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martes, 19 de junio de 2012

José Mª Amigo: Los yanquis encapuchados del Ku Klux Klan


Acabo de leer 4 obras, a saber: 'Ku Klux Klan, los americanos encapuchados 1865/1965', de David M. Chalmers; 'La esclavitud en los EEUU', de Kenneth M. Stampp; 'La sombra de lo que fuimos', de Luis Sepúlveda y 'El sueño del celta', de Mario Vargas Llosa. Las dos primeras son obras de los años 60 del siglo pasado y las releo; las 2 últimas son novelas de ahora: una del 2009 y la otra de 2010.

Las dos primeras pertenecen a mi interés por la cultura y la historia del mundo negroafricano. Y son las que voy a comentar aquí y ahora brevemente.

Ku Klux Klan, los americanos encapuchados 1865/1965

Una de ellas, la primera, es la historia del Ku Klux Klan. Libro, yo diría, compuesto de dos partes (aunque los capítulos son 48): una primera, de cerca de 40 páginas, más o menos, que nos presenta lo que fue la organización racista y terrorista, cuando surgió, cuando desapareció y su renacimiento  -tras el estreno de la película 'El Nacimiento de una nación' de D. W. Griffith, film basado en la novela de Thomas Dixon The Clansman- y su actividad entre los años 1915 y 1921. Luego, la obra detalla la vida y milagros del Klan estado por estado de USA. Terminando con algunas pinceladas de los últimos coletazos y su minúscula expansión a otros países. El libro maneja numerosos datos: nombres de personas o personalidades que estuvieron vinculadas con el Klan o le fueron contrarias , acciones, bagaje ideológico, ciudades, congresos. Si alguna pega le pongo es que el primer Klan está bastante bien definido, no así el que nace de su resurgimiento. El Klan inicial se le ve venir a las claras: evitar que los trabajadores negros adquieran confianza, se fortalezcan y se liberen del miedo; es decir: fue un arma de los latifundistas para seguir dominando a esos trabajadores y cortar la unión de ellos con los blancos pobres, cosa que comenzó a cuajar al terminar la Guerra de Secesión en el periodo denominado La Reconstrución y que en la película 'Lo que el viento se llevó' -y en la novela homónima- aparece como una época negativa (se le ve la patita racista) con negros y blancos, descarados, corruptos y malencarados unidos. Sin embargo, no está claro en la obra de Chalmers este segundo brote del Klan. Porque no puedo entender que, por el hecho de estrenarse una película, pueda brotar tan fresco y potente un nuevo movimiento social esclavista tan amplio. Por los acontecimientos en los que se mete, por sus acciones, se aprecia una lucha nítida contra el movimiento obrero. Si. Pero el autor lo envuelve en la hojarasca de motivaciones ideológicas, quizás sin intención de oscurecer su línea antiobrera, sino porque está convencido de que son otros motivos los que les mueven: la defensa del 'norteamericanismo cien por cien', el privilegio de la América blanca, anglosajona, el enriquecimiento de sus dirigentes, su rechazo a judíos, católicos, y emigrantes. Ya se ve, por sus obras y por su ideología, que es un movimiento racista y clasista. Su blanco no son los ricos sino los pobres y dentro de estas los más débiles: negros y emigrantes.

Según iba releyendo la obra de David M. Chalmers me venía a la cabeza las similitudes de este movimiento con el Tea Party (de hecho una de sus Klavernas se llamaba así) de la era de Obama. Iba pensando que este Tea Party sería como una actualización o modernización de aquel Klan de las cruces llameantes y los desfiles de encapuchados. Un remozamiento de la carcundia yanqui. Pues, obviamente, no se puede presentar con el mismo bagaje ideológico, ahora, así, no en vano el poder negro es evidente -hasta el presidente Obama es de raza negra- y a nadie le pasa desapercibido que, con el presidente Bush, Condoleezza Rice, de raza negra, fue Secretaria de Estado y Colin Powell, también de origen negro, fue general en el Ejército de los Estados Unidos y Presidente del Estado Mayor Conjunto durante la Guerra del Golfo. Uno de los miembros más destacados de la administración de George W. Bush. No se puede presentar en sociedad una tal organización con una descarnada faz tan racista. Pues 'norteamericanos cien por cien' son los más arriba citados. De modo que no será lo mismo, pero recoge, creo yo, ese espíritu reaccionario que dejó el Klan en herencia para estos cavernícolas de principios del siglo XXI. Tal vez deliro, pero eso pienso.

La esclavitud en los EEUU

El segundo, 'La esclavitud en los EEUU' es una obra, casi un ensayo histórico, dividida en 10 capítulos donde se recoge, con todo detalle, el día a día de los 4.000.000 de esclavos, de sus relaciones con los amos y sobre todo de la visión de los esclavistas, del cuerpo ideológico formado en torno a la defensa de la esclavitud y de su desarme, punto por punto, por parte de señor Stampp.

En la obra se contempla, además, el comercio de esclavos, sus fluctuaciones de precios y de los lugares de aprovisionamiento, los alimentos, horario de trabajo, enfermedades, mortalidad, protestas de los trabajadores negros, sus bailes, sus cánticos, alguna rebelión como la de Nat Turner, amén de otros temas, vivienda, calzado, vestidos, uniones sexuales de blancos y negros. relación de los esclavos con la religión y las posturas de las diferentes sectas religiosas con la esclavitud y con los esclavizados.

El autor describe las haciendas como empresas donde se detalla minuciosamente las ganancias y los gastos, el haber y el debe. También se analiza y se compara, diferenciándola, con la de trabajadores libres. Así mismo se muestran sus  similitudes. Sin olvidarse de que, en sus luchas contra los abolicionistas, los esclavistas se defienden explicando su punto de vista sobre su 'institución particular' (lease esclavitud) en la que los amos y los esclavos viven una vida en armonía cada uno en su puesto, sin friciones destacables, al contrario que en la sociedad del Norte donde los obreros blancos libres continuamente amenazan a los empresarios con las huelgas.

Todo este montón de palabras, más o menos hermosas, sobre la servidumbre de los negros, lo va derribando el autor -como se lee en la contraportada del libro- 'con una objetividad absoluta, en tono suave y a ritmo pausado... mediante una técnica de citas y comentarios breves tomados de casi 150 serie de manuscritos (cartas, libros de contabilidad de las plantaciones, memorias) conservadas en una veintena de archivos y bibliotecas de diferentes ciudades de la Unión, de docenas de periódicos y revistas de la época, sin olvido de las síntesis generales, ni de las monografías particulares que los historiadores han dedicado a tema tan debatido'.

El libro comienza asi: 'Ningún otro problema social tan hondo y vergonzoso como el que la esclavitud planteó en los Estados Unidos'. Y termina este primer párrafo con las siguientes palabras: 'Siendo para el historiador artículo de fe el que la clave para comprender el presente solo se la proporcione el conocimiento del pasado, así, opino yo firmemente, que habrá de conocerse primero lo que fue la esclavitud para el negro y cuáles fueron sus reacciones, para poder llegar a comprender sus tribulaciones más recientes'. (El autor escribió la obra en 1956)

jueves, 14 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: Esclavos, negreros y piratas


MIÉRCOLES, 31 DE ENERO DE 2007

José Mª Amigo Zamorano: 'Historia de la trata de negros' y 'Piratas en el Caribe'

Patente de corso

En las fricciones entre grandes potencias, se han manejado todo tipo de armas y de individuos; de individuos -con cierto poder de convocatoria, claro está- para hostigarse mutuamente. Los Bin Laden han existido siempre. Unos terminan bien y otros muy malamente.

En el siglo XVI, siglo donde comenzó a fraguarse el Imperio Español y otros imperios, las contradicciones ínter imperialistas, impulsaron múltiples formas de acoso al enemigo, utilizando maniobras de una crueldad inaudita; maniobras, muy alejadas de la moral de andar por casa que, como individuos corrientes y molientes, nos vamos dando a lo largo de la vida.

Con el acceso de Isabel I al trono de Inglaterra cambió el rumbo de la política con respecto al Imperio Español. Si con María I había sido de amistad y colaboración, ahora predominaba el enfrentamiento. Para socavar al todopoderoso imperio “donde no se ponía el sol”, por parte del otro imperio emergente, todo valía.

Recordaré a individuos como John Hawkins, que luego desempeñó un papel importante en la derrota de la Armada Invencible; y solo de pasada a Francis Drake, del que todo el mundo ha oído hablar alguna vez en la vida.

John Hawkins conocía el mar al dedillo, igual que el árabe conoce el desierto como la palma de la mano. Su padre había sido capitán mercante que navegó por Guinea. No se necesita mucha imaginación para suponer que, en las largas noches del frío y brumoso invierno, sentados en torno a la lumbre del hogar, el padre, nostálgico, le relataría, con vivos colores, el paraíso terrenal africano incendiado por el sol: el suave movimiento de las palmeras, abrazadas por el día luminoso; los ríos, salvajes e impetuosos, atestados de cocodrilos; allí el valor para atravesarlos se medía en oro, plata, marfil de los colmillos de los elefantes que, innumerables, andaban calmosos por la sabana y otras mercaderías... los propios negros, por ejemplo, doblemente hermosos, por su musculatura y por su buen precio en los mercados.

Pero todo eso, como dicen Mannix y Cowley en su obra Historia de la trata de negros (Alianza editorial, Madrid, 1970) “estaba controlado por Portugal, apoyada por la España imperial. ¡Qué lástima que esa senda de prosperidad se hallase obstaculizada por papistas extranjeros!”

John Hawkins realizó numerosos viajes a partir de 1561. En uno de ellos llevó, como capitan de la Judith, a un joven llamado Francis Drake. En los primeros tiempos, sin ayuda oficial, contrabandeó con pieles, jengibre, azúcar... Naturalmente tenía contactos con el “enemigo interno”; por ejemplo: Pedro Ponte, uno de los gobernadores de Tenerife o Gómez Suárez de Figueroa, señor de Zafra, conde-duque de Feria, embajador de España en Londres y “el grupo judeo-converso”, con intereses en el comercio negrero, de Fregenal de la Sierra (Badajoz), pueblo natal de Benito Arias Montano (humanista que, por cierto, escribiría, en Las Navas del Marqués, el Comentario al profeta Oseas) quien por los años 50 realizó un viaje a Canarias del que nadie sabe a qué.

Luego, ya con patente de corso, John Hawkins abordó embarcaciones, cazó negros, eslavizó tribus, incendió y destruyó poblados, hostigó y intimó a las autoridades españolas cuando no podía vender a gusto. Es decir: implantó el libre comercio a fuerza de amenazas y tiros de culebrina. Y, como Francis Drake, pasó de “honrado comerciante a noble caballero”: es decir: terminó sus días siendo todo un sir, como el pirata Drake, de la Corona Británica. 

Otro personaje, de pocos años antes, apenas citado en las historias, fue Juan Florín o El Florentino (Jean Fleury) Pertenece a los albores del Imperio Español, en el reinado de Carlos I.

Durante las guerras franco-españolas(1521-26//1926-29) se sistematizó el ataque corsario al servicio del rey de Francia, Francisco I. Y este es uno de sus corsarios. Su nacimiento, unos lo ponen en Florencia (Italia) y otros en Vatteville-sur-Seine (Francia) Tras este nombre se escondía, al parecer, Giovanni Verrazano, hermano de geógrafo Verrazano al servicio del rey de la Francia. Su campo de “actuación naval” cubría un área entre las Azores, Canarias y la Península; acechaba las embarcaciones que venían cargadas de riqueza de la recién descubierta América.

El mayor triunfo fue hacia 1522: tres carabelas fletadas por Cortés que, por cierto, habían sido maldecidas por los indios, augurándoles un mal fin; llevaban el Quinto Real así como oro, plata, piedras preciosas... algunos indios y regalos para personajes ilustres de la corte. Cerca ya de la Azores, Florín arremete contra dos de ellas. La tercera huye y logra esconderse en la isla de Santa María. Esperó unos días, pero nada más hacerse a la mar, El Florentino, que estaba en acecho, logró rendirla.

En el libro, Piratas en el Caribe (Cruz Apestegui. Barcelona: Lunwerg, 2000) editado primorosamente e ilustrado con numerosos mapas, planos, fotografías, cuadros y una abundante bibliografía, dice que el botín fue enorme: “Ochenta y ocho mil castellanos en barras de oro” amén de joyas y perlas “algunas como avellanas”. El Florentino entregó los mejores tesoros al rey francés, su señor.

“Las autoridades hispanas tomaron medidas inmediatas”. Armó Carlos V una escuadra contra corsarios e, igualmente, firmó patentes de corso. Uno de sus corsarios fue el vasco Martín Pérez de Irizar (Martín de Rentaría) El fin de Juan Florín estaba cercano.

Navegaba, con su patente, Martín de Rentería, entre el cabo de San Vicente y la Península Itálica. En octubre de 1527, Florín se encontró con un barco de guerra de los nueve que tenía el vasco. Se entabló batalla. Hubo 37 muertos y 50 heridos de la parte española. Sin embargo, Pérez de Irizar rindió 3 galeones y tomó 150 prisioneros. Uno de ellos se identificó como Juan Florín y ofreció por su libertad 300.000 escudos.

Ante lo extraño del hecho fue trasladado a la Casa de Contratación de Sevilla. Allí se decidió llevar al preso a la corte para que el emperador decidiera su suerte. Fue delante un mensajero con el informe. Carlos V fue firme en su decisión: que fuera ejecutado allí donde se encontrara con el correo.

El azar, para desgracia de Florín, apuntó a la provincia de Avila: Puerto del Pico, sobre la calzada romana. Le dieron muerte en El Colmenar, actual villa del Mombeltrán.

El poder se defiende atacando; y los individuos aventureros que se unen a él, o luchan contra él, son como juguetes del azar, del destino: unos terminan muy bien: ¡siendo sires!; y otros muy malamente: ¡ejecutados como Florín o Bin Laden!