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lunes, 18 de junio de 2012

José Mª Amigo: No conocíamos a Le Clezio


Título: Onitsha
Autor: J.M.G. Le Clezio
Tusquets Editores
Barcelona, 2008


El libro que acabo de leer es de J.M.G. Le Clezio, Premio Nobel de 2008 al cual no había leído. Es mas, ¡qué vergüenza!, ni había oído hablar de él.

Sin embargo, un camarada de anhelos y esperanzas de allende los mares, me lo ha dado a conocer. Desde su blog 'Cazando letras' (http://letrasyespacios.blogcindario.com/) hizo una reseña de una de sus obras y me interesó.

Este camarada es siempre muy alentador en los juicios sobre mis escritos. Le pasa lo mismo que a otro amigo, también creo que de anhelos y esperanzas, natural de mi pueblo, Antonio Tejedor(http://lagartosquebrada.blogspot.com/) que, así mismo, es muy generoso con las redacciones que hago. Tienen mucho en común ambos: son profesores. Buenos pedagogos que siempre encuentran algo positivo en el alumno. 

Seguro que si se conocieran llegarían a ser amigos. Como mínimo.

El libro se titula 'Onitsha'. Onitsha es una población nigeriana. Es decir trata, en buena parte de la novela, sobre ese rincón africano. Por eso la he leído. Por eso me interesó el personaje. Por su imbricación con Africa. No por ser Premio Nobel. En modo alguno por el oropel. Es mas: me tiran para atrás todos esos galardonados. Debe ser envidia cochina.

Pero vuelvo a 'Onitsha'. Para eso tengo que embarcarme con Fintan Allen y su  madre, la italianaMaou, en un navío que parte de Burdeos y atravesando el estuario de la Gironda se adentra en el mar rumbo a Africa. Tengo que descubrir mis miedos y esperanzas. Contemplo la vida que bulle en torno del barco y dentro de él. Por mis ojos el mar se adueña de todo y se traga la tierra gala. Van apareciendo las islas Azores, las islas Canarias, Dakar (visitamos la isla Goree y nos angustiamos con los esclavos aherrojados en mazmorras hacinados en el fuerte de esta isla senegalesa), Freetown, Monrovia, Takoradi, Cotonú... Hasta que, remontando la desembocadura del río Niger, se llega a Onitsha. Allí nos recibe Geofroy Allen padre de Fintan y esposo de Maou, la italiana. Es un inglés que trabaja en la United Africa a quien el hijo, que se resiste a llamarlo padre, no conoce aun. Y su esposa ha tenido cierto trato, pero no ha convivido con él, maritalmente, mas que algunos días de vacaciones.

El África que encontramos, que se nos ofrece a la vista, no es el continente que imaginábamos, o que se ofrece al común de los mortales, con elefantes, ciervos, chacales, leones o cebras... pastando en la sabana, sino un campo sembrado de ñames y otro cultivos. La vida transcurre sin misterios entre el río, la pesca, las termitas con sus altos termiteros, el estudio en casa, las reuniones en el club; el club de los blancos, donde los hombres hablan mal de los negros y las mujeres se quejan de sus criadas negras. Y todo ello sin conocer a los habitantes de Onitsha, sin saber de sus anhelos, de sus esperanzas, solo tienen ante si el ordeno y mando. Y eso choca en la italiana Maou. Se comprende esa resistencia de ella a seguir con las costumbres de esa minoría. No ha tenido tiempo para aborregarse y tirar por tierra su sentido común, su humanidad universal. No ha sido domeñada. 

Y se enfrenta al maltrato a los negros. Una escena: se desarrolla en el club cuando unos negros, encadenados, están construyéndole una piscina a uno de los jefes blancos. 

"De pronto, Maou se levantó, y con un temblor de cólera en la voz, con el cómico acento franco-italiano que le salía en inglés, dijo:
-¡Hay que darles de comer y beber!; miren a esa pobre gente, ¡tienen hambre y sed! -Dijo 'fellow', como en pidgin.
Se hizo un silencio estupefacto durante un interminable minuto, la miraban, vueltas hacia ella, todas las caras de los invitados, y comprobó que el mismo Geoffroy la consideraba con estupor, ruborizado, con las comisuras de los labios alicaidas y los puños crispados encima de la mesa.
Gerald Simpson fue el primero en volver de su asombro, y se limitó a decir con aplomo:
-Ah si, muy cierto, supongo...
Llamó al boy y le trasmitió unas órdenes. En un instante, los guardias pusieron a los forzados fuera del alcance de la vista, detrás de la casa. . el D.O. añadió, mirando a Maou con ironía:
-Bueno, así está mejor, ¿no es cierto? Hacían un condenado ruido, ahora podremos estar todos un poco mas tranquilos."

Por esta y otras roceduras Geoffroy no vuelve a llevar a su mujer al club. Ella se vierte en otros conocimientos, como son: el de los habitantes del pueblo, los comerciantes del mercadillo, su hijo, la criada negra, la observación de la atmósfera... 

Su marido, aunque le molestó las salida de tono de su esposa, lo olvida pues su mente está ocupada en fantasiosos deseos de viajar a Egipto y Sudán en pos de las huellas de Meroe, el último reino negro del Nilo. 

(Por cierto, no es una elucubración del escritor sino que recoge las interpretaciones de numerosos historiadores que sostienen que las civilizaciones del Oeste africano proceden de la época faraónica. El senegalés Cheikh Anta Diop indagó y ahondó en este terreno. El escritor no lo cita, cosa que hace con otros africanistas: Leo Frobenius, Amaury Talbot, Nachtingal, Bart oHasan Ibn Mohamed a-Wasan al-Fasi, mas conocido por Leon El Africano. Me informo por ahí de que J.M.G. Le Clezio -parece que es su estilo- suele engarzar con temas históricos sus relatos. Aquí se descubren tres: el Egipto Antiguo, el final del Imperio Británico y la Guerra de Biafra)

Decía que la esposa diversifica sus amistades y Fintan por su parte, como un niño cualquiera, se mete pronto en el ambiente, logrando hacerse amigo de los niños del pueblo, sobre todo deBony. Y así, madre e hijo, poco a poco, se incorporan al entorno y llegan a quererlo. Geoffroy Allen se va separando del club y de la minoría blanca lo que concita enemistades. Los blancos presionan a la compañía para que lo echen. Y lo consiguen. Por lo que tenemos que abandonarAfrica y regresar a Europa.

El libro, que tiene mucho de experiencia personal (leer biografía:  http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Marie_Gustave_Le_Cl%C3%A9zio) consta de cuatro capítulos: 1. Un largo viaje; 2. Onitsha; 3 Aro Chuku; 4. Lejos de Onitsha; y dentro de ella hay un relato de las ensoñaciones de Geoffrey, del que ya he hablado, sobre el último reino negro de Meroe, cuya páginas aparecen en columnas mas estrechas, una especia de narración dentro de la narración, técnica que se utiliza a veces y que, por ejemplo, la incorporó -que recordemos-Conrad en la famosísima novela 'El corazón de las tinieblas'. El desarrollo de la obra viene a mostrarnos el presente con ligeras incursiones al pasado que muestran al lector los puntos ignorados de la biografía de los personajes. Estas rememoraciones se colocan en la narración aprovechando cualquier acontecimiento que las suscita. Es decir: como nos viene a la memoria a cualquiera de nosotros: real como la vida misma; como me llegan a mi recuerdos de mi niñez leyendo las correrías de Fintan.

En las 254 páginas y con letra que no es pequeña se tratan varios temas: recuerdos de la infancia, opresión colonial del imperialismo, racismo,  explotación y maltrato de los negros, los inicios de la sublevación y el final del imperio. Principalmente. Los asuntos mas políticos e históricos aparecen sin apenas relieve, para mostrar que, en el día a día, los personajes no tienen conciencia de lo que representan, de las consecuencias políticas o históricas de lo que hacen; y menos de intuir la imparable desaparición imperial. Todos, menos el personaje de Sabine Rodesque posee conciencia clara de los hechos o posturas que perjudican el dominio del imperio británico sobre los paises coloniales africanos y vislumbra el final. 

A Maou le dice:

-Somos colonizadores, no bienhechores de la humanidad. ¿Se le ha ocurrido pensar lo que pasaría si los ingleses, a los que tan abiertamente desprecia, retiraran sus cañones y sus fusiles?

Al final de la novela se revela que es "oficial de la Orden del Imperio Británico". Y precisamente con estas palabras termina el libro de Le Clezio. 

Thomas Sankara, honesto a machamartillo


Sankara, un hombre rabiosamente honesto


Libro: El África de Thomas Sankara
Autor. Carlo Batá
Editorial: Txalaparta
Año: 2011

La mayor parte de los españoles sabemos poco de África. La asociamos a esclavos, niños desnutridos, moscas, pateras... pobreza por doquier. Y ahora, de pronto, nos encontramos con revueltas en Túnez, Egipto y otros países. Y, ante la visión de arrojo, valentía, decisión de estos africanos, nuestra percepción se derrumba. Mas aun costará tiempo que se vayan del todo los escombros; quedarán por ahí bien visibles; se dirá por ejemplo:

-Esos son árabes. Casi blancos. Mediterráneos al fin. Europeos del sur.

Sin embargo se introducirá en las personas, poco a poco, la idea de que si esto ha surgido es porque no todo en África eran hambres, niños con la barriga abultada etc., etc., etc., sino también hombres y mujeres que trabajan y piensan en como solucionar sus hambres, malnutriciones, enfermedades, analfabetismos, sequías... 

De vez en cuando, es cierto, veíamos sobresalir a algún africano v. gr.: a Kofi Annan,Secretario General de la ONU y pocos más sin darle importancia. Cuando Wole Soyinka, el nigeriano, ganó el Premio Nobel de literatura, oímos hablar a la envidia, por boca de un escritor español, ya muerto, muy leído por la derecha franquista, despreciando lo que ignoraba, según nos enseñó Machado (D. Antonio), diciendo algo así como:

-¡Qué mierda de premio! ¡Si nadie conoce a ese escritor!

En fin...

Para ayudarnos a conocer esa otra África: la de los emprendedores, revolucionarios, arrojados, decididos y valientes, la de los que han ido sembrando de ideas el desierto y la selva, las sabana y los valles, para desembocar en estas sublevaciones, está este libro cuyo título particulariza el continente africano: 'El Africa de Thomas Sankara'. ¿Quién es ese Sankara que el rótulo menciona? A lo largo de 213 páginas se nos va perfilando este personaje que 'nació el 21 de diciembre de 1949 en Yako, entre Kaya y Ouahigouya, en el reino mossi de Yatenga, en la parte septentrional de la colonia francesa del Alto Volta', que fue presidente de esa colonia, rebautizada por él como Burkina Faso o tierra de los hombres dignos u honestos.

El libro consta de 8 capítulos con un prólogo, una introducción, un epílogo y 6 anexos, que sirven para completar la mayor parte de los capítulos, escritos por personalidades italianas.

Cada página que pasamos leyéndolo nos acerca, un poco más, a este personaje, lo hace más interesante, hasta convertirlo en excepcional, gigantesco casi, por lo sencillo y humilde; y sobre todo porque no sucumbe a la desesperación, a la impotencia, ante la inmensidad de los problemas que tiene que salvar para avanzar con su pueblo en pos de la resolución de los mismos.

Nosotros sabíamos algo de él. Recordábamos lo que René Dumont, al principio del primer capítulo del libro 'En favor de África, yo acuso', decía: 'Alto Volta no es un país "en vías de desarrollo", sino un país "en vías de destrucción"; cita con asterisco que rezaba a pie de página: 'Título del informe enviado al jefe de Estado de Burkina Faso, Capitan Thomas Sankara, como recensión del estudio que nos había pedido'. Esto nos mostró la presencia de un hombre preocupadísimo por su patria y contradecía las opiniones vertidas por unos burkineses, que se decían marxistas leninistas, a los que conocimos en un campamento internacional en la sierra madrileña, hace años.

Aunque el libro de Carlo Batá no es una biografía personal de Sankara, sino una exposición de su pensamiento político, en el primer capítulo hace un repaso de sus peripecias vitales: infancia, paso por establecimientos escolares hasta ingresar en la carrera militar a los 17 años 'en la École Militaire Preparatoire de Kadiogo, única posibilidasd de seguir los estudios para un joven proveniente de familia no pudiente'. De allí lo trasladan a la Académie Militaire de Antsirabe, en Madagascar. Estando en la isla africana escribe en su diario: 'Un militar sin formación política no es más que un criminal en potencia'. A continuación pasa a Pau (Francia), a Rabat (Marruecos) para regresar a su patria en 1974 nombrándole jefe de una unidad en el conflicto entre Alto Volta y Malí. Y ya está casi en la cumbre pues le atorgan el mando de la división de paracaidistas del Centre National d'Entraînement Comandos de la ciudad de Pô donde conoce a Jerry Rawling que luego sería Presidente de Ghana. En 1981, tras ser ascendido a capitán, le mandan a la capital del estado y el presidente Saye Zerbo le nombra secretario de Estado para la Información. El gobierno en el que participa anula el derecho de huelga y detiene al secretario de la confederación sindical lo que provoca la dimisión de Sankara quien declara en la televisión: 

-No puedo contribuir a servir los intereses de una minoría.

'Lo detienen y encarcelan en Dèdougou donde le espera un  tribunal militar'. Los acontecimientos se precipitan: golpe de estado, derrocamiento del presidente, nombramiento de otro, Sankara recupera la libertad y es elegido jefe de gobierno.

Y es en el gobierno donde brilla con todo su esplendor, donde se agiganta su estatura solucionando problemas casi insolubles: el analfabetismo, la sequía, las enfermedades... la defensa del medio ambiente que en su país es vital, pues el desierto avanza y hay que pararle los pies 'reverdeciendo el desierto' que es casi como ponerle puertas al campo; desde ese puesto se ven con más claridad las necesidades del pueblo burkinés.

El de Sankara es un gobierno revolucionario que 'llegó al poder gracias a una alienza entre exponentes de la revuelta popular contra los gobiernos corruptos y un grupo de jóvenes militares coordinados por él'. Sabe que se debe a su pueblo y el 90% son campesinos indigentes 'arruinados por las tradiciones feudales y los restos del colonialismo, la inclemencia del clima y los privilegios de una ciudad voraz'. Este presidente rebelde está a favor del desarme mundial, de la independencia político-económica frente al imperialismo y el capitalismo. Es además el presidente más pobre del mundo, pues 'no podemos ser dirigentes ricos de un país pobre'. Lo que tiene es: 'unos libros, una motocicleta y una pequeña casa que sigue pagando a crédito'. Para demostrarlo es firme contra abusos y robos. Y cuando contempla en sanidad, o educación, por ejemplo, que el 80% del presupuesto se lo lleva el funcionariado, se pregunta: 

-¿De donde sacar el dinero para las reformas?... ¡Ah, mira, pues que se arrasquen los bolsillos esos prilegiados! La mayoría de mis paisanos no tiene de qué comer. Y el estómago no espera.

Y sacando de allí, de aquí y de acá consigue abastecer de agua y comida a los habitantes de su naciön: '10 litros de agua y 2 comidas para todos los burkineses'.

Pero para lograrlo ha tenido que abolir los privilegios de los jefes tradicionales y enfrentarse a la burguesía urbana, en el interior; y en el exterior enemistarse con las superpotencias, las multinacionales... Es decir: se ha granjeado muchos enemigos y poderosos. 

Si, es cierto que se han construido pequeños diques, acueductos, pozos; que se ha frenado el desierto, que se ha prohibido el corte abusivo de leña; que su capital ha creado un famoso festival de cine; y se han edificado muchas salas de cine; y escuelas, y hospitales; que se ha iniciado la construción de un ferrocarril para que llegue hasta las minas de manganeso, cosa que el Banco Mundial no quería. Como es cierto que no se ha conocido otro presidente como él que viaje en un turismo, que coma dos veces al día, que se abstenga de carne y bebidas multinacionales; presidente que lucha por las mujeres,  por no pagar la deuda externa, por la autodeterminación palestina, contra el aparheid sudafricano, contra la invasión soviética de Afganistán, y contra la invasión yanqui de Granada, a favor de la Nicaragua sandinista, de la revolución cubana, admirador del CHE... Todo eso es cierto. 

Mas los enemigos le han echado el ojo y se confabulan para pararle los pies. Los poderosos del mundo no podían dejar que su ejemplo se propagara. Y estaba escrito. El lo había vaticinado:

-No llegaré a viejo.

El 15 de octubre de 1987 era asesinado por un grupo de soldados a las órdenes de su compañero de gobierno y amigo Campoaré. De estos amigos está el infierno lleno. Por cierto, este traidor estaba casado con una hija de Félix Houphouët-Boigny.presidente de Costa de Marfil que fue un títere de Francia. Muy probablemente no estaría lejos del asesinato el colonialismo francés. Lo enterraron clandestinamente por miedo a la reacción popular. Que no se produjo. Y en el poder sigue este traidor que clausuró todos los planes, se compró un avión potente para sus traslados, cortando de ese modo la línea revolucionaria de ahorro. Pero la sangre derramada aun lo persigue: hoy mismo tenía que llegar a Abidjan en Costa de Marfil y las agencias informan que ha suprimido el viaje porque lo esperaban manifestantes protestando de su llegada con retratos de Sankara.

El libro plantea una cuestión -y con esto terminamos-: ¿Por qué no se levantó el pueblo burkinés protestando por su muerte?. Algo debió hacer mal en esos cuatro años. Pero el autor no responde a su pregunta. Si a otras muchas, de candente actualidad.

Ejemplo como una llaga


José Mª Amigo Zamorano: Haití, ejemplo como una llaga


Ha tenido que pasar, desgraciadamente, un seismo (sismo dicen en Latinoameríca) para queHaití se levante de entre los postrados de la Tierra. Ella, que está hecha escombros, nos muestra su ejemplo histórico de lucha: se puede vencer al Imperio desde el mismo Infierno de la esclavitud. Y con ella se levantan de sus tumbas sus héroes: Louverture, Dessalines,Petion, Christopher... para mostrarnos el camino de la rebelión contra la tiranía, la opresión, la explotación, a los pueblos del mundo. 

Y ese miedo al ejemplo de los muertos en los vivos es lo que llevan en la punta de sus armas los marines estadunidenses. El miedo a los rebeldes que aterrorizó, antaño, a las clases dominantes en Usa y Europa. El miedo a que el ejemplo deHaití cundiera en los campos de esclavos del Imperio. Ese miedo está latente aun en Usa y lo ha recordado hace pocos días un reaccionario televangelista. Ese miedo es el que ha animado a los helicopteros, aviones y barcos de guerra yanquis a invadir Haití. Un miedo ancestral. Un miedo de los ancestros esclavistas en la política de Yanquilandia. Eso es lo que llevan sus tropas.

Miedo y no otra cosa porque Haití ya no es 'La perla de las Antillas' de la que hablaban los franceses y que abastecía de azucar Europa, endulzando los gaznates de burgueses y aristócratas. Ya no es esa Haití que tenía 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y tenerías, tejares, caleras... trabajadas por esclavos que se sublevaron venciendo al poderosísimo ejécito deNapoleon. Su artífice: Toussaint Louverture. Quien atraído con engaños, fue preso, llevado aFrancia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles. 

Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Césaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'. 

Haití ya no tiene, hoy, esa importancia y esa riqueza de que hablábamos más arriba. Lo que tiene es su historia de lucha emancipatoria que esos esclavos, transformados en 'jacobinos negros', escribieron con sangre en los anales de la Historia de la Humanidad.

Ese ejemplo es el que las tropas del imperialismo Usa quieren abolir.

Estos días hemos podido leer en numerosísimos artículos las tropelías de las clases dominantes de Francia, Alemania o EE.UU. contra el pueblo haitiano al que, en venganza por su insumisión, han hundido en la miseria, pero sin poder borrar su gesta de rebelión.

También hemos podido darnos cuenta de que otros escritos han escondido esas canalladas imperialistas haciendo hincapie, sin embargo, en el desorden haitiano, la falta de gobierno haitiano, el pillaje haitiano, los robos haitianos... Narraciones que iban, sin duda, preparando el terreno para la invasión de ese ejército de mercenarios venidos de Yanquilandia con el objetivo no de ayudar a la reconstrucción de Haití, sino de impedir que el pueblo haitiano se autodetermine. Autodeterminación que bien pudiera conducir a decantarse por una alianza con la política de los paises del ALBA (Venezuela, Ecuador, Cuba...) Eso quieren cortarlo en agraz porque engrosaría la filas de los pueblos rebeldes. 

De modo que esa es la misión de ese ejército: impedir la independencia de los hijos de los esclavos.

Ha tenido que ocurrir ese terremoto para que vuelva a nosotros la primera gesta antiesclavista vencedora de la Historia lograda por los haitianos para, además, alcanzar otra victoria en estos momentos quitándonos una venda un poco tonta: la vana ilusión en un Obama.

En Haití muchas cosas pueden suceder. Pero lo que no puede pasar es su ejemplo. El ejemplo de los ancestros.
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FOTO AP, La Jornada (México)

José Mª Amigo: Cortinas de humo


De una parte acá se está hablando, demasiado, de vestimentas: pañuelos, chaqué, velos, burkas, turbantes... Es ciertamente sorprendente que estos ropajes que, por sentido común, nos atrevemos a decir son elementos superficiales, sean presentados como algo esencial. Y, ¡coño!, de esenciales nada.

Pero, ¿por qué, ahora, cobran tanta importancia? Pues, por eso, porque sirven, como cortinas de humo, para esconder las vergüenzas. Y el apellido Huttintong http://es.wikipedia.org/wiki/Samuel_Phillips_Huntington nos viene a las mientes. Pertenece, este apellido, a un alto personaje de la administración yanqui; intelectual y profesor de no sé que universidades. Autor (quizá no solo él) de la llamada lucha o choque de civilizaciones http://es.wikipedia.org/wiki/Choque_de_civilizaciones. Un arma ideológica del imperialismo para apoderarse de la riqueza de los países pobres, sobre todo de sus gases e hidrocarburos.

Para ese robo todo vale: el burka, la democracia, la guerra, el terrorismo... Conceptos que, bien cocinados y mejor aderezados, pueden llegar a demostrar que la civilización, creada por esos pueblos donde existen esas riquezas naturales, es horrible en todas sus facetas, con el agravante de que se está preparando para derrotar a la otra en todos los frentes. Por todo lo cual que hay que combatirla, primero con la palabra, después… con métodos menos blandos.

Ahí es donde emergen, al primer plano de la actualidad, lo más común o vulgar, lo más cotidiano, adquiriendo características preocupantes y amenazadoras para la otra civilización: en este caso la civilización cristiana occidental; civilización que ansía el tesoro que se esconde en el subsuelo de los pueblos pobres.

Una vestimenta, detrás de la cual las mujeres afganas esconden sus vergüenzas, se eleva, como monstruo gigantesco, hasta el pedestal demoníaco: el burka: ese vestido de las mujeres afganas se convierte en una amenaza a la libertad, a la libertad de las mujeres del mundo, a la libertad de expresión, y de manifestación, a los avances democráticos, a la civilización occidental, en pocas palabra: a la felicidad del hombre total: ¡El burka! ¡Ahí es na! ¡Arma temible de destrucción! : un eslabón de la cadena que la civilización musulmana quiere lanzar al hombre occidental para atarlo de pies y manos. Pero éste es solo un eslabón, hay más: el velo, el pañuelo en la cabeza…De modo que, ante el peligro del burka, del velo, del pañuelo en la cabeza… armas todas de destrucción masiva..., hay que invadir, someter esos pueblos, aplastarlos si fuere necesario mediante la fuerza: ¡guerra a las vestimentas árabes... que detrás están las carnes!

Y la guerra llegó. La llevaron a varios países.

El más sonado de ellos, en un principio, fue Afganistán. País de un pueblo de campesinos pobres, pero rico y codiciado por numerosos motivos.

Bien, lo demás (incluidos los soldados muertos que de vez en cuando regresan a sus casas) es de todos conocido: fue invadido, masacrado, ocupado... y, como ejemplo de democracia, le pusieron a un títere por presidente... para mayor ornato pusieron un rey exiliado del que nadie se acordaba y no ha pintado nada mas que para seguir comiendo a cuerpo de rey, en un pueblo de gentes hambrientas.

Si, han conseguido lo que querían, de momento, hasta llevar, muertos, a sus países, a jóvenes soldados, para mayor gloria y honor de los ejércitos invasores; y, de momento, están bien situados, los agresores, para un control de las riquezas, para un saqueo y para una vigilancia de los pueblos y países que rodean Afganistán.

-Y del burka, de las mujeres, de la democracia, del bienestar del pueblo, del desarrollo económico... ¿qué?

-Una pregunta estúpida, tí@. ¿Qué les importa a los ladrones armados todo eso? Nada, coño, nada, que no te enteras. Todo lo que has nombrado, no son mas que vestimentas, cortinas de humo, para esconder el ladronicio: las vergüenzas del ladrón.

domingo, 17 de junio de 2012

George Babbitt y el pensamiento único


José Mª Amigo Zamorano: TOLERANTE Y LIBERAL... COMO NAVAJA DE AFEITAR


Tras el 11 de septiembre, que dio por tierra, como castillos de arena, a las Torres Gemelas (habría que ver también como se calculó su resistencia) se esperaba la destitución de los jefes de los servicios secretos que no captaron nada; hecho lo cual, era de suponer que, la policía del Imperio de los EE.UU, con la colaboración de otras policías (casi nadie en justicia se hubiera negado) averiguaría quienes eran los culpables; y, dada orden de busca y captura, se les juzgaría; y, con arreglo a sus responsabilidades, serían condenados (o absueltos) de acuerdo con las leyes.

Pero no, nada de eso ha sucedido. Se ha declarado el hecho como un acto de guerra. Se ha señalado un culpable; y se ha apuntado como cómplices a todos los pueblos o estados del mundo que no estén con el Imperio de los USA. Entendiendo, éste, que “El que no está conmigo está contra mí”(pág. 354; Babbitt de S. Lewis: Madrid, Cátedra, 1985) Y envuelta la USA en una aureola de patriotismo <<“one country, one language, one flag”: Evans, fundador del K.K.K>> han bombardeado un país de campesinos y pastores pobres.

Han impuesto normas militares. Han restringido libertades. Patrullan calles y plazas. Cachean. Detienen. Y harán juicios sumarísimos... a delincuentes. Pocos han protestado por allí... y por aquí. El miedo ha inundado las gargantas de silencio. Los muertos... muertos están, en la zona 0, entre escombros polvorientos de metal. Afganistán ya tiene sus miles de muertos; y los muertos... muertos están, en la zona 1, entre escombros polvorientos de adobe.
El adobe y el barro, los campesinos y pastores afganos nos recuerdan a nuestros pueblos, padres y abuelos, a pie o en burros, camino de la arada por la llanura castellana. ¡Dios! ¡Qué terroristas!- exclamamos; e inmediatamente algún jefe del Imperio se asoma por la ventana diciéndonos: “¡ojo! ¡mucho ojo con lo que se dice! ¡eso es apoyar al terrorismo!”.Y, claro, nosotros aquí sin movernos y con el nudo en la garganta. El espíritu de Babbitt nos ha paralizado (“Las mentes uniformadas son el enemigo más temible”; pág. 142, o.c): espíritu colectivo del país donde se reivindica el individualismo... de los corderos de un rebaño; decía Marx que “las patatas de un saco, lo son, porque son un saco de patatas”.

Pero, ¿quién y que es Babbitt a quien ya hemos citado en otros artículos?: Babbitt, novela yanqui de S. Lewis (Premio Nobel) 1922, se titula así por su personaje principal, George Babbitt: empresario que se dedica a la venta de pisos; y cuyos objetivos en la vida son el Dinero, el Dinero y el Dinero; cuanto más mejor y al precio que sea. Cuando cambie, tímidamente, de comportamiento, le recordarán que es “tan liberal y tan tolerante como una navaja de afeitar” (pag. 321, o.c).

Su morada es de estilo colonial holandés situada en el barrio de Floreal. Pasa su vida entre ella, la oficina, los clubes y la iglesia presbiteriana a la que pertenece. Se dice, de él, que ni fabrica mantequilla, ni hace zapatos, ni escribe poesías... pero es un lince vendiendo casas por un valor superior al que las gentes pueden pagar. Se interesa por los proyectos municipales, y los conoce al dedillo, para comprar casas y terrenos... en los lugares que luego serán revalorizados; y al cacique político, Jake Offutt, mascador de tabaco y jugador de póquer, en recompensa por la información... le asigna el 10% de los beneficios del negocio.

Piensa que, los sindicalistas que luchan por la unión de los trabajadores... deberían ser ahorcados; en cambio, estima necesaria una asociación de hombres de negocios; y el que no quisiera entrar... meterlo a la fuerza. Su pensamiento, con respecto a las elecciones, es que no necesita el país un Rector de Universidad que visite países extranjeros y debata con intelectuales liberales, maestros o profesores, barbudos (a los que habría que echar de la enseñanza... de una patada en el culo), sino un buen gestor que lleve a cabo una buena y sana economía... que active los negocios como piensa Berlusconi, ahora.

Está a favor de la ley que prohíbe el alcohol... de puertas afuera; pero bebe como un cosaco pensando que dicha ley va contra la libertad personal... de puertas adentro. Declara, riéndose, que sabe varios idiomas: el americano, el póquer y el béisbol... que da salida a los instintos asesinos que él llama “patriotismo”.

En cuestión de razas, no tiene prejuicios: no le importa que el negro se gradúe en la universidad... con tal que no suplante al blanco. Está, por supuesto, contra la entrada al país... de “cochinos extranjeros”.

En fin, es uno más de su clase media americana, de nuevos ricos, que desprecia a todo el que no tenga tantos y tan buenos coches, tantas y tan buenas cafeteras, radiadores, frigoríficos, enchufes, consolas (cuanto más grande, mejor), toalleros transparentes, lavabos con una multitud de cepillos, jaboneras, esponjeras... todo reluciente como repisa de laboratorio.

Ahora, eso sí, le gusta servir bien al público, tratar bien al cliente; es, a su modo y manera, un empresario honrado; uno de los personajes se lo reprocha diciéndole: <<-A mí me gusta la honradez, siempre que no me resulte muy cara->>.

Efectivamente, George Babbitt tiene su pequeño coranzocito que le hace dudar de muchas cosas; y sueña con el hada del pensamiento libre apartándole del “enemigo más temible”: el pensamiento único. A veces, se escapa de la familia, y de la sociedad, con su amigo Paul, al monte; u otras valentías... una manera, como otra cualquiera, de liberarse de los que dictan que “el día es templado, los jornales caros y los intereses hipotecarios bajos”.

Pero tuvo que venir un cataclismo social... ¡la huelga!... para atreverse, tímidamente, a decir: que el abogado Doanne, antiguo compañero de clase, también es americano... aunque defienda a los huelguistas; que no ve razón alguna por la que haya que echarlo de la ciudad, aunque... él no esté de acuerdo con sus ideas; que, tal vez, tengan algo de razón los huelguistas, aunque... él esté contra las huelgas; que está contra los que alteran el orden... pero habrá que juzgarlos conforme a la ley y no condenarlos a priori...

Fue una leve brisa. Tan tímida que no pasó a más. El mundo de los negocios le retiró los créditos, los empresarios le dieron la espalda, la iglesia le negó el visto bueno espiritual. “Babbitt se encontró sitiado” Recibe la visita de varios amigos de clubes proponiéndole se adscriba a una nueva asociación. Él duda. No lo ve claro. Lo tiene que pensar... Uno de ellos le espeta: <<--Cuando se trata de una lucha entre la honradez y seguridad de nuestros hogares... y las exigencias de unos canallas revolucionarios, hay que abandonarlo todo, hasta las enemistades. “El que no está conmigo está contra mí”>>. <<--Si, supongo...>> (Pág. 354, o.c)

Titubea, con miedo; y todos titubeamos, con el miedo taponándonos la garganta. “Todos”, universalizando a los personajes de S. Lewis. Como lo hace Juan José Coy, quien al final de la introducción de la novela (pág. 38), se expresa así de tajante: “Los americanos pueden quedarse tranquilos si piensan que a este lado del Atlántico, en Europa y en África, o en cualquier parte, no se dan vendedores de viviendas ladrones, especuladores descarados o caciques pueblerinos que no saben sino responder con el insulto a las razones, con la amenaza a las protestas documentadas”

jueves, 14 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: Esclavos, negreros y piratas


MIÉRCOLES, 31 DE ENERO DE 2007

José Mª Amigo Zamorano: 'Historia de la trata de negros' y 'Piratas en el Caribe'

Patente de corso

En las fricciones entre grandes potencias, se han manejado todo tipo de armas y de individuos; de individuos -con cierto poder de convocatoria, claro está- para hostigarse mutuamente. Los Bin Laden han existido siempre. Unos terminan bien y otros muy malamente.

En el siglo XVI, siglo donde comenzó a fraguarse el Imperio Español y otros imperios, las contradicciones ínter imperialistas, impulsaron múltiples formas de acoso al enemigo, utilizando maniobras de una crueldad inaudita; maniobras, muy alejadas de la moral de andar por casa que, como individuos corrientes y molientes, nos vamos dando a lo largo de la vida.

Con el acceso de Isabel I al trono de Inglaterra cambió el rumbo de la política con respecto al Imperio Español. Si con María I había sido de amistad y colaboración, ahora predominaba el enfrentamiento. Para socavar al todopoderoso imperio “donde no se ponía el sol”, por parte del otro imperio emergente, todo valía.

Recordaré a individuos como John Hawkins, que luego desempeñó un papel importante en la derrota de la Armada Invencible; y solo de pasada a Francis Drake, del que todo el mundo ha oído hablar alguna vez en la vida.

John Hawkins conocía el mar al dedillo, igual que el árabe conoce el desierto como la palma de la mano. Su padre había sido capitán mercante que navegó por Guinea. No se necesita mucha imaginación para suponer que, en las largas noches del frío y brumoso invierno, sentados en torno a la lumbre del hogar, el padre, nostálgico, le relataría, con vivos colores, el paraíso terrenal africano incendiado por el sol: el suave movimiento de las palmeras, abrazadas por el día luminoso; los ríos, salvajes e impetuosos, atestados de cocodrilos; allí el valor para atravesarlos se medía en oro, plata, marfil de los colmillos de los elefantes que, innumerables, andaban calmosos por la sabana y otras mercaderías... los propios negros, por ejemplo, doblemente hermosos, por su musculatura y por su buen precio en los mercados.

Pero todo eso, como dicen Mannix y Cowley en su obra Historia de la trata de negros (Alianza editorial, Madrid, 1970) “estaba controlado por Portugal, apoyada por la España imperial. ¡Qué lástima que esa senda de prosperidad se hallase obstaculizada por papistas extranjeros!”

John Hawkins realizó numerosos viajes a partir de 1561. En uno de ellos llevó, como capitan de la Judith, a un joven llamado Francis Drake. En los primeros tiempos, sin ayuda oficial, contrabandeó con pieles, jengibre, azúcar... Naturalmente tenía contactos con el “enemigo interno”; por ejemplo: Pedro Ponte, uno de los gobernadores de Tenerife o Gómez Suárez de Figueroa, señor de Zafra, conde-duque de Feria, embajador de España en Londres y “el grupo judeo-converso”, con intereses en el comercio negrero, de Fregenal de la Sierra (Badajoz), pueblo natal de Benito Arias Montano (humanista que, por cierto, escribiría, en Las Navas del Marqués, el Comentario al profeta Oseas) quien por los años 50 realizó un viaje a Canarias del que nadie sabe a qué.

Luego, ya con patente de corso, John Hawkins abordó embarcaciones, cazó negros, eslavizó tribus, incendió y destruyó poblados, hostigó y intimó a las autoridades españolas cuando no podía vender a gusto. Es decir: implantó el libre comercio a fuerza de amenazas y tiros de culebrina. Y, como Francis Drake, pasó de “honrado comerciante a noble caballero”: es decir: terminó sus días siendo todo un sir, como el pirata Drake, de la Corona Británica. 

Otro personaje, de pocos años antes, apenas citado en las historias, fue Juan Florín o El Florentino (Jean Fleury) Pertenece a los albores del Imperio Español, en el reinado de Carlos I.

Durante las guerras franco-españolas(1521-26//1926-29) se sistematizó el ataque corsario al servicio del rey de Francia, Francisco I. Y este es uno de sus corsarios. Su nacimiento, unos lo ponen en Florencia (Italia) y otros en Vatteville-sur-Seine (Francia) Tras este nombre se escondía, al parecer, Giovanni Verrazano, hermano de geógrafo Verrazano al servicio del rey de la Francia. Su campo de “actuación naval” cubría un área entre las Azores, Canarias y la Península; acechaba las embarcaciones que venían cargadas de riqueza de la recién descubierta América.

El mayor triunfo fue hacia 1522: tres carabelas fletadas por Cortés que, por cierto, habían sido maldecidas por los indios, augurándoles un mal fin; llevaban el Quinto Real así como oro, plata, piedras preciosas... algunos indios y regalos para personajes ilustres de la corte. Cerca ya de la Azores, Florín arremete contra dos de ellas. La tercera huye y logra esconderse en la isla de Santa María. Esperó unos días, pero nada más hacerse a la mar, El Florentino, que estaba en acecho, logró rendirla.

En el libro, Piratas en el Caribe (Cruz Apestegui. Barcelona: Lunwerg, 2000) editado primorosamente e ilustrado con numerosos mapas, planos, fotografías, cuadros y una abundante bibliografía, dice que el botín fue enorme: “Ochenta y ocho mil castellanos en barras de oro” amén de joyas y perlas “algunas como avellanas”. El Florentino entregó los mejores tesoros al rey francés, su señor.

“Las autoridades hispanas tomaron medidas inmediatas”. Armó Carlos V una escuadra contra corsarios e, igualmente, firmó patentes de corso. Uno de sus corsarios fue el vasco Martín Pérez de Irizar (Martín de Rentaría) El fin de Juan Florín estaba cercano.

Navegaba, con su patente, Martín de Rentería, entre el cabo de San Vicente y la Península Itálica. En octubre de 1527, Florín se encontró con un barco de guerra de los nueve que tenía el vasco. Se entabló batalla. Hubo 37 muertos y 50 heridos de la parte española. Sin embargo, Pérez de Irizar rindió 3 galeones y tomó 150 prisioneros. Uno de ellos se identificó como Juan Florín y ofreció por su libertad 300.000 escudos.

Ante lo extraño del hecho fue trasladado a la Casa de Contratación de Sevilla. Allí se decidió llevar al preso a la corte para que el emperador decidiera su suerte. Fue delante un mensajero con el informe. Carlos V fue firme en su decisión: que fuera ejecutado allí donde se encontrara con el correo.

El azar, para desgracia de Florín, apuntó a la provincia de Avila: Puerto del Pico, sobre la calzada romana. Le dieron muerte en El Colmenar, actual villa del Mombeltrán.

El poder se defiende atacando; y los individuos aventureros que se unen a él, o luchan contra él, son como juguetes del azar, del destino: unos terminan muy bien: ¡siendo sires!; y otros muy malamente: ¡ejecutados como Florín o Bin Laden!


miércoles, 6 de mayo de 2009

Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre: Cortadura de la Culebra (*)

Pedro de la Cerda/ Eugenia Lefevre:  Cortadura de la Culebra

Ya estamos en el canal más alto, ideado por Lesseps, navegando entre riberas montañosas, en medio de una vegetación ecuatorial de palmeras de todas clases y bananeros de todos tamaños, en donde, según vemos, pululan los saurios y cocodrilso más hermosos y despiertos. Después de algunas horas -pues vamos despacio- el canal va extediéndose hasta parecer un lago, irisado de copas de árboles en una extensión grande: estamos sobre el lago Gatum. Bosques enteros están, sin duda, sumergidos en el agua; infinidad de pelícanos y otras especies nadan en estos parajes.

Entramos en la parte más importante, la que costó tantas vidas y tanto esfuerzo al hacer el canal, por su clima malsano, infestado de mosquitos, y debilitante en extremo para la raza blanca; hoy los trabajos penosos o fuertes están a cargo de los negros. Es la 'Cortadura de la Culebra' -roca inmensa de algunos kilómetros de largo por un centenar de metros de altura-, que hubo de volarse con dinamita para abrir el canal, que da acceso a las esclusas de Miraflores, ya en el Pacífico.

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Eugenia Lefevre y Pedro de la Cerda en 'Viaje universal en busca de la verdad', página 25; CIAP (Compañía Ibero-Americana de Publicaciones), Madrid, Barcelona, Buenos Aires, 1930.

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(*) Título nuestro