lunes, 2 de julio de 2012

Un caso muy clásico -2


(viene de la primera parte: a)
...
El pilluelo se aleja, el pilluello se pierde en dirección a la barbería y, tras torcer a la derecha, echa a correr escondiéndose en unos soportales. Espera, Acecha. Husmea. Al poco pasa el malogrado ladrón, el amago de ratero, desorientado, mirando a todas partes y maldiciendo por lo bajo. Busca al niño. Busca el medallón. Y no lo encuentra. Desespera. Mas poco tiempo después se da cuenta que el chicuelo anda en la acera de enfrente unos metros mas atrás que él. Entonces va hacia él niño. Este se para. Se apresta. Le brillan los ojos. Chispea la mirada. Bailan los ojos. Saca una navaja.

- No, por favor. No quiero hacerte nada. / - Pues váyase. / -Lo que quiero es comprarte el medallón. / -Es de oro. Del que cagó el moro. Y vale mucho. / -¿Cuanto quieres por él? / -¿Cuánto me da? / -Tu pide. / -¿Qué me ofrece? /-100 euros. / -No. / -300. / -No. / -3.000. / -¿Dice 3.000?/ -Si. / -¿Euros? / -Si. / ¿Solo eso?... Pues no.

Y así continuaron un rato, en ese vaiven de ofertas y nones. Hasta que el hombre saca la cartera y le ofrece 10.000 euros. El Gavroche ibérico, abiertos los ojos como plantos, los lengua relamiendo los labios, sin pensarlo dos veces, los mira, los coge, los cuenta, los mete en el bolso, le da la gorra y se marcha corriendo, veloz como un conejo, perdiéndose entre soportales y callejuelas.

-  ¡Imbecil! Vale casi 70.000 euros -y se rie metiéndose la gorra en el bolsillo del pantalón .
Así, con el tesoro en el bolso, ufano, hechido de gozo, mas alegre que unas castalluelas, porque sabe que son dos piezas únicas, dos, y la otra la tiene él, se dirige a su tienda de antigüedades. Antes de llegar se para, como siempre que hace un buen negocio, en el bar de sus victorias a tomarse un vino.

-  Buenos días, don Gestas. Hoy ha habido suerte, ¿no? Algún incauto habrá mordido el anzuelo .

-  Ya sabes, Dimas, que yo no engaño a nadie que no se quiera engañar. Con mi dinero pago. Gratis no me cuesta .

-  ¿Qué desea, un... vega sicilia? -ríe el camarero .

-  Con un buen rioja me conformo .

-  Hay un vino de la casa, buenísimo. Le informo . -aclara el barman.

-  ¿Qué cuesta?

-  Menos que el rioja .

-  Pues venga ese vino de la casa .

Se toma el vino. Mira a los parroquianos para informarles del sabor excelente del vino casero de Dimas, pero nadie se fija en él. Se toma otro.

-  ¡Coño! Un día es un día .

Desde su taburete del mostrador vuelve a mirar a los clientes. Cada uno anda a lo suyo, indiferentes a los vinos que toma y a sus negocios triunfantes. Lo ignoran. Les tira el desprecio dándose la vuelta en el asiento para fijarse en el bueno y socarrón de Dimas que sigue el ajetreo de su oficio de tabernero. Piensa que las buenas jugadas en las que ha invertido dinero y gana no son para proclamarlas a los cuatro vientos sino para degustarlas en soledad. De la misma manera los buenos vinos se paladean en boca particular e intransferible. Como ese vino de la casa. Que es para creer en Dios.
- Dame el tercer vino y cóbrame.

Con el alma alegre paga y se va mas ligero y leve que una brizna. Se aparta del bar que ha sido testigo de sus victorias en la milicia del comercio. Así califica su modus vivendi. Silva una canción de moda camino de su tienda.
Canción que corta en seco. Algo ocurre a la puerta de su propiedad. Corre los pocos metrosque le quedan.

-  Señor, señor, han robado el medallón -vocea desde la puerta el dependiente.

Entra en ella.

-  ¿El medallón? ¿No será como este?

Y sacando la gorra del bolsillo la pone encima del mostrador indignado, furioso y mesándose los cabellos. Con la rabia del cazador cazado.

El medallón, chapa, insignia... o lo que sea, aparece con brillos dorados, si, con el resplandor del oro, aunque hay partes de esa ¿joya? que dejan ver colores grisáceos, plomizos. El roce con el bolsillo ha desteñido el esmalte dorado. Se sienta en una silla abatido.

Superfluo será anotar -piensa Ma Galio pero lo apunta- que, el niño, cuando echó a correr con los 10.000 euros en la mano, se dirijió hacia un coche profusamente tuneado, estrombótico, reluciente, con la capota ya subida, dentro del cual estaban dos hombres: uno era el chulapón con el que se fue a la barbería y el otro ¡qué casualidad! el que puso la zancadilla a don Gestas.

¡Ah! la bocina ya no emitía aquello de: ¡A los lados, gente ociosa!

Subido el pilluelo, el automóvil partió raudo en dirección desconocida.

Declara el Comandante del Puesto, para terminar, que tantas pistas dejaron los actores del desaguisado que no les resultó dificil a la Guardia Civil encontrar a esos timadores. No a todos. Desgraciadamente. El de la zancadilla se les escurrió como un pez. Parece ser que era el organizador.

-  Mas... lo pondré entre rejas -piensa convencido nuestro particular sabueso- Que a nadie le quepa la menor duda. Terminará en chirona. O yo no me llamo Ma Galio. Y me resulta simpático y listo, el cabrón.

Ma Galio no dice que este relato lo ha sacado a partir de una palabra. óptica. Y de experiencias de su carrera. Pero es un relato y no un caso.
O: oscuro
P: pantalón
T: Tenía
I: insignia
C: caliente
A: absurda
Frase: Tenía el oscuro y cálido pantalón una insignia absurda.
.

Un caso muy clásico -1


Un caso curioso, gratificante y hasta aleccionador para el común de los mortales, fue el de ’El Cazador cazado’. Fácil de resolver en una pequeña ciudad porque dejaron numerosas pistas. Y casi irresoluble en una gran ciudad. Ma Galio, Comandante del Puesto, le resulta hasta divertido contarlo.

Después de muchos interrogatorios y averiguaciones este es el relato de lo que debió de suceder. Mas o menos.
Un día de primavera, por la mañana, hacia las 11 o 12 horas, aparece en una calle muy concurrida, un automóvil cuya bocina en vez de pitar dice:

-¡A los lados, gente ociosa!

Se apea un joven de semblante agitanado o amarroquinado o arabizado. Es decir, un indefinible chulín barriobajero, español por los cuatro costados, al que solo le falta pañuelo al cuello. Tiene barba negra de pocos día y melena larga.

Luce el tal mozo un traje llamativo que parece de elegante hechura, oscuro , cálido y ajustado pantalón y luciendo en la pernera una insignia o medallón o chapa... o lo que sea, de superficie dorada, brillante como el oro y con un grabado absurdo que llama la atención del personal que pasea por la calle a esa hora de la mañana y se arracima alelado. Un niño de unos doce o trece años, piernas sucias, gorra raida, mirada risueña y andar saltarino, se le acerca:

-Señor, señor, ¿qué significa esa chapa?

-¿Por qué lo preguntas, chavalete?

-Es que no entiendo ese dibujo de la superficie. Parece una boca.

-Es una O de oro. ¿La quieres? Te la regalo si me llevas a una barbería.

El niño condujo al personaje hasta el establecimiento que se veía al fondo de la calle.

Al rato salen, uno con el pelo cortado y el infante con la chapa puesta en la gorra. El adulto le coge la gorra cariñosamente y apuntando a la chapa o insignia o medallón... o lo que fuere, le dice:

-Si alguien te pregunta de qué es esto... le contestas así: ’De Oro. Del que cagó el moro’. Y no dejes que te lo quiten.

Las gentes observan la escena a lo lejos. El hombre se separa del niño y camina hacia el coche descapotable, estrambótico, reluciente y profusamente tuneado.

Arranca y lo pone en marcha dándole a la bocina a fin de llamar la atención y de que la gente se aparte de su trayectoria. El sonido berrea roncamente:

-¡A los lados, gente ociosa!

Y tras llegar al lugar de la barbería tuerce a la derecha perdiéndose a los ojos de los congregados. De cuando en cuando se oye el bocinazo cada vez menos nítido:

-¡A los lados, gente ociosa!

El niño se pasea orgulloso en la gorra la chapa que destella al sol de mediodía.

Los paseantes han formado grupos según sus similitudes, afinidades o porque el azar, que es muy dictador, los ha juntado así porque si y cuando pasa el niño cerca de ellos lo rodean y le preguntan interesándose por el personaje y sobre todo por la medalla o medallón o insignia o chapa... El niño se quita la gorra y les muestra el metal sin dejar que lo toquen, contestando como le ha dicho:

-Es de oro. Me lo ha dicho mi amigo.

-¿Es tu amigo? ¿Desde cuando?

-Desde hace un poco.

-El dibujo que tiene en la superficie se parece a una boca abierta.

-No. Es una O. O de oro. Del que cagó el moro. Ahora la gorra tiene oro.

El corro se ríe, el corro pierde interés, el corro le dice que se ponga la gorra. Se apartan diciendo que no vale un pimiento. La escena se repite mas o menos igual con todos los grupos de gente. Excepto en uno en el cual alguien le quita la gorra y echa a correr. Pero, ¡que casualidad!, uno de los mirones le pone la zancadilla al ladrón que cae de bruces al suelo. Desde allí tiene que soportar insultos variopintos:

-¡Chorizo, sinvergüenza, ladrón!, ¡banquero mas que banquero!

Se guarda el guardia civil, nuestro policía particular llamado Ma Galio, los de mayor calibre referidos a su madre o a la tendencia sexual del caído.

Mas, pronto olvidan al amigo de lo ajeno, al chiquillo y se disgregan. La calle torna a la animación habitual sin que la quiebre un coche tuneado, una bocina habladora, un raterillo de tres al cuarto, ni un chico con gorra condecorada.

El niño se queda, solo, presumiendo de chapa o etc,. Sus piernas sucias, sus pantalones rotos, sus ojos brillantes de pilluelo, su alegre semblante lo hacen parecerse al pordiosero de París en época de barricadas, alGavroche de Los Miserables de Victor Hugo pero oriundo de Españaque no canta elogios a los pensadores revolucionarios Voltaire, Rouseauo Diderot pero que se mueve como pez en el agua entre los indignados y en otros fregados a ver lo que pilla en algún bolsillo mas abierto de lo normal. Y siempre tarareando por lo bajo: ’Si al robo me incliné / la culpa es del PP’; ’Si vivo solo así / la culpa es de Botín’ o ’Si husmeo cual gato / la culpa fue de Rato’.

Sus ojos chispean sin perder de vista las andanzas del que quiso afanarle la gorra que, ahora, se ha retirado a la acera de enfrente y toma el sol.

(seguirá)

Los 'Ojos negros' de Sguiglia


Obra: Ojos negros;
Autor: Eduardo Sguiglia;
Ediciones Siruela, 2012;
Colección: Nuevos tiempos
Muy lejos de lo que él conoce se desarrolla la trama de esta novela. Aunque si que engarza con algo de su profesión: los criminales. La ha leído de un tirón y menos mal que el autor tiene oficio y distrae la atención con alguna pincelada fuera de la acción. Si no Ma Galio se hubiera atragantado.

El escritor, Eduardo Sguiglia, por lo que ha podido averigualMa Galio, nace en Rosario en abril de 1952 y es escritor connotado argentino. Y según dicen, regresó del exilio a principios de los años ochenta para afincarse en Buenos Aires. Es de suponer -lo supone el Comandante del Puesto- que tendría que huir de la dictadura que hubo en Argentina. Pero, vamos, que no lo sabe. Es autor, eso si lo sabe, de cuentos y novelas: Fordlandia (1997), No te fíes de mi, si el corazón te falla (1999) y Un puñado de gloria (2003) traducidas a varios idiomas. Finalistas en los concursos internacionales Dublín Literary Award y Grinzane-Cavour. Su última novela es esta que acaba de leer nuestro sabueso particular, “ Ojos Negros ”. Ha participado como miembro de jurados de narrativa en Casa de las Américas (Cuba) y enCasa del Teatro (República Dominicana). Ha tenido cargos importantes en su país, entre ellos primer embajador enAngola.

’ Ojos negos ’ comienza con cita de Pepetela: " Hasta hoy los hombres, quietos, atónitos, están a la espera de Suku-Nzambi, padre de los lundas. ¿Aprenderán algún día a vivir? ¿O eso que van haciendo: producir comida para otros, matarse por deseos infinitos, siempre a la espera de la palabra salvadora de Suku-Nzambi, será realmente la vida? ".

Invitación a la acción. Y ’ Ojos negros ’ es acción. Entra, piensa el guardia cvil, de lleno en el género negro. Negro por partida doble y hasta triple: por la trama, el continente africano y el tipo de personaje: el militante revolucionario, clandestino, que se incorpora, derrotado, a la sociedad capitalista que quiso tumbar.


Ma Galio sabe la trayectoria vital de algunos de ellos: unos dan su alma al mejor postor, otros siguen, erre que erre, con la Revolución, como su padre cuando vivía, los hay que acaban alcoholizados, sin olvidarse de los que saltan, chaqueteros, de partido en partido, como pájaros de rama en rama (y que le perdonen los pájaros); son esos caraduras, como el que mudó al partido socialista, y decía a sus antiguos camaradas, su padre entre ellos, que lo vieron en su despacho de subsecretario:

-  Aquí me veís, gobernando... con el permiso de los de siempre .

Es un ejemplo. En el lar patrio hay suficientes. Por Valencia anda uno clásico que fue de partido en partido. Ahora está en el PP haciendo de las suyas. Blasco se llama.

El derrotado izquierdista que sale en Ojos negros es el que, sin haber renegado de sus ideales, se deja llevar por la vida, y se mete, en su cauce, de hoz y coz, a trabajar en lo que le sale al paso.

-  ¡Normal! -exclama Ma Galio- de algo hay que vivir. ¿O no?

El actor principal de la novela es un argentino que acepta viajar a Africa con una misión: conseguir la firma de un tal Tony, hermano de la que lo contrata, para que ella pueda vender la casa paterna. El Congo y Angolaserá el marco donde se desarrolla la mayor parte de la acción; narración de un tirón, frenética, sin descanso; los que hay, bien dosificados -lo decía al principio- para que la tensión no atragante la lectura, los aprovecha el autor en dar una visión del pasado del personaje; en ocasiones para mostrar aspectos de la realidad africana; ejemplos: el valor de las fuentes orales, el mundo de los antepasados, la significación de las máscaras, citar a autores que escriben sobre Africa (Conrad, Mailer, Pepetela, Gordimer), la escena cómica del mono y aquí y allá pequeñas pinceladas sobre los diamantes...

Diamantes, si, porque Miguel, el protagonista, en el ajetreo que lleva su encargo, va metiéndose, poco a poco, en red de traficantes de piedras preciosas. Segura salvación a sus aprietos económicos. ’Ojos negros’ de paso muestra la corrupción en torno a esta joya, la violencia y la explotación de los mineros en trabajos agotadores en las minas de la región de Lundas.

Relatada -cree el Comandante del Puesto- con lenguaje directo, claro, preciso. Con ciertos giros argentinos cuando el diálogo lo requiere, vocablos mexicanos cuando es necesario, incluso alguna que otra frase en lenguas de esa parte parte del continente africano.

Relato circular en el que, un policía mexicano, Vargas, nada ejemplar para el sentir de Ma Galio, escucha la grabación que Miguel hace de su aventura, de modo que las postrimerias del relato enlazan con el principio. Y contiene a su término un final sorpresivo, pero previsible, valga el contrasentido.

El guardia civil repite otra vez la cita de Pepetela: " Hasta hoy los hombres, quietos, atónitos, están a la espera de Suku-Nzambi, padre de los lundas. ¿Aprenderán algún día a vivir? ¿O eso que van haciendo: producir comida para otros, matarse por deseos infinitos, siempre a la espera de la palabra salvadora de Suku-Nzambi, será realmente la vida? ".

Y si, sin lugar a dudas, es una invitación a la lucha, al combate. Eso es lo que piensa. O cuando menos un deseo de que el pueblo se ponga a la brega, que los mineros se levanten. Ya en ’ Ojos negros ’, Calús, un minero, parece mostrar ese atisbo de esperanza. Pepetela es un gran escritor africano. El autor lo cita en esta novela. Pepetela es angoleño. Blanco, para mas señas. Luchó, con las armas en la mano, contra el colonialismo portugués. Eduardo Sguiglia y Pepetela se conocen. Seguro.

-  A lo mejor... tienen ciertas concomitancias político ideológicas... que no vienen al caso literario, claro... pero me ha venido a la mente .

Y tiene que decirlo.

Fotos: arriba, portada del libro; abajo, Eduardo Sguiglia.
Leer entrevista: http://www.culturamas.es/blog/2012/05/16/entrevista-a-eduardo-sguiglia-por-ojos-negros/
http://gracianapetrone.blogspot.com.es/2010/07/eduardo-sguiglia-la-cara-oculta-de-los.html
http://www.youtube.com/watch?v=ms6P69MiGng

Ma Galio ayudado por Mos Tacho -2


(viene del 1)
...
La respuesta de Mos Tacho y sobre todo la gráfica que la moza becaria le mostró, terminó por quitarle todas las telarañas irracionales que Ma Galiohabía tejido con restos de películas, fragmentos de literatura y posos religiosos de los que no puede uno verse libre del todo metidos, como estamos, en esta civilización cristiana occidental donde, el oscurantismo y la cerrazón mental, extiende su urdimbre por toda la sociedad asfixiándole el limpio, libre y claro sentido común. Pero, despejado su cerebro de razones seudocientíficas, se ve abocado a dirigir sus investigaciones por otros derroteros.
Comienza por comunicar a sus superiores los robos acaecidos en su localidad, sorprendiéndole el hecho, verdadero y contundente, de que similares curvas gráficas se están produciendo a lo largo y ancho del país. Sin que, por el momento, se tengan ideas claras del origen de semejantes delitos. ¿Prejuicios?: muchos. ¿Certidumbre?: ninguna. De modo que la orden es seguir profundizando, con cautela y no echando campanas al vuelo de la publicidad a no ser que las verificaciones sean tan tajantes que no quepa la menor duda al respecto. Lo ordenan para no quedar, si los hechos luego no lo confirman, con el culo al aire. Y eso no conviene a una institución policial llamada Guardia Civil.


Ma Galio cuelga el teléfono, abandona el despacho y sube al piso de arriba a comer. Su esposa, Carolina, lo saluda desde la cocina. Él acude ante los pucheros y la abraza. No es como la becaria, que se le va a hacer, pero es la madre de sus hijos y la quiere; quizás, no con el ardor de su primera juventud; aunque tiene que constatar que aun se le emporra al Comandante del Puesto cuando recorre la piel de su cuerpo.

Tres días después organiza un protocolo de seguimiento de grupos de potencial peligrosidad. Sin que el hecho de comenzar por los emigrantes, como lo hizo, responda a convicciones racista y menos él que tiene en su poder datos concretos, claros, rotundos, donde se demuestra que en todo los sitios cuecen habas y aquí a calderadas. Lo hace así porque hay que proceder racionalmente e ir descartando, uno por por uno, los grupos de riesgo; y además porque, al tener pocos guardias civiles para tamaña labor, tiene que restringir, acotando, el numero a vigilar. Quiere no obstante hacerse autocrítica y se pregunta:

- ¿ Qué peso ha tenido en mi decisión el que numerosos miembros de esa comunidad se les vea siempre en la calle sin dar palo al agua ?

Bueno, no sabría calibrar la carga que ello ha tenido en su decisión. Desde luego esa subjetividad siempre tiene un tanto por ciento. Pero mínimo. Sabe, claro está, que no es inmune a esa visión de gente reunida al sol todos los días.

-  De algo tendrán que vivir. Del aire no. Seguro .

Tras unos días de seguimiento vuelven sus escuchas vacíos de información. Nada.

El segundo paso lo realizan teniendo el punto de mira en los que hayan tenido algún desliz con la justicia, tanto oriundos como extranjeros. El mismo resultado: nada.

En la tercera alerta fijan su atención entre las juventud parada o trabajando, oriunda o desplaza, sin que en este grupo se haya logrado avanzar lo mas mínimo.

Como mo hay que tirar la toalla, le queda algo por hacer que se desprendía del informe de la becaria: esperar al mes próximo. El seis se cumple el plazo y en torno a ese día apostar números, chivatos y gente conocida del cuerpo en mercadillos, puertas de bancos, cajas de ahorro, supermercados. Y esperar a que el pez muerda el anzuelo.

Por esas fechas nuestro Comandante recibe información de que están llegando a los cuarteles numerosas denuncias, venidas de toda la geografía estatal, de sustracciones, extravíos, pérdidas; noticias ¡oh, sorpresa! de cantidades muy variadas de euros; es decir: los 100 eurillos han pasado a mejor vida; aunque siguen los 100, ahora se diversifica el siseo: 50, 25, 30, 110, 150, 75...

Las autoridades manejan, y Ma Galio con ellas, la posibilidad de que estemos ante unas mafias organizadas en el menudeo: Mafia Búlgara, Albanesa, Marroquí, Colombiana... Se puede colegir, además, que utilizan metodos de guerrilla, siendo difíciles de preveer, claro está, sus golpes en tiempo y en lugar; hoy actuan aquí y a esta hora del día y mañana allá y a muy altas horas de la madrugada.

Calculando por lo bajo la suma de las cantidades que se denuncian, las cifran marean. Estos criminales se están forrando. Para ello reclutan elementos de entre los parados. Seguro.

Sin embargo a Ma Galio, hijo de obrero de almacén de vinos, eso le trae sin cuidado, lo que le apena es que se lo quiten a pobres comedores de manzanas como él (la caridad bien entendida comienza por uno mismo), o como el pueblo llano. Eso si que le afecta. Y en lo que corresponda a su poder no lo va a consentir. Ese era su pensamiento y su sentimiento.

Habían pasado ya dos días de la fecha en la que podría actuar el choricillo, cuando una señora, la misma que le había llorado el robo de sus 100 eurillos hace años, aparecía en la puerta de su despacho a quejarse de la desaparición de otros 100 eurillos; que no sabría asegurar, en este caso, si era un robo o una pérdida; y lloraba porque su marido, desde la otra vez que estuvo en el cuartelillo denunciando el robo, a día de hoy ha cambiado su situación a peor: está pàrado, recibe un seguro de desempleo mínimo y la sustracción o extravío es terrible para su susistencia.

¿Qué podía hacer el Comandante del Puesto? Nada, condolerse como la vez anterior... Mas, en un rapto de generosidad, de desprendimiento, nuestro guardia particular, sacó de su cartera 100 euros y se los dio a la mujer. Y para que no pensara que era un gesto de conmiseración, de caridad cristiana, le dijo:

-  Sé que me los devolverá, señora. Eso si, si la Guardia Civil encuentra al ratero ...
Al día siguiente Mos Tacho le llamó por teléfono:

- ¿ Ma Galio ?

-  El mismo que viste y calza. Dime Mos .

-  Creo que sé quienes son los que sustraen los euros. Aquí y en el resto de España .

-  ¡No me digas! ¡La Mafia! ¿A que si? Noticia fresca: se vende hielo .

-  Una mafia, si. Pero atiende bien lo que te digo y no me vengas con hostias: anoche escuché, como todas las noches, Radio Magnolia; me entretiene el programa ’Al habla el detective popular’; entra gente muy variopinta; anoche se puso al teléfono un vecino de aquí, que no dio su nombre claro, aunque creo que sé quien es; quería que todo el mundo se enterara que había encontrado 100 euros y lo primero que hizo fue comprar carne en la carnicería; en la charla con el locutor afirmó que estaba parado y que no tenía un euro; por lo que todos los meses salía a ver si encontraba algún dinero y si no, lo birlaba; que sabía que, como él, otros hacían lo mismo; estaba contento, en esta ocasión, porque no había tenido que robar; y así trasmitió su alegría a todo el mundo radioyente .
- ¿Quién es, cómo se llama? -pregunta Ma Galio.

-  Pero no sabes el final Ma Galio ...

-  Déjate de rollos. Contesta a mi pregunta...

-  El final es buenísimo . -prosigue Mos Tacho sin hacerle caso- El periodista le pregunta que si él, y los que salen como él por ahí, pertenecen a alguna organización mafiosa. Y el hombre dijo que si. ..

-  ¡No jodas! ¿A cual? -preguntó ávido Ma Galio.

-  A una poderosísima, a la que nada se le resiste: corrompe voluntades, asalta fincas alambradas, iglesias, palacios, traspasa fronteras, atraviesa mares y hasta invade fondos marinos con sus esqueletos. Es... la Mafia del Hambre -rió francamente Mos Tacho.

El guardia civil colgó el auricular, cabreado, dándose cuenta que su olfato, en este caso, se había perdido en un laberinto de perfumes exóticos, extravagantes, cuando el olor emanaba, penetrante, del terreno patrio.

Se avergüenza de su desorientación. Y se "alegra" (entre comillas, claro) de que su padre no sea testigo vivo: le hubiera achacado pérdida del sentido de la orientación.

-  ¡Joder Ma Galio, te estás haciendo viejo ! -exclama para sí.

Ma Galio ayudado por Mos Tacho -1


El denominado ’Caso de los 100 eurillos’, le tuvo de cabeza a nuestro sabueso particular Ma Galio tanto o mas que el caso de los ’Efluvios criminales’. Y fue uno de los mas difíciles con los que toreó el Comandante del Puesto. Incluso se puede decir con total certidumbre que allí el olfato no le funcionó como es debido. Lo que le ha cabreado durante mucho tiempo. Es lo que tienen las personas con pundonor, como lo tiene en grado superlativo nuestro guardia civil.


Cuando se aceleraron los acontecimientos recordó que, al cuartelillo, se presentó una señora a denunciar la pérdida o robo de cien euros. Cosa que no parecía tener mayor importancia. O el no se la dio. La visita sucedió hace unos tres o cuatro años. Tiene ahí los expedientes pero, para el relato del caso en si, no es necesario tanta exactitud de fechas, no es imprenscindible tal grado de puntillismo, por lo que no se levanta del asiento.


Recuerda que la señora llegó llorando a su despacho.


-  Señor sargento, me han robado cien euros. Salía del supermercado y de pronto me he dado cuenta de que no tenía la cartera. He vuelto al establecimiento y nada .


Después de condolerse con la señora y decirle que haría lo que estuviera en sus manos para descubrir al ladrón lo olvidó. Y así en numerosas ocasiones espaciadas en el tiempo y sin, al parecer, tener ninguna regularidad. Pero pocos meses atrás, volvieron a darse, caso tras caso, robos de cien euros. No de noventa y nueve u ochenta, ni ciento uno o ciento diez. Y ya comenzó a inquietarse.


Y no se le olvida que descolgó el teléfono para llamar a Mos Tacho, el detective de la agencia Magnolia. Le comenta lo de los cien eurillos, preguntándole si no tendría por allí una becaria para que le pasara a ordenador los casos de robos que se han denunciado en el cuartel; a ver si así, vistos en una gráfica, hallaba alguna relación y de esa manera pudiera tirar del ovillo. Mos le dijo que, a la sazón, estaba de prácticas una estudiante universitaria. Sin duda le desmenuzaría los datos para que pudiera deglutirlos.


- No te pases, no te pases, detective de tres al cuarto .


-  Ja ja ja. Para alla te la mando. Y ¡ojo!... ja ja ja... ten cuidado con el corazón, no sea que se te desboque .


Al poco entra en el despacho del Comandante del Puesto una moza despampanante, rubia platino, labios rojos restallantes, ojos azul caribe, risa fresca y franca y un pronunciado pechamen, que Ma Galio casi lo sintió cálido y suave. El guardia civil la compara mentalmente con su hacendosa, católica, apostólica y romana esposaCarolina y en esos momentos deseó ser un pagano.


Le explica a la universitaria lo que quería y se marchó a dar una vuelta con el coche patrulla.


En los ratos que se para pone a cavilar su cerebro acerca de los cien euros. No tenía una mente muy matemática, la verdad, para que ocultarlo y se hunde muy a menudo entre las cifras. Aunque se da cuenta, eso si, que era una cantidad redonda. Y muy cuadriculada. Se podía formar un cuadrado perfecto... ¿Cuadrado perfecto? ¿Redondez cuadrada?... Pensó por un instante, no sabe por qué, en el cuadrado negro de Malevich, Kazimir Severínovich (11 de febrero de 1878 - 15 de mayo de 1935) Pero para redondear su cuadrado tendría que pedirle permiso al ruso, y ya murió, a fin de que accediera a que, por ejemplo, unos ratones, negros por supuesto, le comieran los vértices. Que les sustrajeran las esquinas. Ya que de sustracciones se trataba. Mas entonces, pensó Ma Galio, ya no sería un cuadrado perfecto sino roido. Es decir: una mierdecilla de figura geométrica. Ma Galio entendió que, siguiendo ese conducto, no le llevaba mas que a la nada. A lo mejor era donde quería que nuestro cuadrado convergiera. Pero no estaba para filosofías... Y menos negras.


Eso de transportarle a universos oscuros no le convenía... O si. Porque veamos, reflexionó nuestro sabueso particular e intransferible:


-  Si los roedores metidos, de hoz y coz, en esa negrísima figura se han imbuido, es de suponer, de una hambre negra, siniestra, diabólica, en el reino infernal de Lucifer, se habrán zampado, exactamente, una parte de cien, sigue suponiendo, quedando reducida la cifra en 99; y como el robo, o la ratería para ser mas preciso, se realizó un 6 del mes, como así ha sido, si al 99 lo ponemos boca abajo y le unimos el 6 da como unión el 666: ¡queda desnudo Satanás !


Por ahí anduvo metido su pensamiento irracional el Comandante del Puesto: por número simbólico de matemática macabra.


-  Porque es que 100, -razona Ma Galio- como guarismo, emblemático, así, desnudo, no pertenece, que yo sepa, a la civilización cristiana occidental .


Si fuera el 7... -va atando cabos el jefe de los civiles locales- ... siete días de la semana: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo; siete notas musicales: do, re, mi, fa, sol, la, si; siete colores del arco iris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo o añil y violeta; siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza; siete mares; siete, número mágico y místico; siete sacramentos: Bautismo, confirmacion, eucaristia, penitencia, uncion de los enfermos, matrimonio y orden sacerdotal; siete Maravillas del Mundo... Pero 100...


-  Veamos: si lo divido entre 7... pues el resultado es 14’28571.28751... El periodo 28751, es puro, si, pero se arrastra hasta el infinito sin llegar a puerto, demostrando que el 100 no es cristiano, no es divino .



Su esposa Carolina, tan religiosa, le diría que huyera del 100 porque ya le demuestra el 7, bíblico, que tal cifra, al parecer redonda, en realidad tiene una cola o rabo (a la católica Carolina le gusta mas rabo) que repta como culebra sin poder llegar a la meta; es decir: el 100 es rastrero, diabólico y por ende pertenece al quiero y no puedo. Iluminando su rostro llama por su móvil a Mos Tacho y se lo explica.


- ¡ Bobadas a ojo, Ma Galio ! -responde Mos Tacho- 100 eurillos son mas que siete. Por lo tanto mas poderoso, mas divino .


Cuando regresa al cuartelillo, la rubia le espera, despampanante, labios rojos, ojos azul caribe, y pechos enhiestos, agrios, suaves, cálidos, cual limones del mar caribeño y le resume el informe:


-  Los 100 eurillos comenzaron a sustraerse hace aproximadamente 4 años. La progresión del hecho sustractivo ha sido constante. Acortándose paulatinamente en el tiempo y llegando a la estabilización actual, según nos indican las coordenadas cartesianas, abscisa y su compañera ordenada .


-  ¿Cómo se traduce ese galimatias?


-  Verá usted: ahora, los robos de los euros, se hacen cada mes; antes se hacían de tarde en tarde .


-  ¿Quieres decir que la sustraccción próxima será el mes que viene?


-  Eso al menos indica el gráfico .


-  Vale. Muchas gracias. Puede irse .


La rubia se fue del despacho retorciéndose como culebra. Y Ma Galio se quedó solo, sin hembra despampanante y por consiguiente sin sus atributos golosos femeninos.

(seguirá)

Ilustraciones de arriba abajo: 1. Cuadrado negro de Malevich; 2. Composición pictórica de Malevich; 3. Bandeja; 4. Retrato de Malevich