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domingo, 17 de junio de 2012

Acerca del libro 'Radiografía de la Pampa'


Esta inmensa Argentina de tres millones de kilómetros cuadrados a donde se han refugiado miles y miles de españoles, italianos, judíos, alemanes… que ha producido a Evita Perón, al Che Guevara, a los ‘gorilas’, ‘montoneros’, ‘piqueteros’ y al ‘corralito’, entre otras muchas cosas, atrae como un imán y más, ahora, cuando, su máximo gobernante, parece plantarle cara a las multinacionales con el ‘buche’ a la cabeza.

Y a mi me ha atraído, personalmente, desde cuando la revistaÍndice reprodujo un párrafo, allende el tiempo de ‘mi juventud más joven’, del ensayo ‘Radiografía de la Pampa’ de Ezequiel Martínez Estrada. Recuerdo que esas líneas me produjeron una fuerte impresión. Semejante a cuando, en el Museo del Prado, vi por primera vez unas pinturas de maestros holandeses. Han pasado bastantes años y aún lo tengo grabado en la memoria: iba yo contemplando las salas de los pintores clásicos españoles Goya, Velázquez… cuando, de pronto, recibí como un golpe de luz que me… no sé cómo decirlo… hizo casi daño, daño en el sentido de que me extrañó. No me eran familiares. No que no fueran reales, sino que no eran de mi tierra, de lo que yo mamaba a diario. Comprendí, de golpe, bien joven, que cada pueblo se hace, a lo largo del tiempo y en un lugar concreto de la geografía del mundo, su propio estilo. Va creándose así mismo. Nada extraño por otra parte, pues el arte como la literatura es un reflejo de la realidad. Lo mismo que esas mujeres coloradas, bien comidas y bebidas, que aparecían en los cuadros, eran una copia de las mujeres holandesas que trajinaban por su país.

De modo que, ahora, acicateado por la actualidad política decidí, por fin, un poco tarde, leer ese libro con la intención de conocer algo Argentina y, de paso, ver el por qué de mi juvenil extrañamiento.

Llanura inmensa, la pampa desafía nuestro entendimiento. Hay que verla para creerla. Y los hielos antárticos y la altísima cordillera de los Andes, para más INRI, a los lados. La vista se pierde en la lejanía, los ojos se marean, se empequeñece y se anonada el espíritu. Solo queda aguzarlo y apoyarse en el testimonio que dan sus vestigios, las huellas del pasado en el personaje más importante: El Tiempo Inmemorial. O las reflexiones de los que participaron activamente en la construcción de su edificio, ante la imposibilidad de recorrerlo personalmente; no solo por no poder ir sino porque, aunque pudiéramos acercarnos físicamente, siempre quedarían rincones, pequeños o grandes, lugares recónditos, ciudades, veredas, microclimas,… que se nos pasarían inadvertidos. Repetimos: no en vano, son tres millones de kilómetros cuadrados. Así planteado, no hay más remedio que comenzar la andadura por lo primero, por la descripción de la tierra desnuda, lo que, en el ‘Canto general’, Neruda, el poeta chileno,‘navegante que volvió de los mares’, denominó ‘América sin nombre’. Pues eso… Argentina sin bautizar primero, luego su posesión por el hombre, su colonización y, finalmente, el intento de descubrir las caras y las aristas de la cristalización hecha durante el proceso histórico, con el objetivo de que se nos revele el alma colectiva del pueblo con sus defectos y virtudes. Sobre todo sus defectos.

Eso es, a grandes rasgos, lo que hace Martínez Estrada en su ‘Radiografía de la Pampa’. Introducirse en las páginas es como meterse en Argentina: ver desfilar, ante nuestros ojos, plantas y animales, cosas y personas; tantas y tales, que, a veces, nos extrañamos de lo que pasa y tenemos que alzar la vista y mirar alrededor, para no perdernos, ante el cambio de perspectiva: lo que antes era casi aérea, baja de pronto a ras del suelo. No es que haya descripciones así, ni nada por el estilo, da esa impresión; quizás porque, inmersos en espacios colosales, nos sorprendemos, a nosotros mismos, repentinamente, contemplando a una mujer que sale de casa dirigiéndose al trabajo; al tahúr, jugándose el poco o mucho dinero que tiene a la lotería; al rico, mandando construir una mansión enorme en medio de casas miserables o rascacielos enormes; o mirando un microcosmos de calles, casas y fachadas singulares; aquí, nos pone la carne de gallina el manejo del cuchillo y su arte del degüello; y no bien hemos dejado al guapo del barrio, con su navaja, nos damos de bruces con el compadre y el guarango; acá, nos encontramos con el jesuita que aprende guaraní para transformarse en agitador incitando a los indios a la rebelión; ahí, acudimos a la catedral, recargada de ornamentos, pura fachada que esconde los miedos bajo toneladas de pinturas, esculturas y bajorrelieves, ajenas al misticismo y la oración recogida con el dios de cada cual; allá, asoma el funcionario sin cortapisas, el militar salvapatrias haciendo de su capa un sayo, porque sí, porque le sale de los cojones; acullá, el obrero uncido a la máquina que apenas sabe manejar; o, como si de un parque jurásico se tratara, vemos a los dinosaurios pastando en la pampa; para, a continuación, dar un salto de millones de años entre rebaños de caballos y vacas, camino de los pastos o del matadero, guiados por gauchos; en fin, niños, chacareros, banqueros; comerciantes, estancieros; emigrantes, jornaleros; pobres, ricos; indios, mujeres; políticos… Todos tristes, infelices, sin fe, sin proyectos, sin pasado… solos.

‘Radiografía de la Pampa’ es uno de esos libros al parecer completos. Abarca desde la geología hasta los estados del alma. Quizás un poco repetitivo, reiterativo, circular, pero sin monotonía. Aparentemente caótico, encierra, sin embargo, una estructura con voluntad de síntesis y análisis. Y el hecho de estar dividido en 6 partes y cada parte en 3 capítulos sugiere, a algunos lectores, una construcción matemática cuya expresión literaria adquiriría la forma de una asociación de la lógica con la poesía; poesía encarnada en él mismo que es la norma, la regla y el cedazo con que criba lo ve.

Y ahí radica, creo, su debilidad como ensayo científico y su grandiosidad como ensayo literario. Efectivamente, puede que no esté uno de acuerdo con toda la explicación que da de la historia argentina; y menos con su planteamiento ideológico, un tanto irracionalista. Por algo su filósofo preferido fue Simmel. Pero eso es lo de menos cuando de una obra de literatura se trata y no de un manual de filosofía. En cambio, de su manera de escribir, de sus frases alargadas y apretadas como ‘la vegetación se aprieta en una solidaridad de rebaño abandonado’, de sus párrafos enormes, de su estilo, lleno de chispazos como el del cuchillo que ‘exige el recato del falo’, ¿qué se puede decir?… A pesar de que el idioma es el mismo: el castellano; y las palabras las mismas: las de Castilla…; algo hay, en él, que nos revela, por las formas y los engarces de los vocablos utilizados, y por las mismas palabras, que, aunque el idioma, originalmente, haya venido de España, como vino, ha adquirido ya otros valores, calores, olores… ‘maderas combustibles que se evaporan en fuego, como los ríos en aire’. Por eso choca. Choca esta inmensa y densa ‘Radiografía de la Pampa’. Junto a ‘Facundo’ y ‘Martín Fierro‘ constituye, según afirmaGregorio Weinberg, ‘uno de los libros fundacionales de la literatura argentina y latinoamericana’. No por casualidad terminó Martínez Estrada viajando a Cuba, alabando su revolución y escribiendo una biografía monumental de José Martí otro de los grandes poetas continentales.

En fin, Ezequiel Martínez Estrada, desde su ‘corralito’ argentino, fue un gallo que lanzó, en 1933, este amargo y pesimista canto al alba americana y hoy resuena en todo el mundo. Lo hemos leído con gusto y desde luego nos ha ayudado a entender un poco su más reciente historia protagonizada, sangrientamente, por ‘gorilas’ asesinando ‘montoneros’ y hasta robándoles sus hijos.


José María Amigo Zamorano es escritor y maestro.


(COPIADO DE LA PÁGINA WEB 'EL GRITO' DE LA EDITORIAL 'CELYA')

sábado, 16 de junio de 2012

José Mª Amigo Zamorano: En casas de lenocinio



Fueron Ismael y Raul los que me invitaron a que escribiera algunas reseñas de libros para el fanzine que pensaban editar, pensé ¿qué libros reseño? Porque, vamos a ver, qué puede importarle a uno lo que otro lea... Yo creo que nada. O tal vez si, pero poco. Si acaso pueden interesar aquellos libros que ayuden a comprender la realidad del mundo que nos rodea. Pero lo que es interesarse, interesarse, por algún libro de poesía o de novela o de carpintería, es un decir, que uno haya podido leer, pues nada. Sin embargo, desde el otro punto de vista, de entender lo que pasa en el mundo, tal vez, porque a veces nos va la vida en ello. Y tal y como está el mundo la vida se juega en cada esquina y hay que saberse desenvolver.

Efectivamente, vemos, en la otrora rica Argentina, a los argentinos aporrear las puertas de los bancos para que les devuelvan sus dineros, no los del vecino, ahorrados con tanto duro trabajo. No querían los banqueros devolverlo. Vemos igualmente a unos ejércitos invadir un país, como se ha demostrado, sin mas ni mas, por el solo interés de la rapiña, de coger lo que no es suyo. Morir periodistas por el simple hecho de trabajar con una cámara con el único objetivo de informarnos. O aquí, mar cerca, en Madrid, anular una elecciones porque a dos diputados les dio por cambiar de chaqueta.

Pensando en esta dirección recordé el libro de Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa; en este ensayo, magnífico por muchos puntos de vista, tiene un capítulo que trata del cuchillo “que va entre las carnes y la ropa interior; algo que pertenece al fuero privado” y que “sólo se exhibe en los momentos supremos como el insulto”. Cuchillos que han relucido en Argentina y en Irak. Cuchillos de muchas formas; de bala por ejemplo como la que mató a Couso, el camarógrafo. Por cierto que Pérez-Reverte, que antes de novelista fue periodista de guerra, escribió un librito, ya clásico, sobre este mismo asunto de los camarógrafos, cuando la guerra de Bosnia; Territorio comanche con un lenguaje agil, descarnado, desnudo de artificios, como la misma muerte.

Pérez-Reverte recordaba, hace poco, un estudio realizado por varias universidades europeas, entre ellas la de Málaga, en que atribuía al dinero negro el auge inmobiliario en la Costa del Sol; en ese mismo estudio se alertaba sobre el peligro de que grupos de mafiosos controlaran la política; y Pérez-Reverte lo mencionaba a propósito de lo ocurrido en la Asamblea de Madrid. Cosa que ya denunciara James M. Cain, el celebrado autor de 'El cartero siempre llama dos veces', en su novela “Ligeramente escarlata”, allá por los 30. Y es que del imperio USA nos ha llegado lo peor y lo mejor.

Y en otro orden de cosas, ajeno (aunque no del todo) a la política merecería leerse “Autorretrato sin retoques”, un libro de Jesús Pardo, cuyo contenido nos pilla a los curiosos naveros un poco más a mano. Por el cruzan escritores que vinieron o siguen viniendo por Las Navas: como es el caso de Eusebio García Luengo, Camilo José Cela, José García Nieto...

Insólito libro de memorias en el que el escritor maneja la pluma como un cuchillo. Y da cuchilladas a diestro y siniestro. Sin ningún respeto. Allí no se salva nadie, ni el padre del escritor.

El libro comienza en Santander y termina en Madrid pasando por Londres donde estuvo de corresponsal. Y de Madrid el literario que estaba casi reducido en la posguerra al Café Gijón.

Ya para terminar habría que decir que la pluma de Pardo como el cuchillo argentino de Radiografía de la Pampa “cercena hasta la columna vertebral, que es la proeza en el arte del degüello”; así de García Nieto, muerto hace poco, y que le dieron el premio Cervantes, poco antes de fenecer, dice: “pesaron los versos// de José García Nieto// treinta kilos, peso bruto// cuatro gramos, peso neto.” De don Eusebio García Luengo, mi amigo y abuelo de Dani, dice que era “vago mandibular” y que aunque estaba separado de su mujer la actriz Amparo Reyes iba de vez en cuando a “echarle barrocos polvos”. De Cela dice que era un “pesetero y snow como el solo”, añadiendo que Blanco Tobío lo había definido como un “Jaimito con ínfulas de Hemingway”.

Y para subrayar que Cela aparentaba ser otra cosa, escribe el diálogo que una vez tuvo con él en una casa de putas:

Cela.-¿Pero que haces tú aquí, Jesusín, yo te hacía maricón?

Pardo.-No, no lo soy, pero no lo digas por ahí.

Cela.-Vaya, te vas pareciendo a mi.

sábado, 28 de julio de 2007

Ezequiel Martínez Estrada: Títere de pies ligeros

Cuando se lleva al drama
la vida, se la niega;
y si algo se trasiega
mucho más se derrama.


E. M. Estrada