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miércoles, 20 de junio de 2012

José Mª Amigo: Grecia con el agua al cuello


Obra: Con el agua al cuello
Autor: Petros Márkaris
Tusquets Editores SA
Barcelona, diciembre de 2011

Con el agua al cuello, o con la soga, o pendientes de un hilo, o en el filo de la navaja, de los trabajadores griegos. O blandiendo sables o espadas o catanas, por venganza, decapitando cabezas. Como salida individual a la crisis. Y Kostas Jaritos, el policía griego, en medio de la crisis, desarrollando su investigación en busca del degollador. Sorteando calles cortadas, metido en embotellamientos producidos por manifestaciones de muy diversos colectivos; quienes, con el agua al cuello, o con la soga, o pendientes de un hilo, o en el filo de la navaja, están hasta los mismísimos cojones y tratan de responder a la agresión de los poderes político económicos. 

Pero sin cercenar molondras como el asesino que trae de cabeza a Jaritos, quien intenta descubrirlo para llevarlo al trullo. ¿Asesino, vengador o justiciero? que compagina el degüello con la agitación antibancaria, con la perturbación social por medio de pegatinas y anuncios en la prensa diaria. Táctica que le granjea simpatías entre el maltratado pueblo griego. Y las autoridades presionan a la policía para que obtenga pronto resultados tangibles. Los banqueros se ponen nerviosos. Azuzan a la cúpula policial -Jaritos está presente- para que descubra y aprisione al descabezador de directores de bancos y otros especímenes asesinados de similares profesiones. 

En este ambiente se desarrolla la novela de Petros Márkaris, 'Con el agua al cuello'. Novela que me recomendó el amigo Antonio Tejedor. Novela policiaca o negra o detectivesca en cuyo desarrollo vemos a un poli en su vida profesional y familiar; intercalando ambas caras para, supongo, hacérnoslo mas cercano. 

Quizás es muy exagerado, pero nos muestra, así, que los zarpazos del Capital llegan hasta sectores antes inimaginable. Al menos visto desde España. Lo veo casi subrrealistas. Y sino qué puede ser eso que contemplo, lo hemos visto todos, a los policías machacando a obreros, jubilados, estudiantes, enfermeras... sucediéndole a los apaleadores -según Petros Márkaris- similares dolores de cabeza que a los que protestan; efectivamente, por lo que se ve, en las casas de los cuerpos represivos, la situación no es muy voyante que digamos: tienen que dejar de estudiar sus hijos, por ejemplo, al no poder pagar las tasas de la universidad.

En fin, una literatura de entretenimiento, sin muchas complicaciones, prácticamente lineal, pero que nos acerca, un poco mas, al martirizado pueblo griego. Novela con algún guiño de simpatía a la rebelión, creo. Dándonos, eso si, a los españoles, una imagen de futuro que es casi presente; al que nos acercamos, como pueblo, a pasos agigantados.

Los viejos rokeros nunca mueren


En 'La sombra de lo que fuimos' la narración se apoya en un hecho cierto: el atraco de un banco de Chile por los jóvenes anarquistas Durruti y Jover. Ambos españoles; uno de ellos,Durruti, figura mítica del anarquismo ibérico y de la guerra de los años 36/39 del siglo pasado. Efectivamente, la trama comienza con el recuerdo de ese robo por parte de Nolasco, uno de los personajes de la novela. Este se ha citado en un lugar de Santiago de Chile con cuatro antiguos militantes de izquierda, derrotados por la dictadura de Pinochet, quienes, tras años de exilio y desarraigo, han regresado a su patria y ellos quieren, y él también lo desea, continuar la lucha, seguir batallando por un Chilemás justo, por un Chile libre de la explotación capitalista y libre de los influencias de los seguidores del dictador. Antes de salir de casa, Nolasco se mira en el espejo y dice:

-Soy sombra de lo que fuimos y mientras haya luz existiremos.

Frase que indica la voluntad política de seguir en la brecha a pesar de la indiferencia general y de los cambios acaecidos durante ese tiempo en Chile.

Pero en el camino al lugar de la cita muere de 'forma grotesca golpeado por el destino ciego' ya que un tocadiscos lanzado por la ventana en medio de una furiosa riña familiar le aplasta la cabeza.

Los militantes esperan. Mas como, obviamente, no llega... uno del grupo dice: '¿Qué, nos la jugamos?' Y se la juegan. Es decir: continúan con el plan trazado y lo coronan triunfalmente.
A esa victoria contribuyen una pareja de policías haciendo la vista gorda. El autor utiliza a estos miembros de cuerpos represivos, creemos, por dos motivos: uno, porque ahora se muestra, en las novelas negras, a la policía como protagonista y hasta salvadora; la otra, para mostrar el cambio sucedido en Chile, durante los años de dictadura y de democracia, tantos que hasta la policía no es la misma de aquella que se involucró en la matanza contra el pueblo.

Bueno, pues si Luis Sepúlveda lo dice...

Está escrita con el lenguaje directo, limpio, claro, crudo, de las novelas negras, también chispeante, desprejuiciado y divertido en numerosas ocasiones. A lo largo de la narración se nos muestran algunos de los errores políticos cometidos en la lucha anticapitalista, así como se desnuda, sin crueldad, el ímpetu, la inocencia y la inexperiencia de la juventud revolucionaria.

Pero, por encima de esas reflexiones es un canto a los luchadores antifascistas, entre los que figura el mismo autor de la novela. Ya antes de empezar la novelita podemos leer la siguiente dedicatoria:

'A mis compañeros y compañeras
que cayeron, se levantaron,
curaron las heridas, cuidaron la risa,
salvaron la alegría y siguieron andando.'

Nosotros saludamos este cuento de factura honesta y además divertido; así como saludamos una obra que no reniega de la lucha revolucionaria, ni echa barro sobre esos luchadores antifascistas, como hemos vistos hacer a más de un renegado, que es como si lanzaran mierda sobre ellos mismos. Y si, además, fue Premio de Primavera de Novela 2009, convocado por Espasa y Ámbito Cultural, cuyo jurado estuvo compuesto por Ana María Matute, Angel Basanta, Antonio Soler, Ramon Pernas y Ana Rosa Semprún, mejor que mejor.

martes, 19 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: La tierra sonámbula de Mía Couto


Acabamos de releer ‘Tierra sonámbula’ del escritor mozambiqueño Mía Couto. Ese escritor que, al decir de Fernando Dacosta, ‘los intelectuales europeos lo miraron, al conocerlo, con sorpresa: era un joven a pesar de tener nombre femenino (Mía), era blanco (cabello rubio, ojos claros) a pesar de ser africano’. Confusión de género que aun encontramos en Internet.

Si en su obra ‘Cronicando’ –de la que ya hemos escrito una redacción con la que no estamos muy contentos- escribía un prólogo –el referido Dacosta- titulado ‘Desinventar brújulas’ sobre la labor desbaratadora de retóricas y mistificaciones del escritor mozambiqueño, en ‘Tierra sonámbula’ su traductor, Eduardo Naval, se ve obligado a poner una ‘nota sobre la traducción’ –no sobre el escritor- para indicarnos el ímprobo trabajo y las dificultadas que ha sufrido en su labor, teniendo a veces que ‘inventar’ (y lo escribe entre comillas) el texto. Con lo cual no nos da mucha confianza en la fidelidad de su esfuerzo. Si a esto le añadimos la dudosa honestidad del mismo traductor cuando al principio de su nota dice: ‘Al parecer la presente edición es el primer libro escrito por un mozambiqueño que se traduce al español’. ‘Al parecer’… ¡qué gracia!... cuando ya hacia dos años que la editorial Txalaparta había sacado a la luz ‘Cronicando’ traducida por Bego Montorio pues… En fin… mejor nos callamos.

La novela trata de un niño y un viejo que huyendo de la guerra, de soldados y bandidos, se pierden en el paisaje de Mozambique. En su caminar tierra adentro o afuera encuentran un autobús quemado a la vera de un camino. Allí hacen su morada provisional desde donde se desplazan por los alrededores. En uno de esos paseos encuentran una maleta que contiene, entre otras cosas, unos papeles escritos donde se relata la vida y andanzas de un niño. La novela se estructura entre el acontecer diario del viejo y el niño y las partes del escrito encontrado en la maleta, alternándose consecutivamente.

El tema en realidad es Mozambique: la deriva independentista no hacia la felicidad sino a la guerra; no hacia la luz sino hacia la sombra. Una pesadilla de la que los individuos quieren salir, sortearla o alejarla mediante mil subterfugios o estratagemas. Así el viejo, que acompaña al niño, le dice, a una queja de este sobre la soledad, que mejor que por allí no pase nadie. O unos padres, que para salvar a un hijo de bandidos, lo llevan al gallinero, le ponen plumas y le enseñan el limitado y cacareado vocabulario de esas aves hasta que consiguen transformarlo en una gallina más del establo. Y ni por esas lo salvan: un día desaparece.

Así transcurre la novela entre la nebulosa del sueño y la cruda realidad: asesinatos, robos, violencias, hambres, desplazamientos, violaciones, racismo… males que ha padecido Mozambique. Sin embargo el tratamiento de los personajes es hasta tierno porque casi todos los que aparecen son los sufridores de esa situación de guerra. Los soldados, los bandidos, se los conoce por sus salvajadas, están siempre presentes en el pensamiento colectivo, pero no son sujetos de la novela. Lo que se mueve en primer lugar es el pueblo mozambiqueño, o una parte mayoritaria de él, con sus vicios y virtudes, que busca la vida como puede.

Destaca el escritor en el relato, entre otros personajes secundarios, a Surendra, un hindú al que en los primeros momentos de la independencia le queman la tienda y a un colono portugués, Romao Pinto, dueño de vidas y haciendas, quien muerto tras los primeros momentos de la liberación del yugo colonial portugués resucita para seguir influyendo en la comunidad.

Esta vuelta al mundo de los vivos del colono luso es un reflejo de que la descolonización no fue tan radical como algunos querían y los portugueses, los colonos, no todos, claro, pues algunos abandonaron la tierra africana, han seguido mandando. Algo parecido a lo que ha ocurrido en Sudáfrica en la que los blancos siguen siendo los que dirigen desde los centros económicos la vida del país ayudados, por supuesto, de una minoría de negros que se han enriquecido olvidando al pueblo. Sabemos que hay diferencias entre el proceso político seguido en una y en la otra nación. Las hay. Pero también tienen sus puntos de contacto. El imperialismo yanqui que estuvo en todos esos cambios se ha encargado de hacer tabla rasa de las divergencias: todos los pueblos africanos hundidos en la miseria.

Finalmente, decir que en ‘Tierra sonámbula’, como en ‘Cronicando’, el autor, al hilo de su trama, va creando palabras nuevas: verbalizando adjetivos, adjetivando verbos, adjetivando nombres, sustantivando verbos, juntando palabras: vagandando, sofoagonizaba, solitariarme, palabrearan, arcoarañando, perpendiculaban… Bien, sin querer ser injustos con el traductor porque, obviamente, si lo hiciéramos categóricos, los seríamos; y esto es seguro porque no conocemos el portugués apenas; sin embargo tenemos que decir que nos gustan más esas palabras creadas en ‘Cronicando’: pues parecen más naturales, más en consonancia con el texto, chocan menos.

Aunque esto, por supuesto, como los gustos: cada uno tiene el suyo. Subjetivo por tanto. Casi sobra el decirlo.

viernes, 15 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: La primera novela de José Luis Cancho


 RESEÑA DE LIBROS:

Título: EL viajero junto al mar
Autor: José Luís Cancho
Editorial: Dossoles
Ciudad: Burgos
Año: 1.999

En las cerca de 150 páginas se nos va narrando la vida de Constantino Shakuto, viejo judío griego, desde que es consciente, en un centro de enseñanza donde está interno (de quiénes sean sus padres nada sabe); sus experiencias de niño, sus amistades juveniles, los guerrilleros griegos que bajan de las montañas, su paso por la universidad (allí se entera de su origen judío y de que sus padres han sido detenidos por los nazis y se hallan presos en el penal más siniestro de Grecia), su compromiso en la lucha por la libertad contra el régimen nazi de Metaxas, su posicionamiento, y posterior compromiso, a favor de la sublevación de los comunistas en Tesalónica contra Papandreu; luego la detención, tortura y encarcelamiento: ‘una experiencia así –confiesa el protagonista- jamás lo devuelve a uno al lugar de origen en las mismas condiciones’. Palabras que es difícil no ligar a su propia peripecia vital, si bien no es una novela autobiográfica.

En la segunda parte del libro el ritmo cambia: se acelera un poco sin llegar a romper de una manera dramática con la primera. En esta parte –habría que decir que en toda la novela- los ritmos, los plazos, las palabras can cayendo ‘como vaho que se posa con la suavidad del rocío sobre la yerba’; y todo sin ocultar los fríos de algunas mañanas y sin esconder las escarchas heladas que se adhieren, a veces, a la piel de nuestros pies desnudos; sin negar la aguzada punta de las espinas, ni el doloroso mordisco, a veces letal, de las víboras que acechan por doquier; no hay –repetimos- aristas, filos, anfractuosidades –si se nos permite la palabreja- es decir: una palabra más alta que otra en toda la narración. Se nos dice que C. Shakuto, al salir de la cárcel, abandona su ciudad natal internándose en la maleza de los montes; apartándose de las gentes, caminando despacio hasta pueblos remotos o disolviéndose, junto al susurro interminable de los árboles, en la quietud, en la felicidad… Sabe que el mundo, realmente importante, es duro, áspero y salvaje y lo atraviesa como un mendigo, como un nómada sin patria. Pero el romero –no lo decimos por amante de las romerías-, el caminante, el mendigo, el nómada, como si la vida pendulara entre tierra y agua, vuelve al mar: así de Trieste, pasa a Niza, luego París, Buenos Aires; para retornar a los lugares primeros, pues en el caminar va conociendo que ‘nada es asible al hombre que no le haya sido dado desde el principio’.

Y del mundo de los susurros, de los miedos, de las imágenes confusas de la niñez, va pasando, con ritmos regulares, -con esa lentitud y suavidad que hemos mentado-, al principio, a la entraña misma: los orígenes, las casas, las higueras, las sinagogas, las plegarias melodiosas…; la tribu, en fin, que le reclama desde siempre; hasta los ojos le acechan desde un cuadro, es el arte que se hace vida, como se le encarnizan las oraciones perdidas…: la Torah le saca de sus casillas por una vez, y por una sola vez se desborda, pierde los papeles, o los encuentra; y vocea, y grita, grita casi hasta rasgarse la garganta: ‘¡yo soy judío! ¡yo también soy judío!’. Y se une a la lucha de su pueblo por el retorno a Israel: recoge fondos, redacta manifiestos… se entrega por completo. De lleno en la campaña de Exodus II le comunican la muerte de un amigo; y él, que no es creyente, ante su tumba, reza encontrando las palabras perdidas en el Kaddish –oración de los muertos- que de pronto se cargan de sentido: ‘yitgadal veyitkaddash… ' Y mientras las palabras de la oración fluyen como lágrimas, concluye: el pasado de mi pueblo al que yo me siento unido es el de la diáspora, el de las persecuciones, el de los progroms y los holocaustos, el dispersado por todo el mundo, pero con un enraizado sentimiento de unidad…

¡Cómo nos hace recordar esta conclusión un poema de nuestro amigo el poeta israelí Shelomo Avayoú, ‘Vagabundeo’!:

Soy inmigrante de los demás.
Hoy nadie logra vivir donde nació,
Muy pocos eligen donde morir.
Al parecer, haga lo que haga,
No traicionaré mi procedencia:
La inquietud y el desarraigo
Siempre serán mi hogar.
Busco y cortejo el consuelo
Siempre en territorio hostil.
Si el exilio es inevitable,
¿por qué anhelo un jardín?
Vengo del miedo, y de aquí
A él me voy. Ya no recuerdo
Donde nací, o donde muero.
Toda mi vida, toda mi vida – vagabundeo.

José Mª Amigo Zamorano
26-X-1.999
Las Navas del Marqués (Ávila)

Un bestsellerado que habla de Las Navas del Marqués


 LAS NAVAS DEL MARQUÉS EN UNA NOVELA DE SIDNEY SHELDON

Título: Las arenas del tiempo
Autor: Sidney Sheldon
Barcelona: Plaza y Janés, 1992

En "Las arenas del tiempo", el capítulo VI se titula "Las Navas del Marqués, España, 1947":

"Las Navas del Marqués... un pueblecito ... de Ávila", Dolores llevaba una "vida" "oprobiosa, y se reflejaba en Graciela" (su hija) ... Esta "iba a la escuela de la Plazoleta del Cristo, pero no tenía amigos ni compañeros de juegos".
...
"Los domingos,... se levantaba temprano y ... hasta la iglesia de San Juan Bautista donde el padre Pérez hablaba de las dichas de la vida después de la muerte,... de cuento de hadas con Jesús; y ella "sólo esperaba morir y conocer a Jesús".

"El padre Pérez era un atractivo sacerdote... Desde que llegara a Las Navas del Marqués... había ayudado" a todos...
...
Las Navas del Marqués se halla "rodeado por las sierras de Cruz Verde, y a causa de ello los inviernos duraban seis meses. El verano... llegaban turistas y... las calles cobraban vida... se reunían en la plaza de M. Delgado Barreto, con su pequeño quiosco para la orquesta ... y escuchaban la música o contemplaban ... bailar la danza folclórica tradicional que... se baila con los pies descalzos y dándose las manos...

Era tradicional el rito de elegir pareja,... Graciela anhelaba integrarse en ello, pero su madre se lo prohibía.
--¿Quieres ser una puta? -gritaba- . ¡Manténte lejos de los muchachos! Solamente quieren una casa de ti. Lo sé por experiencia -agregaba con amargura."
...
Sidney Sheldon, del que nuestra biblioteca tiene dos novelas, es un autor norteamericanos de bestseller.

Su primera novela The Naked Face fue aclamada por New York Times como "la mejor obra de misterio del año".

Todas las novelas se han convertido en películas o en series de televisión. Ha escrito guiones de 23 películas entre las que destaca Easter Parade (con Judy Garland) y Annie Gat Your Gun. Ha creado cuatro largas series de televisión, entre ellas Hart y Hart.

Importantes editoriales españolas han publicado sus obras con títulos como "El amo del juego", "El capricho de los dioses", "Cara descubierta", "Más allá de la medianoche", "Recuerdos de la medianoche", "Si hubiera un mañana" ... con éxito considerable de lectores -como la mentada, "Las arenas del tiempo", que lleva más del millón de ejemplares vendidos- y, aunque algunos exclamen, "¡lo malo abunda!", nosotros no entramos en la valía de la novela, la reseñamos por el hecho de nombrar a nuestro pueblo, sin más.

José Mª Amigo: 'Merienda de negros', título que suena mal


 José Mª Amigo: Merienda de negros, ¿racismo de Waugh?

Libro: Merienda de negros
Autor: Evelyn Waugh
Editorial: Anagrama
Barcelona, 2008

'Merienda de negros' se publicó por primera vez en la colección 'Panorama de narrativas' en 1985 y luego en 'Compactos' en 2008. El título de la edición original fue 'Black Misehlef' del año 1932. Yo la leo ahora, en febrero de 2012. Está nevando. Hace un frío que pela. Tanto, que mis manos las tengo enguantadas. En la calle me dicen que hay 7'5º bajo cero. Dentro no sé... 10 u 11º grados. Entra un fresquillo por la parte izquierda donde están los ventanales que me deja la nalga temblando. La nieve se pega a los cristales.

En fin, 'Merienda de negros' si no me ha dejado tan frío se ha acercado un tantico. La culpa es mía que no recibo este humor inglés con las venas abiertas. Se me cierran los conductos formando una barricada al gracejo de Evelyn Waugh. El hombre hace esfuerzos para llevarme hasta su sentido de las agudezas. Pero no llego a la meta. El ingenio, el gracejo, la gracia, el chiste, el humor que a mi me llega, a lo mas hondo, es aquel que sorprende provocándome tempestades de risas, vendavales de carcajadas. O brisas de ironías donde aflore la sonrisa a mis labios. Aunque sea timidamente. Sin embargo, estas salidas, estas ocurrencias del inglés, del novelista inglés llamado Evelyn Waugh son tan... tan... tan desangeladas (para mi) que me deja solo con la pura razón. Descarnado. Sin que atraviese o recorra el trayecto de la burla por todo mi cuerpo. Y lo convulsione. No. En el cerebro queda. Y de ahí no sale. La carcajada no asoma, la risa se oculta, la sonrisa no aparece. Los músculos se quedan quietos. El cuerpo no interviene. De modo que puedo decir que no me he meado de risa. El intelecto no orina. Destila puros conceptos. 

Y solo desde ahí, desde ese castillo inmaterial, desde mi coco, percibo una ácida comicidad, que si que corroe a las sociedades que pinta y a los personajes que retrata. Son sociedades y personajes de desorbitada insustancialidad. Muñecos en grotescas situaciones que, a la molondra, divierten. Como, por ejemplo, cuando una remesa de botas llega a los soldados. Soldados descalzos. Y en lugar de ponérselas se las comen. Son tropas de africanos. Por supuesto. Hay un poso, nos parece, un tanto racista. O antiafricano. O para ser mas benévolos con el autor: una visión pesimista de esa Africa que, para él, no es mas que salvajismo, barbarie y brutalidad. En lo que disiento, cordialmente. 

Si bien reconozco su maestría en el escribir, en saber transmitir esa visión abyecta de los pueblos africanos. Peor para los africanos. Y afortunadamente para ellos porque ya murió.

De Evelyn Waugh leí, y me gustó, 'Un turista en Africa' (debo de tenerlo en Santa Clara de Avedillo) Libro donde narraba -el titulo lo declara- un viaje por la parte oriental de Africa. Del Africa colonial. Posiblemente por las mismas fechas en las que ideó 'Merienda de negros'. Lo digo porque en el prefacio dice: 'Escribí 'Trapisonda africana' (título que le pusieron a una edición latinoamericana) después de haber pasado un invierno en Africa Oriental y Central'. Creo recordar que en 'Un turista en Africa' decía, al principio, mas o menos, que se iba a pasar el invierno a Africa para librarse del frío, la nieve y la niebla. ¡Qué cosas, como no me encuentro a gusto me voy de gira por ahí! Es de suponer que Waugh sería una persona acomodada... No lo sé... Deduzco esto... No conozco su biografía hasta esos detalles.

Me viene a la memoria otro libro del inglés que me citó el escritor navero Tomás García Yebra, 'Noticia bomba'. Entonces no caí en que también la tenía. Por Avedillo debe andar. Comencé a leerla y la dejé. Me aseguró, entonces, García Yebra que la novela citada era un ataque demoledor a los periodistas, o al periodismo, o ese mundo. 

No estoy seguro de que lo vaya a leer si se trata del mismo tipo de humor... De lo que si estoy convencido es de que 'Merienda de negros' le gustaría a Tomás García Yebra. Él escribe con ironía, con sorna, con chispa. Aunque el humor, el retintín del amigo Tomás tiene mas sal (para mi) que el de Waugh. No estoy comparándolos, ni haciendo un juicio de valor, ni coloco en una lista a uno por encima del otro, literariamente hablando. De hecho Waugh ya pasó a la Historia y Tomás está por ver si será acogido por ella. Por eso repito el latiguillo 'para mi'. Porque a mis entrañas le resultan más cómicas las situaciones narradas por Tomás García Yebra. A mi. Y no os apuntéis porque podéis salir perdiendo.

Para finalizar copiaré el texto de la contraportada del libro que, aunque son palabras de propaganda del editor, viene a dar una visión general del libro y contraresta así mi opinión:

"Seth, el nuevo emperador de Azania, 'tirano de los mares y licenciado en Oxford', ofrece a su antiguo condiscípulo Basil Seal -insolente, sofisticado y amoral, una perfecta garantía contra la estabilidad y el orden- el cargo de 'Ministro de la Modernización' de su africano país. A partir de ahí se emprenden las mas descabelladas innovaciones y las iniciativas mas quiméricas, prococándose un sin fin de intrigas tribales y diplomáticas que desembocan en la anarquía y el caos, y en un auténtico festín canibal.
Esta novela, que en palabras de Waugh, 'trata del conflicto entre la civilización, con sus correspondientes y deplorables perversiones, y la barbarie', es una feroz y destructiva farsa que ataca simultáneamente a los salvajes de la jungla y a los de las ciudades modernas, sin dejar títere con cabeza, y en la que abundan personajes, gloriosa e inovidablemente cómicos, como el inepto y petulante embajador inglés o las dos damas que se presentan para observar el tratamiento dado a los animales en ese país 'bárbaro'."

José Mª Amigo: Palabras en torno a una novela de Ben Okri



Amor peligroso: compromiso y responsabilidad

La verdad es que hallar algo que sobreviva con dignidad en medio de una sociedad podrida es ciertamente difícil. Difícil pero no imposible. Aun con toda la podredumbre rodeando a los seres siempre hay algo que puede salvarlos: la esperanza o la inocencia. Y de esto trata Ben Okri en su novela ‘Amor peligroso’ que publicó en España Ediciones del Cobre allá por 1998 y que acabamos de releer.

Ben Okri nació en Minna el 15 de marzo de 1959. Ben Okri es un reconocido poeta y escritor nigeriano que ha desarrollado su carrera literaria en lengua inglesa. Okri pasó sus primeros años de vida en Inglaterra para luego pasar su infancia en Nigeria. Poco después de 1976 volvió a Europa para completar sus estudios universitarios. Flowers and Shadows (1980) fue su primera novela. Al igual que en toda su producción, se puede apreciar en ella un fuerte compromiso con la situación   política de su país y de toda África. Ha ganado varios premios incluyendo el Booker en 1991 por El camino hambriento, el Commonwealth Writers Price, el Paris Review Aga Khan Prize for Fiction, el Chianti Rufino Antico Fattore International Literary Prize y el Grinzane Cavour Prize. Okri está considerado como uno de los mejores narradores africanos de la actualidad. Su estilo, entre lo maravilloso y real, está influido por el realismo mágico sudamericano, pero sin  pertenecer por completo a       dicho estilo. El mago de las estrellas (2007) es su última novela publicada hasta el momento.

Amor peligroso trata de Omovo, un joven de un gueto de Lagos, capital de Nigeria, que trabaja en una oficina de otro barrio de la capital. Y que no le gusta mucho la verdad. A él lo que en realidad le apasiona es la pintura. Desde que llega del trabajo a su calle, en el gueto, prende su pensamiento del lienzo y pinta. Pero para ir y venir del trabajo, todos los días, tiene que salvar obstáculos que, vistos desde las sociedades desarrolladas de occidente, son casi un acto sobrehumano: autobuses atestados a los que hay que subir dando codazos, sufriendo empujones, escupitajos, sudores, apretujamientos… eso… cuando se consigue subir al vehículo, que no siempre se corona esa hazaña; otras veces hay que esperar al próximo bus, con el retraso que supone la espera y arribar tarde a la empresa, lo que lleva aparejado la bronca de los jefes o los comentarios maliciosos de los compañeros de oficina.

No obstante, todos los acontecimientos del vivir cotidiano le proporcionan motivos para plasmarlos en los cuadros. Lo que le paraliza muy a menudo frente al caballete son las dudas del por qué de las cosas: de la miseria del gueto, de las gentes del barrio, de la familia, de la ciudad, de la empresa… en fin, de su país: de Nigeria, su historia, sus tradiciones, sus religiones, sus lenguas, sus guerras tribales… por lo que el resultado final del cuadro es ajeno a lo que en principio quería plasmar.

Esa lucha interior por comprender lo convierte en una isla en medio de un mar nauseabundo, putrefacto, sin que sea consciente de su singularidad; pero si siente un cierto desasosiego. Solo se halla a gusto cuando se reúne clandestinamente con su amada Ifeyiwa. Clandestinidad necesaria al estar ella casada. Ambos son islas en medio de la miseria, la vulgaridad, la violencia, la grosería, el machismo, las ratas, las basuras, las arañas, los lagartos, los chinches, el polvo… todo lo feo y asqueroso que existe en el mundo. Por eso se pierden, en cada cita, por un dédalo de callejuelas huyendo de su calle, del gueto, con la ilusión de poder hablar y amarse en libertad, ajenos a cuchicheos y miradas maliciosas.

El relato se va desenvolviendo en este ambiente, hasta que la brutalidad del marido de Ifeyiwa obliga a esta a abandonar la casa familiar dirigiéndose hasta la aldea de sus padres y, cerca de ella se baja del autobús, en contra de las recomendaciones de las mujeres que van en el vehículo, que le advierten del peligro de andar a pie, de noche, cuando hay bandas de gente armada; a  poco de andar caminando hacia su aldea, cuando ya los olores de la infancia se le metían dentro de ella y la alegría volvía a enseñorearse de todo su ser, la matan.

Casi en paralelo él es despedido de la empresa y se va del barrio a una ciudad cerca del mar a meditar, a salir de sus dudas; retornando al barrio casi como un hombre nuevo, revestido y envestido de responsabilidad y compromiso.

La narración se desenvuelve la mayor parte del tiempo en el barrio, alguna jornada en la empresa, con escapadas a una exposición de pintura, a la casa de algún amigo, al taller de un pintor, a una ceremonia de una sociedad secreta; ocupando una parte importante del libro a la amada del personaje y al marido de esta. Dicha estructura le permite al autor mostrarnos la vida colectiva del gueto, con sus olores, calores y sudores y su vida insalubre;  la corrupción en las empresas; las inquietudes de los artistas como hombres del pueblo; la opinión de los amigos sobre el pasado, presente y futuro de Nigeria; la psicología de la mujer en Ifeyiwa y el machismo y brutalidad con el marido.

Dice al final el autor, en una nota aclaratoria: “En 1981 publiqué una novela titulada The Landscapes Within. Dangerous love (Amor peligroso) tiene origen en esa novela… Yo deseaba escribir una novela que celebrara tanto los pequeños detalles de la vida cuando los grandes, tanto los interiores como los exteriores. Quería ser fiel a la vida cotidiana, pero al mismo tiempo contar una historia que mereciera la pena… Pasaron muchos años hasta que recogí la materia prima, de la cual creció esta nueva obra. Amor peligroso es fruto de una gran inquietud. Espero, por lo tanto haber liberado su espíritu”.

No sabemos si a lo que se refiere es a esa defensa del compromiso y la responsabilidad. Porque eso es lo que hemos sacado en limpio. Un compromiso y una responsabilidad de la persona para laborar por un mundo mejor, por una Nigeria sin guerras, ni corrupción, sin miserias y sin desesperanzas. No es un mensaje partidista, sino un compromiso general contra una sociedad heredada del tribalismo y del colonialismo blanco; una sociedad dividida en clases donde unos, los más, tienen poco o nada y los otros, los menos, nadan en la abundancia. Y esa responsabilidad y ese compromiso de Omovo puede ser un Amor peligroso, como el dedicado a Ifeyiwa. Y una esperanza de poder derrotar a la podredumbre.

viernes, 9 de abril de 2010

Luis Vélez de Guevara: Amigos de Coche ya en el Siglo XVII (*)


"Vuelve allí, y acompáñame a reir de aquel marido y su mujer, tan amigos de coche, que todo lo que habían de gastar en vestir, calzar y componer su casa lo han empleado en aquel que está sin caballos agora, y comen y cenan y duermen dentro dél, sin que hayan salido de su reclusión, ni aun para las necesidades corporales, en cuatro años que ha que le compraron; que están encochados, como emparedados, y ha sido tanta la costumbre de no salir dél, que los sirve el coche de conchas, como a la tortuga y al galápago, que en tarascando cualquiera dellos la cabeza fuera dél la vuelven a meter luego como quien la tiene fuera de su natural, y se resfrían y acatarran en sacando el pie, pierna o mano desta estrecha religión; y pienso que quieren ahora labrar un desván en él para ensancharse y alquilalle a otros dos vecinos tan inclinados a coche que se contentarán con vivir en el caballete dél."

(Tomado de 'El diablo cojuelo' de Luis Vélez de Guevara)

(*) Título nuestro

lunes, 2 de noviembre de 2009

Goethe: Autenticidad (*)

Fausto:

¿Es el pergamino el pozo sagrado del que un trago calma para siempre la sed? No habrás logrado refrigerio como de tu propia alma no te mane.


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Goethe, en 'Fausto'

(Acto Único, Escena Primera, Primera Parte)