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lunes, 18 de junio de 2012

Así de fastidiadas están las cosas


Las cosas están así... de jodidas

Las cosas están así: unos cuantos (no sabemos la cantidad) queremos la República. Una república sin muchas concreciones. Vamos, una ruptura republicana. La Monarquía, heredada del franquismo, ya la conocemos. Por sus hechos.
Ahora bien, de esos deseadores de una república, que no sabemos cuantos somos, algunos están metidos en chiringuitos llamados partidos y se creen poseedores de la verdad republicana; otros, creemos que la mayoría, de los que anhelamos una república no estamos metidos ni seguimos las directrices de ningún chiringuito. No nos creemos detentadores de ninguna verdad republicana, pero tampoco nos hemos puesto a debatir cómo sería esa república que ansiamos de todo corazón. 
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Habría que decir que somos, en este sentido, espectadores. Sin que sintamos ningún orgullo por ello.
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Luego están los sindicatos (algunos de nosotros hemos estado o estamos afiliados a ellos) que tienen unas organizaciones poderosas. Se llaman mayoritarios; son CCOO y UGT. Esos sindicatos también comenzaron como chiringuitos, ahora son algo más que eso. En todo caso son chiringuitos descomunales. 
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Como no tienen ya cajas de resistencia no sirven para resistir huelgas obreras. Y si la lucha se prolonga, los obreros tienen que volver al currelo, tarde o temprano, con el rabo entre las piernas. Esos chiringuitos sindicales viven de las cuotas de los afiliados y de las subvenciones que el Estado les concede por muy diversas actividades. El Estado Capitalista. El Estado de los Capitalistas. 
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De modo que tienen que tener mucho cuidado con lo que hacen o con lo que dicen no sea que se queden sin subvenciones. Y entonces... entonces... ¿de qué van a vivir sus dirigentes? Porque con las cuotas de sus afiliados no les da ni para pipas. La aristocracia obrera no podría mantener su ritmo de vida. Y además, ¿cómo van a mantener la burocracia de la que se han rodeado? Tienen que pagar a todos esos empleados. De modo que, como decíamos más arriba, tienen que andarse con mucho tiento.
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En el estado de las cosas, no nos olvidamos de la patronal que, igual que los sindicatos, tienen sus organizaciones, sus locales, sus voceros, sus empleados... Tienen más dinero que los sindicatos que llaman obreros, aunque las sedes están muy cercanas. Fueron antes edificios de los sindicatos verticales, que así se llamaban a los sindicatos fascistas del franquismo. Por lo que están casi colindantes. Se ven muy a menudo, se reunen, hablan. Acuerdan cosas. Entre ellos. A esto lo llaman diálogo social. A este teatrillo o cambalache. Y en eso casi siempre pierden los trabajadores. No las cúpulas sindicales. Y sin embargo no pasa nada, sigue el diálogo social.
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Fuera del diálogo social (o dentro de él) están los partidos políticos que llaman mayoritarios: el PP y el PSOE. Para ciertos comentaristas es un solo partido: el PPSOE con su ala derecha (PP) y su ala izquierda (PSOE) y que en Euskadi podría decirse que forman ya un partido único gobernando. Ambos son partidos monárquicos. Chiringuitos descomunales monárquicos. Ambos han estado en el poder. Han gobernado. Se turnan. Tienen sus organizaciones, sus programas, sus medios de comunicación de masas que les siguen.
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No es facil diferenciarlos. Nos referimos a lo que defienden en los hechos. No en las palabras. En las palabras... bueno... en las palabras se diferencias un poco, tampoco mucho. Y en lo esencial nada.
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Se les puede diferenciar en el origen, en el nacimiento. Uno (el PP) viene del franquismo; el otro (el PSOE) procede de la oposición al franquismo y de la República... ¡Pero eso fue hace tantos años...! Se ha ido diluyendo desde el final del franquismo. Y, aun siendo importante, ya no tiene para sus dirigentes valor esencial. Veamos: unos no quieren que les llaman franquistas y para los otros... ¡ah, para los otros!.. la oposición y la República quedó tan lejos... Luego, estos, han estado en el Poder, han tocado tajada, han manejado, gobernando, la pasta... ya no son lo que eran: están a gusto con el Capital. Es más: son parte de ese Capital acumulado durante el franquismo. 
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De modo que, ambos, están llamados a entenderse. Defiende lo mismo. 
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Además los que estamos en frente, no sabemos cuantos, somos los deseadores de la República, los antifascistas, los antisistema nos llaman. Unos alborotadores. Para más inri deseamos otra manera de hacer las cosas, más popular, más justa; ¡aquí estamos, somos republicanos!, hemos gritado muchas veces; algunos, como nosotros, aunque no tenemos chiringuito deseamos una república popular y federativa, sin mayores concreciones. Pero ellos... no caben en eso. Creemos. De momento.
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Y por el momento ellos son los fuertes y nosotros los débiles.
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Más allá está el pueblo. Es decir, la mayoría de votantes o que no votan (los menos, claro) Son los espectadoress. Los de las gradas. Unas veces votan a uno de los grandes (de momento) y otras veces al otro (también de momento) porque están las cosas así y no se puede esconder esta realidad. Y es que siempre nos queda alguna servidumbre variopinta, alguna nostalgia, y al final acudimos a votar.
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Y para completar el cuadro queda el PCE, quien con sus chanchullos, traiciones a la causa republicana, con Carrillo y otros de su calaña, ha despilfarrado su riqueza, su prestigio, de tal modo que su republicanismo está puesto en duda por casi todo el conjunto de republicanos, tanto los que tienen chiringuito como los que no lo poseemos; si bien, a estas alturas de la película, no queremos negarle la sal, el pan y la lumbre.
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No se completaría el cuadro sino pusiéramos a los partidos nacionalistas de las nacionalidades. No a todos, claro está, pues algunos, los más luchadores, han sido ilegalizados porque si. Una razón muy carlista, franquista... Generalmente, como la mayoría de los votantes, una veces su voto se inclina al PP y otras al PSOE. Según les llenen, más o menos, su bolsillo.
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Y así va pasando el tiempo y la Monarquía, heredera del franquismo, apoyada por el Capital que hunde sus orígenes en él, va viviendo a cuerpo de rey aglutinándolos a todos. ¿Hasta cuándo? No lo sabemos, pero las cosas están así... mientras los de los chiringuitos republicanos se crean poseedores de la verdad tomados así uno a uno y el resto sigamos siendo meros espectadores.

jueves, 14 de junio de 2012

José Mª Amigo: Urdangarín... ¿punta del iceberg?


martes, 13 de diciembre de 2011

Caso Urdangarín... ¿la punta del iceberg?

Urdangarín, Urdangarín, Urdangarín... Semanas y semanas hablando y escribiendo de él. Pero, ¿a quién le importa este personaje que fue jugador de balonmano? A nadie. Cuando alguien habla o escribe de este vasco se está refiriendo a la Casa Real, a la Monarquía.  Y cuando se habla o se escribe de su suegro, Juan Carlos I, las ideas están apuntando a la Casa Real, a la Monarquía. Porque, ¿a quién le importa la persona de Juan Carlos de Borbón educado por el odiado dictador F.Franco y puesto por él de rey? ¿A quién le importa ese Borbón que vino a España, traido por el dictador, con una mano adelante y otra atrás, es decir sin un duro, y ahora ha amasado una fortuna limpiamente u oscuramente? A nadie del pueblo le importa nada. Pero, si están preocupados los poderes fácticos y los políticos que han construido este estado monárquico de las autonomías, donde ellos y la banca y las grandes empresas y la Iglesia Católica y el Ejército, hacen y deshacen a su antojo. Les quita el sueño no porque Juan Carlos I sea, según Martinez Inglés, la 'España de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes' transformado por la propaganda en cachondo, simpaticón, mujeriego, campechano, bebedor... porque, incluso, esas facetas, ante un sector del pueblo, lo hace popular.

-Es un macho. Todo un hombre. Con muchos cojones -dicen queriendo vivir opíparamente como el monarca.

No. Esto no les preocupa lo mas mínimo mientras la máquina del Estado funciones bien aceitada.

Ahora bien, en este momento de crisis, con tantos parados, pequeñas empresas y pequeños comercios cerrándose, que venga ahora un urdangarín cualquiera, yerno del Jefe del Estado, del Rey, y se le descubran cobros de millones de euros, enriqueciéndose, sin dar palo al agua, por ser quien es, usando su pertenencia a esa Casa Real para el lucro privado, no debe de verse, ante la mayoría del pueblo español en crisis, con buenos ojos. 

Pueblo que se hace preguntas: ¿cómo es que la Casa Real no se ha enterado de esos chachullos? Parece increible. Porque esa real casa cuenta con instrumentos, con herramientas, con agentes suficientes, para indagar en la vida y milagros de todos sus miembros. Entonces, ¿por qué lo ha consentido? ¿No es el Rey, Jefe del Estado, Jefe de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, responsable de la Casa Real? Y si lo sabía; ¿por qué no le paró los pies, o lo denunció? ¿Tiene esa Casa mayúscula algo mayúsculo que esconder? Las preguntas se van sucediendo, las dudas se amontonan: ¿Por qué si el Rey era pobre (suponemos que relativamente, claro, por un respeto a los pobres de verdad) se ha hecho tan rico? ¿De dónde le han venido las riquezas?...

-¡Nadie se se hace rico trabajando honradamente! -sentencia el clamor popular.

Que el pensamiento del pueblo se les vaya de las manos, a esas fuerzas económicas de banqueros, empresarios, eclesiásticos o militares, cuando al fondo aparece una alternativa de esperanza llamada República, no pueden consentirlo, les hace temblar. La República, en España,  siempre ha sido cosa del pueblo. Ya lo dice, además, la etimología de la palabra: república: cosa del pueblo. Hay sin embargo, dentro del mismo pueblo ciertos personajes que preguntan ensuciando el porvenir republicano:

- ¿Qué república? Porque hay repúblicas y repúblicas y monarquías y monarquías.

Es pregunta legítima. Aunque, aquí y ahora, es una manera de echarle un guante a la monarquía, heredera del franquismo. De darle oxígeno a un estado monárquico que hace aguas por la parte que mejor parecía que la tenía taponada: el Monarca, la Casa Real, el Juancarlismo. Pero ya conocemos esos argumentos en los que nos hablan de las monarquías escandinavas. Sabemos de esos desorientadores dentro del pueblo español, y de su curriculum primero revolucionario y luego vendedores charlatanes de valetudinarias monarquías. No hace falta decir nombres. Y para esos razonamientos tenemos aquella frase de Bergamín (D. José):

-Hacerse el sueco (Monarquía, Suecia) es hacerse el sordo.

Y esos poderes fácticos (con unos cuantos políticos) se hicieron los suecos poniéndonos una monarquía, con un rey educado por un dictador fascista, escamoteándole al pueblo el referendun monarquía / república con otra consulta engañosa, un  rey que es jefe de estado y, según la Constitución Monárquica, jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire, ¡ahí nada, y dicen que puro monigote!, un rey, al principio, nada querido por proceder de donde procedía y que durante estos años han querido popularizarlo transformándolo en un borrachín, simpaticón, campechano... 

-Y ahora nos llega un gilipollas, un yerno demasiado ambicioso, vasco para mas señas -maldice uno.

-Puede que sea un separatista -dice uno.

-Hasta un submarino de ETA -señala el de mas allá.

-Todo podría ser -añade un cuarto.

-Le diremos a Su Majestad que lo estudie -determinó el primero.

-Cualquier cosa antes de que se abra la veda; y jueces, prensa, radio y televisión indaguen en la Casa Real desestabilizando nuestra querida corona. 

Y es que se dan cuenta que de seguir así las cosas ya no se podrá sostener que los miembros de esa real casa sean intangibles, intocables ante la miseria reinante: el paro, los deshaucios, el desasosuego, las estrecheces... No es de recibo.

El pueblo, decíamos, ya se está haciendo preguntas: ¿No será el Caso Urdangarín la punta del iceberg?... ¿No se haría la Casa Real ignorante a sabiendas?... ¿Por qué tantos meses sin dercir nada?... ¿Por qué ahora aparta al yerno de los actos oficiales? Y sobre todo, ¿por qué en estos momentos dicen en la Casa Real que quieren ser transparentes con sus cuentas? ¿Por qué antes eran opacas? Y si quieren ser claros como el agua, ¿por qué no hacen públicas sus cuentas desde el origen?... Preguntas y mas preguntas.

El Caso Urdangarín está haciendo tambalear esta Monarquía. Una Monarqquía heredada del franquismo. Una Monarquía, como Estado, que permite a un partido, el PP, tener mayoría absoluta con solo el 30 % del electorado. Una Monarquía que ha aglutinado a franquistas y partidos de la oposición en su marco antipopular. Una Monarquía de la clase burguesa, donde utiliza las instituciones para enriquecerse y empobrecer al pueblo. Una Monarquía que despilfarra el dinero en aventuras militares por varios paíse del mundo con tal de tener contento al Ejército, mientras hunde a millones de trabajadores en el paro.

El que los trabajadores se hagan preguntas, despierten, y deriven su pensamiento hacia senderos difíciles de controlar les preocupa a los poderes fácticos. Eso les tiene en un sinvivir. Y es que el pueblo posee, es verdad, en el horizonte del amanecer a la República. Eso si les preocupa. No los urdangarines y juancarlos. 

¿Urdangarines y juancarlos? No les importan a nadie. Ni a esos poderes. Se buscan otros. Y solucionado. Lo malo, para ellos, es que, antes, el pueblo, tome conciencia de la inutilidad y perjuicio de la Monarquía y proclame la República. Como en el 1931. Y la República, en España, de siempre, históricamente hablando, es cosa del pueblo y no de unos pocos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El caso del yerno del rey... ¿la punta de chanchullos reales?


A todas horas dándonos con la matraca del yerno del monarca: Urdangarín, Urdangarín, Urdangarín... Empero, ¿a quién le importa este personaje? A nadie. Cuando alguien habla o escribe de este vasco se está refiriendo, sin duda, a la Casa Real, a la Monarquía.  Y cuando se habla o se escribe de su suegro, Juan Carlos I, las ideas están apuntando a la Casa Real, a la Monarquía. Porque, vamos a ver, ¿a quién le importa la persona como tal de Juan Carlos de Borbón educado por el odiado dictador F. Franco y puesto por él de rey? ¿A quién le importa ese Borbón que vino a España, traído por el dictador, con una mano adelante y otra atrás, es decir sin un duro, y ahora ha amasado una fortuna limpiamente u oscuramente? A nadie del pueblo le importa nada. Pero si están preocupados los poderes fácticos y los políticos que han construido este tinglado monárquico de las autonomías, donde ellos y la banca y las grandes empresas y la Iglesia Católica y el Ejército... hacen y deshacen a su antojo. Les quita el sueño... no porque Juan Carlos I sea, según un artículo reciente de Martinez Inglés,  'de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes', que puede que lo sea, si bien al común de los mortales nos ha llegado transformado, quizás por la propaganda interesada, en un cachondo, simpaticón, mujeriego, campechano, bebedor... y esas facetas, incluso, ante un sector del pueblo, lo hace popular.

-Es un macho. Todo un hombre. Con muchos cojones -dicen queriendo vivir opíparamente como el tal monarca.

No. Esto no les preocupa lo mas mínimo mientras la máquina del Estado funciones bien aceitada.

Ahora bien, en este momento de crisis, con tantos parados, pequeñas empresas y pequeños comercios cerrándose, que venga ahora un urdangarín cualquiera, yerno del Jefe del Estado, del Rey, y se le descubran presuntamente cobros de millones de euros, enriqueciéndose, así, sin dar palo al agua, por ser quien es, usando su pertenencia a esa Casa Real para sus negocios privados, no debe de verse, ante la gente, con buenos ojos. 

Gente que se hace preguntas: ¿cómo es que la Casa Real no se ha enterado de esos chanchullos? Parece increible. Porque esa real casa cuenta con instrumentos, con herramientas, con agentes mas que suficientes, para indagar en la vida y milagros de todos sus miembros. Entonces, ¿por qué lo ha consentido? ¿no es el Rey, Jefe del Estado, Jefe de los Ejércitos, responsable de la Casa Real? Y si lo sabía; ¿por qué no le paró los pies, o lo denunció? ¿Tiene esa Casa (con mayúscula) algo mayúsculo que esconder? Las preguntas se van sucediendo, las dudas se amontonan: ¿Por qué, si el Rey era pobre (suponemos que relativamente, claro, por un respeto a los pobres de verdad), se ha hecho tan rico? ¿De dónde le han venido las riquezas?...

-¡Nadie se se hace rico trabajando honradamente! -sentencia el clamor popular.

Que el pensamiento del pueblo se les vaya de las manos, a esas fuerzas económicas, eclesiásticas o militares, cuando al fondo aparece una alternativa de luminosa esperanza llamada República, no pueden consentirlo. Y para mas inri les hace temblar porque la República, en España,  siempre ha sido cosa del pueblo. Ya lo dice, además, la etimología de la palabra: república: cosa del pueblo. 

Hay sin embargo, lo reconocemos, dentro del mismo pueblo ciertos personajes que preguntan ensuciando el porvenir republicano:

-¿Qué república? Porque hay repúblicas y repúblicas y monarquías y monarquías.

Es pregunta legítima. Aunque, aquí y ahora, es una manera de echarle una  mano a la monarquía, heredera del franquismo; de darle oxígeno a un estado monárquico que hace aguas por la parte que mejor parecía que tenía taponada las grietas: el Monarca, la Casa Real, el Juancarlismo. Ya conocemos esos argumentos en los que nos hablan de las monarquías escandinavas. Y sabemos quienes son esos bufones, esos desorientadores dentro del pueblo español, y de su curriculum, primero revolucionario y luego auspiciadores de vejestorias monarquías. No hace falta decir nombres. Y para esos razonamientos tenemos aquella frase del gran Bergamín (D. José):

-Hacerse el sueco (Monarquía, Suecia) es hacerse el sordo.

Y esos poderes fácticos (con unos cuantos políticos) se hicieron los suecos poniéndonos una monarquía, con un monarca educado por un dictador fascista, escamoteándole de paso al pueblo el referendun monarquía / república con otra consulta engañosa, un  rey que es, según la Constitución Monárquica, jefe de estado y jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire, ¡ahí na, y nos dicen que es solo pura fachada!; un rey, al principio, nada querido por proceder de donde venía pero que lavándole la cara durante años han querido popularizarlo transformándolo en un borrachín, simpaticón, campechano, bonachón... 

-Y ahora nos llega un gilipollas, un yerno demasiado ambicioso, vasco para mas señas -maldice uno.

-Puede que sea un separatista. De casta le viene al gallo siendo su padre del PNV -dice uno.

-Hasta un submarino de ETA -señala el de mas allá.

-Todo podría ser -añade un cuarto.

-Le diremos a Su Majestad que lo estudie -determinó el primero.

-Cualquier cosa antes de que se abra la veda; y jueces, prensa, radio y televisión indaguen en la Casa Real desestabilizando nuestra querida corona. 

Y es que se dan cuenta que de seguir así las cosas ya no se podrá sostener que los miembros de esa real casa sean intangibles, intocables ante la miseria reinante: el paro, los deshaucios, el desasosiego, las estrecheces... No es de recibo.

El pueblo, decíamos, se ha puesto a hacerse preguntas y no para: ¿No será el Caso Urdangarín la punta del iceberg?... ¿No se haría la Casa Real ignorante a sabiendas?... ¿Por qué tantos meses sin dercir nada?... ¿Por qué ahora aparta al yerno de los actos oficiales?... Y sobre todo, ¿por qué en estos momentos dicen en la Casa Real que quieren ser transparentes con sus cuentas?... ¿Por qué antes eran opacas?... Y si quieren ser claros como el agua, ¿por qué no hacen públicas sus cuentas desde el origen?... ¿Tienen algo que ocultar?... Preguntas y mas preguntas.

El Caso Urdangarín está haciendo tambalear, sin duda, el prestigio de esta Monarquía. Una Monarquía heredada del franquismo. Una Monarquía, como Estado, que permite a un partido, el PP, tener mayoría absoluta con solo el 30 % del electorado. Una Monarquía que ha aglutinado a franquistas y partidos de la oposición en su marco antipopular. Una Monarquía de la clase burguesa, donde utiliza las instituciones para enriquecerse y empobrecer al pueblo. Una Monarquía que despilfarra el dinero en aventuras militares por varios paíse del mundo con tal de tener contento al Ejército, mientras hunde a millones de trabajadores en el paro.

El que los trabajadores se hagan preguntas, despierten, y deriven su pensamiento hacia senderos difíciles de controlar les preocupa a los poderes fácticos. Eso les tiene en un sinvivir. Y es que el pueblo posee, es verdad, en el horizonte del amanecer a la República. Eso si les preocupa. Por eso, como un solo hombre, están apoyando al monarca pensando en la Monarquía. Los urdangarines y juancarlos les importan un bledo. 

¿Urdangarines y juancarlos? No les importan al pueblo. Ni a esos poderes. Se buscan otros. A rey muerto, rey puesto. Y solucionado. Lo malo, para ellos, es que, antes, el pueblo, tome conciencia de la inutilidad y perjuicio de la Monarquía y proclame la República. Como en el 1931. 

Y la República, en España, para desgracia de los ricachones, de siempre, históricamente hablando, es cosa del pueblo y no de unos pocos.

viernes, 25 de enero de 2008