Franco y puesto por él de rey? ¿A quién le importa ese Borbón que vino a España, traido por el dictador, con una mano adelante y otra atrás, es decir sin un duro, y ahora ha amasado una fortuna limpiamente u oscuramente? A nadie del pueblo le importa nada. Pero, si están preocupados los poderes fácticos y los políticos que han construido este estado monárquico de las autonomías, donde ellos y la banca y las grandes empresas y la Iglesia Católica y el Ejército, hacen y deshacen a su antojo. Les quita el sueño no porque Juan Carlos I sea, según Martinez Inglés, la 'España de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes' transformado por la propaganda en cachondo, simpaticón, mujeriego, campechano, bebedor... porque, incluso, esas facetas, ante un sector del pueblo, lo hace popular.

-Es un macho. Todo un hombre. Con muchos cojones -dicen queriendo vivir opíparamente como el monarca.

No. Esto no les preocupa lo mas mínimo mientras la máquina del Estado funciones bien aceitada.

Ahora bien, en este momento de crisis, con tantos parados, pequeñas empresas y pequeños comercios cerrándose, que venga ahora un urdangarín cualquiera, yerno del Jefe del Estado, del Rey, y se le descubran cobros de millones de euros, enriqueciéndose, sin dar palo al agua, por ser quien es, usando su pertenencia a esa Casa Real para el lucro privado, no debe de verse, ante la mayoría del pueblo español en crisis, con buenos ojos. 

Pueblo que se hace preguntas: ¿cómo es que la Casa Real no se ha enterado de esos chachullos? Parece increible. Porque esa real casa cuenta con instrumentos, con herramientas, con agentes suficientes, para indagar en la vida y milagros de todos sus miembros. Entonces, ¿por qué lo ha consentido? ¿No es el Rey, Jefe del Estado, Jefe de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, responsable de la Casa Real? Y si lo sabía; ¿por qué no le paró los pies, o lo denunció? ¿Tiene esa Casa mayúscula algo mayúsculo que esconder? Las preguntas se van sucediendo, las dudas se amontonan: ¿Por qué si el Rey era pobre (suponemos que relativamente, claro, por un respeto a los pobres de verdad) se ha hecho tan rico? ¿De dónde le han venido las riquezas?...

-¡Nadie se se hace rico trabajando honradamente! -sentencia el clamor popular.

Que el pensamiento del pueblo se les vaya de las manos, a esas fuerzas económicas de banqueros, empresarios, eclesiásticos o militares, cuando al fondo aparece una alternativa de esperanza llamada República, no pueden consentirlo, les hace temblar. La República, en España,  siempre ha sido cosa del pueblo. Ya lo dice, además, la etimología de la palabra: república: cosa del pueblo. Hay sin embargo, dentro del mismo pueblo ciertos personajes que preguntan ensuciando el porvenir republicano:

- ¿Qué república? Porque hay repúblicas y repúblicas y monarquías y monarquías.

Es pregunta legítima. Aunque, aquí y ahora, es una manera de echarle un guante a la monarquía, heredera del franquismo. De darle oxígeno a un estado monárquico que hace aguas por la parte que mejor parecía que la tenía taponada: el Monarca, la Casa Real, el Juancarlismo. Pero ya conocemos esos argumentos en los que nos hablan de las monarquías escandinavas. Sabemos de esos desorientadores dentro del pueblo español, y de su curriculum primero revolucionario y luego vendedores charlatanes de valetudinarias monarquías. No hace falta decir nombres. Y para esos razonamientos tenemos aquella frase de Bergamín (D. José):

-Hacerse el sueco (Monarquía, Suecia) es hacerse el sordo.

Y esos poderes fácticos (con unos cuantos políticos) se hicieron los suecos poniéndonos una monarquía, con un rey educado por un dictador fascista, escamoteándole al pueblo el referendun monarquía / república con otra consulta engañosa, un  rey que es jefe de estado y, según la Constitución Monárquica, jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire, ¡ahí nada, y dicen que puro monigote!, un rey, al principio, nada querido por proceder de donde procedía y que durante estos años han querido popularizarlo transformándolo en un borrachín, simpaticón, campechano... 

-Y ahora nos llega un gilipollas, un yerno demasiado ambicioso, vasco para mas señas -maldice uno.

-Puede que sea un separatista -dice uno.

-Hasta un submarino de ETA -señala el de mas allá.

-Todo podría ser -añade un cuarto.

-Le diremos a Su Majestad que lo estudie -determinó el primero.

-Cualquier cosa antes de que se abra la veda; y jueces, prensa, radio y televisión indaguen en la Casa Real desestabilizando nuestra querida corona. 

Y es que se dan cuenta que de seguir así las cosas ya no se podrá sostener que los miembros de esa real casa sean intangibles, intocables ante la miseria reinante: el paro, los deshaucios, el desasosuego, las estrecheces... No es de recibo.

El pueblo, decíamos, ya se está haciendo preguntas: ¿No será el Caso Urdangarín la punta del iceberg?... ¿No se haría la Casa Real ignorante a sabiendas?... ¿Por qué tantos meses sin dercir nada?... ¿Por qué ahora aparta al yerno de los actos oficiales? Y sobre todo, ¿por qué en estos momentos dicen en la Casa Real que quieren ser transparentes con sus cuentas? ¿Por qué antes eran opacas? Y si quieren ser claros como el agua, ¿por qué no hacen públicas sus cuentas desde el origen?... Preguntas y mas preguntas.

El Caso Urdangarín está haciendo tambalear esta Monarquía. Una Monarqquía heredada del franquismo. Una Monarquía, como Estado, que permite a un partido, el PP, tener mayoría absoluta con solo el 30 % del electorado. Una Monarquía que ha aglutinado a franquistas y partidos de la oposición en su marco antipopular. Una Monarquía de la clase burguesa, donde utiliza las instituciones para enriquecerse y empobrecer al pueblo. Una Monarquía que despilfarra el dinero en aventuras militares por varios paíse del mundo con tal de tener contento al Ejército, mientras hunde a millones de trabajadores en el paro.

El que los trabajadores se hagan preguntas, despierten, y deriven su pensamiento hacia senderos difíciles de controlar les preocupa a los poderes fácticos. Eso les tiene en un sinvivir. Y es que el pueblo posee, es verdad, en el horizonte del amanecer a la República. Eso si les preocupa. No los urdangarines y juancarlos. 

¿Urdangarines y juancarlos? No les importan a nadie. Ni a esos poderes. Se buscan otros. Y solucionado. Lo malo, para ellos, es que, antes, el pueblo, tome conciencia de la inutilidad y perjuicio de la Monarquía y proclame la República. Como en el 1931. Y la República, en España, de siempre, históricamente hablando, es cosa del pueblo y no de unos pocos.